11/22/2006
Gracias, Milton Friedman
Arturo Damm

El jueves 16 de noviembre murió, a la edad de 94 años, uno de los economistas más importantes del siglo XX, cuyas ideas tendrán que ser llevadas a la práctica, en el siglo XXI, en países en los que, como el nuestro, el progreso económico, entendido como una mayor y mejor producción de bienes y servicios, para un mayor número de gente, sigue siendo un pendiente para millones. Me refiero a Milton Friedman, premio Nóbel de Economía 1976, uno de los principales representantes del monetarismo y de la Escuela de Chicago, economista que combinó el trabajo científico en el área de la economía con la divulgación de los principios del liberalismo clásico en el ámbito de la filosofía política, habiendo demostrado, y mostrado, que una de las condiciones del progreso económico es la libertad, comenzando por las libertades para emprender y consumir, libertad de elegir en términos friedmanianos, con todo lo que ello supone, buena parte de lo cual es ignorado por gobernantes y gobernados.

 

¿Qué tan libres somos los mexicanos en cuanto agentes económicos? Creo, habrá que comprobarlo, que la mayoría opina que en México, en el campo de la economía, somos bastante libres, lo cual no es cierto. Según el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation y el Wall Street Journal, la calificación de México en la materia, en escala de 0 a 10, es 6.5, y el lugar que ocupa nuestro país, entre 157 naciones, es el 60, posición y calificación que confirma el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute: evaluación 6.6 y lugar 60 entre 130 países.

 

En materia de libertad económica, en México, dejamos mucho que desear, razón por la cual, en materia de progreso económico, los resultados no han sido los que debieran haber sido. ¿A qué se debe? En muy buena medida a que las ideas como las de Friedman, y las de muchos otros economistas liberales (Mises, Hayek, Rothbard, por citar a tres de los más importantes), son ignoradas. El neoliberalismo, confundido con el liberalismo, no pasó de ser un pragmatismo liberalizante, que en la mayoría de los casos fue una caricatura del verdadero liberalismo, sobre todo del económico basado en la libertad para emprender y consumir, la propiedad privada sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción, y la competencia irrestricta en todos los sectores de la actividad económica, nada de lo cual es una realidad, mucho menos total y definitiva, en nuestro país.

 

Para comprender por qué afirmo, tal vez a contracorriente, que en materia de libertad en México las cosas dejan mucho que desear, recomiendo la lectura de Capitalismo y Libertad (Editorial Rialp, Madrid, 1962), y de Libertad de elegir (Editorial Grijalbo, Barcelona, 1980), ambas obras de Friedman (la segunda en colaboración con su esposa Rose), en las cuales encontramos, antes que cualquier otra cosa, sentido común, buena muestra del cual es el siguiente párrafo: “Si uno se gasta su dinero en uno mismo, uno se preocupa mucho de cuánto se gasta, así como de cómo se lo gasta; si uno se gasta su dinero en otros, uno sigue estando muy preocupado de cuánto se gasta, más no tanto en cómo se gasta; si uno se gasta el dinero de otros en uno mismo, uno no está tan preocupado de cuanto se gasta, pero sí muy preocupado de cómo se gasta. Sin embargo, si uno se gasta el dinero de otros en otros terceros, uno casi nunca se preocupa en cuánto se gasta, ni en cómo se gasta.” ¿Y quiénes se encuentran en esta última situación? Los gobernantes, los burócratas, los funcionarios públicos, los políticos, quienes gastan el dinero de otros (los contribuyentes) a favor de otros más (los beneficiarios de los programas gubernamentales).

 

Las ideas de Friedman tendrán que ser llevadas a la práctica en países en los que, como México, el progreso económico sigue siendo un pendiente que afecta a millones de seres humanos. Dicho de otra manera: hay que trascender el pragmatismo liberalizante hasta llegar a un sistema económico basado, total y definitivamente, en la libertad, la propiedad y la competencia.

 

Por lo pronto, ¡gracias Milton Friedman!

 



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