11/23/2006
Renovado debate sobre 1994
Manuel Suárez Mier

Dos de mis estimables lectores, que son además eruditos economistas, hicieron observaciones que mucho agradezco a mi Aquelarre Económico del pasado 16 de noviembre, en el que pretendí extraer alguna lección útil sobre la crisis del ’94 y dilucidar si nos encontrábamos hoy ante su posible repetición.

 

Me queda claro que los hechos que llevaron a la debacle de hace doce años siguen concitando un acalorado debate pues no existe un acuerdo universal entre quienes hemos analizado lo ocurrido entonces, ni en el diagnóstico de las causas ni en las medidas que pudieron evitar la catástrofe.

 

Creo, sin embargo, que es de la mayor importancia discutir de nuevo los argumentos e intentar llegar a concordancias con objeto de evitar cometer errores similares en el futuro. Uno de mis respetables críticos, escribió:

 

“…el gobierno de Carlos Salinas cometió durante 1994 varios errores (graves) de política económica. El principal consistió en cambiar deuda en pesos por Tesobonos, hasta llegar mucho más allá de lo que los inversionistas podían considerar como sostenible.”  

 

Después del atentado contra el candidato priísta Luis Donaldo Colosio, las autoridades financieras trataron, primero, de controlar la sangría de reservas internacionales para evitar una devaluación masiva del peso que hubiera ocurrido al quedarse el banco central sin dólares, adelantando nueve meses las consecuencias devastadoras que habría de tener en diciembre.

 

Quienes piensan que se podía enfrentar el abrupto cambio de expectativas con un ajuste al techo de la banda cambiaria que operaba entonces o con una depreciación calibrada del peso, se equivocan, pues la reacción del público hubiera sido exactamente la misma que tuvo más adelante: pánico, seguido de copiosas salidas de capitales alimentadas por la abundante liquidez existente.

 

Para evitar una mayor pérdida de reservas las autoridades cerraron temporalmente el mercado cambiario y montaron una amplia y exitosa campaña de información para tranquilizar a los participantes en él. Al abrirse de nuevo la ventanilla de divisas no hubo ya pérdida de reservas.

 

Complementariamente, recurrieron a colocar deuda pública en dólares, lo que ya se había hecho en ocasiones previas en las que se había evaporado la confianza, como en la víspera del debate sobre el TLCAN en Estados Unidos entre el vicepresidente Al Gore y el precandidato Ross Perot en 1993.

 

Era evidente que remplazar deuda en pesos con pasivos en dólares era riesgoso pues el balance de activos y pasivos en moneda extranjera del sector público se tornaba mucho más vulnerable. El razonamiento fue que la muerte de Colosio, al igual que el debate Gore-Perot, eran episodios con efectos pasajeros y no recurrentes, pero que los cimientos económicos del país eran sólidos.

 

Ello llevó a las autoridades a concluir que la preferencia de los inversores por los Tesobonos con réditos en dólares se revertiría pronto ante el aumento del rendimiento de los Cetes denominados en pesos, que casi se triplicó después de la muerte de Colosio, y de su reposición en la candidatura presidencial.

 

Por supuesto que hubo también consideraciones políticas. Era evidente que con elecciones presidenciales a principios de julio y la llegada de un nuevo y poco carismático candidato en el PRI, una devaluación masiva de la moneda hubiera llevado a la indudable derrota del aspirante del partido en el gobierno.

 

La tenacidad de la autoridad financiera en rechazar mover la parte superior de la banda cambiaria o acelerar su “desliz” para permitir una más rápida depreciación del peso, se sustentaba en la firme convicción que cualquier cambio en el sistema de paridad vigente desde el primer pacto para estabilizar la economía de 1987, resultaría en una devaluación masiva e incontrolable.

 

Mañana terminaré este análisis que intenta responder a los comentarios de mis amables lectores.

 



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