11/22/2006
Milton Friedman, ¡qué tipo!
Ricardo Medina

Un día, un buen amigo, brillante economista y alumno de Milton Friedman, me hizo el gran favor de enviarme por correo electrónico un ensayo de Deidre McCloskey en homenaje al mismo Friedman. Más allá de la anécdota, tal vez morbosa, de que Deidre era antes el profesor Donald McCloskey y un día decidió que se hallaba mejor siendo “ella” y no “él”, me impresionó profundamente otra anécdota: McCloskey siendo estudiante en la Universidad de Chicago asiste a una reunión social en la que Friedman departe amigablemente con otros colegas. Deseando llamar la atención y sorprender agradablemente a Friedman y a otros profesores, McCloskey emite una opinión contundente acerca de, recuerdo, el funcionamiento de la liga de futbol americano en los Estados Unidos. Friedman le mira fijamente y con una sonrisa le pregunta:

           

How do you know?

           

McCloskey recuerda que la pregunta le regresó de golpe a la realidad: No sabía cómo sabía lo que decía saber. En otras palabras: No sabía. Menuda lección: Aun cuando por azar demos en el blanco, intelectualmente hablando, no sabemos más que aquello que somos capaces de mostrar como una evidencia – “aquí está, velo”- o de demostrar mediante un razonamiento lógico o matemático o, mejor todavía, lógico y matemático.

 

Años atrás de esta lección, yo había recibido muchas otras, a larga distancia, de Milton Friedman. Otro amigo, que era mi jefe en el Grupo Editorial Expansión, me regaló sin mayores ceremonias un libro de Milton y Rose Friedman que se llamaba en español “La Libertad de elegir”. Era la versión impresa de los célebres programas de televisión que bajo el título de “Free to choose había hecho Friedman a principios de los años ochenta y que se difundieron a través de PBS, la cadena de televisión pública (no gubernamental) de Estados Unidos. Deben verse en http://www.newmedia.ufm.edu.gt/freetochoose/.  Más que una defensa, un llamado elocuente a favor de la libertad en la vida cotidiana. Entendí, entre otras muchas cosas, que las brillantes lecciones de Adam Smith encarnan en la figura de una señora que recorre los puestos de un mercado –libre, desde luego- buscando y encontrando la mejor combinación de calidad y precio. Nada más y nada menos.

 

Hoy, a la muerte de Friedman, encuentro estas palabras que escribió su hijo David en su weblog:

 

            “Cattle die, kindred die

            Every man is mortal:

            But the good name never dies

            Of one who has done well”

 

Que me atrevo a traducir libremente: “Las posesiones materiales –el ganado- se pierden, los familiares mueren. Cada hombre es mortal. Pero el buen nombre nunca muere para aquél que lo ha hecho bien”.

 

Un pálido indicador de lo bien que lo hizo Milton Friedman en este mundo es que esas escuetas palabras de su hijo habían recibido la noche del sábado 139 comentarios… y contando. Una marca inusitada, en sólo unas horas, para un breve inserto en una bitácora de la red (ver en http://daviddfriedman.blogspot.com/2006/11/mf.html).



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