El jueves 16 de noviembre murió, a la edad de 94 años, uno
de los economistas más importantes del siglo XX, cuyas
ideas tendrán que ser llevadas a la práctica, en el siglo
XXI, en países en los que, como el nuestro, el progreso económico, entendido
como una mayor y mejor producción de bienes y servicios, para un mayor número
de gente, sigue siendo un pendiente para millones. Me refiero a Milton Friedman, premio Nóbel de Economía 1976, uno de los
principales representantes del monetarismo y de
¿Qué tan libres somos los mexicanos en cuanto agentes económicos? Creo, habrá que comprobarlo, que la mayoría
opina que en México, en el campo de la economía, somos bastante libres, lo cual
no es cierto. Según el Índice de Libertad Económica de
En materia de libertad económica, en México, dejamos mucho
que desear, razón por la cual, en materia de progreso económico, los resultados
no han sido los que debieran haber sido. ¿A qué se debe? En muy buena medida a
que las ideas como las de Friedman, y las de muchos
otros economistas liberales (Mises, Hayek, Rothbard, por citar a tres de los más importantes), son
ignoradas. El neoliberalismo, confundido con el liberalismo, no pasó de ser un
pragmatismo liberalizante, que en la mayoría de los
casos fue una caricatura del verdadero liberalismo, sobre todo del económico
basado en la libertad para emprender y consumir, la propiedad privada sobre los
ingresos, el patrimonio y los medios de producción, y la competencia
irrestricta en todos los sectores de la actividad económica, nada de lo cual es
una realidad, mucho menos total y definitiva, en nuestro país.
Para comprender por qué afirmo, tal vez a contracorriente,
que en materia de libertad en México las cosas dejan mucho que desear,
recomiendo la lectura de Capitalismo y
Libertad (Editorial Rialp, Madrid, 1962), y de Libertad de elegir (Editorial Grijalbo, Barcelona, 1980), ambas obras de Friedman (la segunda en colaboración con su esposa Rose),
en las cuales encontramos, antes que cualquier otra cosa, sentido común, buena
muestra del cual es el siguiente párrafo: “Si
uno se gasta su dinero
en uno mismo, uno se preocupa mucho de cuánto se gasta, así como de cómo se lo
gasta; si uno se gasta su dinero en otros, uno sigue estando muy preocupado de
cuánto se gasta, más no tanto en cómo se gasta; si uno se gasta el dinero de otros
en uno mismo, uno no está tan preocupado de cuanto se gasta, pero sí muy
preocupado de cómo se gasta. Sin embargo, si uno se gasta el dinero de otros en
otros terceros, uno casi nunca se preocupa en cuánto se gasta, ni en cómo se
gasta.” ¿Y quiénes se encuentran en esta última situación? Los gobernantes, los
burócratas, los funcionarios públicos, los políticos, quienes gastan el dinero
de otros (los contribuyentes) a favor de otros más (los beneficiarios de los
programas gubernamentales).
Las ideas de Friedman tendrán que ser llevadas a la práctica en países
en los que, como México, el progreso económico sigue siendo un pendiente que
afecta a millones de seres humanos. Dicho de otra manera: hay que trascender el
pragmatismo liberalizante hasta llegar a un sistema
económico basado, total y definitivamente, en la libertad, la propiedad y la
competencia.
Por lo pronto, ¡gracias Milton Friedman!