Hace un par de semanas señalé en este
espacio: “Los abundantes recursos fiscales que México ha obtenido en los
últimos años gracias a los precios elevados del petróleo fueron una de las
principales causas de la ausencia de reformas estructurales para incrementar la
productividad”.
La abundancia de
“recursos naturales”, como se sabe, suele generar incentivos perniciosos. En el
caso de México, por ejemplo, esta bonanza mató el necesario sentido de urgencia
entre legisladores y partidos políticos para apoyar sin reticencias, entre
otras reformas, una reforma fiscal. Pero también desalentó cambios de fondo en
las finanzas públicas de estados y municipios, que fueron beneficiados por
cuantiosos recursos prácticamente sin costo político para los gobiernos locales.
Sin excedentes petroleros tal vez tendríamos una mejor recaudación del impuesto
predial y registros públicos de la propiedad modernos y confiables.
Pero no se trata de
una fatalidad, una especie de maldición inevitable, sino de una condición que
una acertada política pública puede evitar. Ese es el gran valor de la
experiencia noruega.
A partir de 2006 el
fondo petrolero de Noruega –creado en 1997 para el presupuesto fiscal de 1998-
se ha integrado en el “Government Pension Fund Global” formado por lo que antes se conocía como
el “National Insurance Scheme Fund” y el propio “Petroleum Fund”. El propósito del fondo global es
facilitar al gobierno los ahorros necesarios para hacer frente en los años
venideros a los crecientes gastos por pensiones públicas y apoyar una eficiente
administración de largo plazo de los ingresos petroleros.
Vale la pena resumir
los argumentos que el ministerio de Finanzas de Noruega ofreció en 1997 para
crear el fondo petrolero: Si bien los ingresos petroleros proveen a Noruega de
abundantes recursos que se traducen en superávit tanto en la cuenta corriente
como en el balance fiscal, representan también riesgos: 1. Parte de ellos no
son ingresos en un sentido ordinario dado que implican, también, un agotamiento
de la riqueza petrolera, 2. Los ingresos fiscales petroleros NO tienen el mismo
efecto de reducción del gasto en el sector privado que causan los impuestos, 3.
Muestran a lo largo del tiempo variaciones mucho más grandes que otros ingresos
fiscales, de forma que si el presupuesto público depende en gran medida de esos
ingresos se originan superávit que se esfumarían una vez que los precios
petroleros declinen, ocasionando alteraciones graves en la política económica.
La solución, pues, fue
separar los ingresos extraordinarios derivados del petróleo –aislarlos de la
economía- e invertirlos en los mercados internacionales de dinero (bonos) y de
capitales (acciones), bajo un régimen de total transparencia administrado por el
banco central. No hay transferencias corrientes del fondo al presupuesto
gubernamental.
Un ejemplo para tomar
en cuenta, ¿no?