Continúo en mi intento iniciado
ayer, por dar respuesta a mis estimables lectores sobre algunos desencuentros
que tenemos respecto a las razones que condujeron a la terrible crisis
económica de 1994.
Con la sabiduría que nos da revisar
el pasado sabiendo lo que pasó en realidad resulta indudable que la apuesta de las
autoridades financieras ante el asesinato de Colosio
en marzo de 1994, de remplazar Cetes redimibles en
pesos con Tesobonos pagaderos en dólares, fue un
grave error.
Pero como apunté ayer, las
inminentes elecciones federales, la convicción de que no había desajustes
fundamentales de consideración y el cálculo que el asesinato era un evento
fortuito que no se repetiría, llevaron a los responsables de las finanzas al
cálculo que resultó fallido pero que no parecía irracional.
Resultó que la violencia se repitió
y el desconcierto con el que actuó el gobierno en su último año, exacerbaron un
ambiente de incertidumbre, que no hizo crisis porque había gran confianza en la
habilidad de los responsables de las finanzas nacionales.
Además, la victoria electoral incuestionable
del priísta Ernesto Zedillo, quien tenía fama de
saber de asuntos financieros, era un elemento adicional para inyectar la
creencia en los mercados financieros que no habría ajustes abruptos ni
traumáticos en la paridad, a pesar de los amagos evidentes.
Hubo otros factores que sin duda
influyeron en generar la frágil situación que culminó en crisis, como señaló
uno de mis lectores:
·
Desde mediados de 1993 se había dado un rápido crecimiento
del crédito privado en el país como resultado de favorables expectativas, una
apreciable reducción de la deuda pública (crowding-in), burbujas especulativas en los mercados de acciones y bienes
raíces y una intensa actividad de los inversionistas.
·
A su vez, las condiciones anteriores fueron posibles por la
eliminación de controles en las tasas de interés, la eliminación del encaje
legal a los bancos y la abolición de la canalización obligatoria de crédito.
·
Una privatización apresurada de los bancos que no prestó la
suficiente atención al perfil de los adquirentes y a su capacidad para
capitalizarlos apropiadamente. Hubo inclusive casos de flagrante ilegalidad que
financiaron su compra con créditos de los propios bancos adquiridos.
·
Una capacidad de detección, supervisión y control del sector
bancario que no se ajustaba al rápido crecimiento que se dio en sus carteras de
crédito.
Los elementos anteriores se
combinaron para generar una expansión del crédito que resultó impresionante. En
los seis años entre 1988 y 1994 el crédito de los bancos comerciales al sector privado
creció casi 300% en términos reales.
La pregunta pertinente es si este
crecimiento enorme del crédito bancario al sector privado era el resultado de
una expansión de medios de pago que era insostenible o simplemente la
restauración de flujos de crédito “normales” después de largos años de
represión crediticia al sector privado.
Si no hubiera habido crisis en 1994
obviamente la respuesta correcta hubiera sido la segunda, pero una vez que
sobrevino el colapso no hay duda que la gran liquidez que inundó al mercado
financiero mexicano, exacerbada por enormes flujos de capital extranjero, jugaron
un papel estelar en causar y profundizar el colapso.
La cuestión de fondo sigue siendo si
la crisis era evitable de haber accedido Ernesto Zedillo
a no hacer cambios en la secretaría de Hacienda al inicio de su gobierno para
superar la frágil situación existente, como se hizo entre marzo y noviembre de
1994 y como se le recomendó con reiteración.
Me temo que esta discusión no tiene
una respuesta categórica pues, como escribió León Tolstoy
en