11/28/2006
Sexenio de Fox: Oportunidades perdidas
Sergio Sarmiento

Faltan unos cuantos días para que termine el sexenio de Vicente Fox y ya algunos de los saldos resultan muy evidentes.

 

Pocos gobernantes recientes de México han empezado su sexenio con un capital político tan elevado como el primer presidente de la alternancia. En diciembre del 2000 y los primeros meses del 2001, Fox gozaba de una legitimidad y una credibilidad inusitadas en la política mexicana como consecuencia de su triunfo sobre la maquinaria del PRI. Pero por errores suyos y el rechazo de la oposición, no logró al final los acuerdos que habrían permitido avances importantes en muchos campos en que éstos eran necesarios.

 

La tasa de crecimiento en estos seis años, apenas superior al 2 por ciento anual, ha resultado claramente insatisfactoria. La creación de empleos, un poco superior al millón de empleos en seis años, es una fracción de lo que necesitaba el país.

 

Fox le echa la culpa a los partidos de oposición porque no quisieron aprobar las reformas que propuso. Pero si bien puede argumentarse que una reforma energética sí habría generado mayor inversión, la propuesta fiscal del gobierno no consideraba más que la aplicación del IVA a alimentos y medicinas; se quedaba muy corta de esa reforma de fondo que habría hecho más justo y sencillo nuestro sistema impositivo.

 

No podemos escatimar el reconocimiento de algunos logros importantes del gobierno de Fox. Los programas de construcción de vivienda fueron intensos y eficaces. Oportunidades obtuvo triunfos significativos frente a la pobreza extrema. El equilibrio de las finanzas pública redujo la inflación lo cual permitió una reducción en las tasas de interés y mantuvo la estabilidad del peso. Tanto Fox como su gobierno, por otra parte, observaron un estricto respeto a la libertad de expresión, a pesar de la lluvia de críticas feroces durante la mayor parte del sexenio.

 

Tampoco podemos soslayar los fracasos. Quizá el mayor de todos es que el presidente no supo construir acuerdos. A pesar de provenir de la oposición, edificó una presidencia arrogante que buscaba culpar de todos los problemas del país a los partidos rivales. Y así, por supuesto, era imposible establecer acuerdos con la oposición.

 

Quizá el pecado más notable de Fox se dio durante la campaña presidencial del 2006. Las campañas de autopromoción y sus constantes críticas a Andrés Manuel López Obrador le dieron a la contienda un tufo de inequidad que, al final, permitió las protestas del PRD y su desconocimiento del resultado de la elección. El propio Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación cuestionó las prácticas del presidente, si bien no las consideró suficientes para anular la elección.

 

Ningún presidente puede actuar con perfección. Los errores son inevitables para alguien que lleva el mando de una nación tan compleja y conflictiva como México. Pero hace mucho tiempo que un presidente no tenía condiciones tan positivas al iniciar su sexenio. Es por esto que debemos lamentarnos de las oportunidades perdidas en el gobierno de Fox.



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