Entramos
en la recta final del año y antes que éste termine habrá terminado el sexenio
del Presidente Vicente Fox Quezada.
Sus
días al frente del Gobierno Federal terminan en medio de una crisis
política en Oaxaca que él buscó al
temblarle la mano y no ejercer una función que todo Gobierno debe de ejercer:
utilizar la fuerza pública para hacer respetar los derechos y la libertad de
todos los ciudadanos.
Es
común escuchar voces que nos alertan acerca de que este fue un sexenio donde
prevalecieron los intereses partidistas, los amiguismos y los privilegios; que
la estabilidad económica no es suficiente y que deberíamos de pensar en
sacrificarla para crecer más. Se escucha también decir que la desigualdad no
fue tomada en serio al igual que la pobreza, y así muchas acusaciones.
Todo
en contra de un modelo económico mal llamado “neoliberal”, hay muchas personas
que creen que una economía puede tacharse de “neoliberal” aun cuando (por poner
un ejemplo) hay empresas paraestatales en la industria energética, nada más
alejado de el sentido de esa palabra que es sinónimo de crueldad e indiferencia
hacia los necesitados por parte de éstas personas que ya no saben ni lo que
quieren.
No
pretendo hacer una apología del sexenio que termina pero no creo que haya sido
de los peores entre los últimos como algunos analistas proponen y creo al mismo
tiempo que Felipe Calderón tiene la oportunidad de aprovechar lo que se hizo
bien.
Se
ataca la estabilidad económica y el combate “excesivo” a la inflación, sin
darse cuenta de que los que más sufren con el alza de precios son los que menos
tienen (son ellos los más afectados de que sus salarios no alcancen para la
misma cantidad de tortillas, frijoles, verduras, frutas etc).
Por la parte de la estabilidad son también los más afectados de que el peso se
devalúe (ya que encontrarán de igual manera bienes importados más caros) y de
que las tasas de interés aumenten (al quedar marginados de pedir créditos en
los bancos o al no poder pagar los que ya tienen).
Se
ataca al bajo crecimiento y se culpa de ello a la política fiscal, se aboga por
un mayor gasto, no se ha podido hacer entender que lo que más nos afecta es la
dependencia que tiene nuestra industria (soporte de nuestra economía) de la
industria de los Estados Unidos de América, ésta última se encuentra en un
período de desaceleración, por lo que la nuestra no puede recibir el impulso
para disparar el crecimiento. Somos una economía global nos guste o no, el peso
de las exportaciones y de las importaciones es mucho mayor que el peso del
gasto del gobierno en nuestra economía, por lo que aunque nos prometan que con
más gasto se solucionan los problemas, esto no ayudará más que a crear
ilusiones de corto plazo. El Gobierno no puede hacer mucho para superar el bajo
crecimiento por el lado del gasto.
No
se dice, por ejemplo, que las reformas estructurales son necesarias para que
dejemos de depender en forma tan marcada de lo que pasa en nuestro vecino del
norte; sin esas reformas (del estado, laboral, energética, fiscal, educativa, etc) no se puede atraer inversión y entonces no se puede
esperar que nos trepemos al tren del crecimiento sostenido.
No
estoy suponiendo que será fácil que se apliquen pero es hora de que nos
decidamos si deseamos crecer o quedarnos como estamos, si rompemos con el
pasado o seguimos manejándonos igual, es hora de construir condiciones que
hagan de esta economía una economía clavada de lleno en el siglo XXI y dejemos
de una buena vez el régimen revolucionario (que de hecho ya desapareció aunque
muchos no quieran verlo así) que aportó nada y que sólo ha logrado que los
aprovechados del mismo lo utilicen como pretexto para no dejar sus beneficios
de lado.
Las
reformas no fueron aprobadas por la falta de cooperación entre el poder
ejecutivo y el poder legislativo, pero la iniciativa ahí estuvo.
Por
otra parte el ataque a la desigualdad ignora que ésta siempre ha existido, no
es de 20 años para acá que surge, no fue creada por las reformas para adelgazar
el Gobierno y abrir la economía, al contrario, la desigualdad ha disminuido,
muy poco, pero ha disminuido.
Creo
que el sexenio fue desilusionante para aquellos que
esperaron demasiado, para aquellos que compraron el discurso de que se podía
crecer al 7% anual y que se crearían un millón de empleos anuales, nunca
preguntaron cómo, no es decepcionante si nos fijamos en el entorno en que se vivió.
No
comparto el pesimismo y la visión apocalíptica de los mismos analistas de que
el nuevo sexenio puede enfrentar una crisis terrible, es cierto que se necesita
una reforma fiscal integral (no es la única por supuesto pero es importante
para que se respire con tranquilidad, y más si tomamos en cuenta que llevamos
20 años de atraso en ella) si no se desea pasar sobresaltos, pero confío en que
se podrá lograr con un poco de astucia. Se debe garantizar la gobernabilidad y
aplicar la ley defendiendo la libertad, la seguridad y los derechos de
propiedad de las personas, con eso creo que la economía romperá candados
importantes.
Hay
mucho (y mucho es MUCHO) por hacer y no hay espacio para escribir todo,
excelentes columnistas lo han expresado (y seguirán haciéndolo) en este sitio
de forma clara y concisa, para que nos demos cuenta de que no es tan
complicado. Hay muchos enemigos del crecimiento, pero salir adelante, repito,
no es tan complicado. Estoy seguro de que la capacidad de negociar del equipo
que forma el nuevo Gobierno será la que saque adelante las ya urgentes
reformas.
Soy
optimista, prefiero creer que viene una gran oportunidad y en esta ocasión se
va a aprovechar, no se perderá más tiempo.
Es
mejor ser optimista y creer en el próximo Gobierno que tratar de entender y
apoyar la gran cantidad de contradicciones que dice un enfermo de poder como
López (iniciativas que pasarán a un Congreso al que mandó al diablo
previamente, estar contra los impuestos y perder así el rumbo ideológico de la
izquierda que dice representar, etc).
Él perdió muchas oportunidades de salir con dignidad de la
vida política, que siga con su circo; los demás, aprovecharemos esta nueva
oportunidad para por fin iniciar el camino hacia la prosperidad, para poder
empezar a formar, cada uno en lo que le toca, el México del siglo XXI.