Con la colaboración de Orlando Otero L.
Desde hace más
de siete meses, se vive en nuestro país un marco político de conflicto y
protesta. Por una parte el movimiento de
El ambiente
político nos hace rememorar épocas fatídicas y grises. Si bien no es una
situación idéntica a la crisis que se extendió a 1995, se puede notar que el nerviosismo
generalizado de la población va en aumento.
La crisis
política en Oaxaca ha dejado a su paso miles de empleos perdidos y pérdidas
millonarias a los comercios afectados por las movilizaciones de
En la ciudad
de México, las marchas y congregaciones del gobierno legítimo del señor López esboza la imagen de un energúmeno durmiente más parecido al
Leviatán de Hobbes que al movimiento civil pacífico
que pregonan los de la revolución democrática. La figura quijotesca de Andrés
Manuel López Obrador, arremete de lleno contra las instituciones y el marco
legal, cual si fueran los molinos de viento, teniendo como punta de lanza a sus
descamisados.
Diversos
teóricos de la economía política, como Robert E. Hall
y Charles I. Jones, ven en la infraestructura social
la base del crecimiento económico de las naciones. Parte fundamental de ésta son
las instituciones y el marco legal. La creencia de que éstas son fuertes motiva
la inversión, la estabilidad y el crecimiento. La creencia de que las
instituciones serán respetadas y que sus mandatos serán acatados es piedra
angular de la estabilidad política y macroeconómica de los países.
Los actos de
Al parecer
nuestras instituciones no fueron hechas de paja, o por lo menos han podido
resistir los primeros embates de la tormenta. El mercado nacional, así como el
internacional, lo reconocen. México aparentemente ha dejado atrás la época en
la que los escándalos políticos y las presiones de grupos minoritarios se
traducían en la fuga de capitales y pérdidas colosales para el sector
empresarial y asalariados, es decir para la nación en conjunto.
Nos
encontramos en un punto de quiebre en el desarrollo social y democrático de
nuestro país. Ahora toca ver si las manifestaciones y la resistencia de los
grupos de oposición seguirán siendo vistas como parte natural del proceso
democrático o si sólo nos encontramos en la falsa calma antes de que la realidad
de la tormenta nos golpee en la cara con toda su intensidad.