11/29/2006
Pese a todo, optimismo
Adolfo Vázquez

Entramos en la recta final del año y antes que éste termine habrá terminado el sexenio del Presidente Vicente Fox Quezada.

 

Sus días al frente del Gobierno Federal terminan en medio de una crisis política  en Oaxaca que él buscó al temblarle la mano y no ejercer una función que todo Gobierno debe de ejercer: utilizar la fuerza pública para hacer respetar los derechos y la libertad de todos los ciudadanos.

 

Es común escuchar voces que nos alertan acerca de que este fue un sexenio donde prevalecieron los intereses partidistas, los amiguismos y los privilegios; que la estabilidad económica no es suficiente y que deberíamos de pensar en sacrificarla para crecer más. Se escucha también decir que la desigualdad no fue tomada en serio al igual que la pobreza, y así muchas acusaciones.

 

Todo en contra de un modelo económico mal llamado “neoliberal”, hay muchas personas que creen que una economía puede tacharse de “neoliberal” aun cuando (por poner un ejemplo) hay empresas paraestatales en la industria energética, nada más alejado de el sentido de esa palabra que es sinónimo de crueldad e indiferencia hacia los necesitados por parte de éstas personas que ya no saben ni lo que quieren.

 

No pretendo hacer una apología del sexenio que termina pero no creo que haya sido de los peores entre los últimos como algunos analistas proponen y creo al mismo tiempo que Felipe Calderón tiene la oportunidad de aprovechar lo que se hizo bien.

 

Se ataca la estabilidad económica y el combate “excesivo” a la inflación, sin darse cuenta de que los que más sufren con el alza de precios son los que menos tienen (son ellos los más afectados de que sus salarios no alcancen para la misma cantidad de tortillas, frijoles, verduras, frutas etc). Por la parte de la estabilidad son también los más afectados de que el peso se devalúe (ya que encontrarán de igual manera bienes importados más caros) y de que las tasas de interés aumenten (al quedar marginados de pedir créditos en los bancos o al no poder pagar los que ya tienen).

 

Se ataca al bajo crecimiento y se culpa de ello a la política fiscal, se aboga por un mayor gasto, no se ha podido hacer entender que lo que más nos afecta es la dependencia que tiene nuestra industria (soporte de nuestra economía) de la industria de los Estados Unidos de América, ésta última se encuentra en un período de desaceleración, por lo que la nuestra no puede recibir el impulso para disparar el crecimiento. Somos una economía global nos guste o no, el peso de las exportaciones y de las importaciones es mucho mayor que el peso del gasto del gobierno en nuestra economía, por lo que aunque nos prometan que con más gasto se solucionan los problemas, esto no ayudará más que a crear ilusiones de corto plazo. El Gobierno no puede hacer mucho para superar el bajo crecimiento por el lado del gasto.

 

No se dice, por ejemplo, que las reformas estructurales son necesarias para que dejemos de depender en forma tan marcada de lo que pasa en nuestro vecino del norte; sin esas reformas (del estado, laboral, energética, fiscal, educativa, etc) no se puede atraer inversión y entonces no se puede esperar que nos trepemos al tren del crecimiento sostenido.

 

No estoy suponiendo que será fácil que se apliquen pero es hora de que nos decidamos si deseamos crecer o quedarnos como estamos, si rompemos con el pasado o seguimos manejándonos igual, es hora de construir condiciones que hagan de esta economía una economía clavada de lleno en el siglo XXI y dejemos de una buena vez el régimen revolucionario (que de hecho ya desapareció aunque muchos no quieran verlo así) que aportó nada y que sólo ha logrado que los aprovechados del mismo lo utilicen como pretexto para no dejar sus beneficios de lado.

 

Las reformas no fueron aprobadas por la falta de cooperación entre el poder ejecutivo y el poder legislativo, pero la iniciativa ahí estuvo.

 

Por otra parte el ataque a la desigualdad ignora que ésta siempre ha existido, no es de 20 años para acá que surge, no fue creada por las reformas para adelgazar el Gobierno y abrir la economía, al contrario, la desigualdad ha disminuido, muy poco, pero ha disminuido.

 

Creo que el sexenio fue desilusionante para aquellos que esperaron demasiado, para aquellos que compraron el discurso de que se podía crecer al 7% anual y que se crearían un millón de empleos anuales, nunca preguntaron cómo, no es decepcionante si nos fijamos en el entorno en que se vivió.

 

No comparto el pesimismo y la visión apocalíptica de los mismos analistas de que el nuevo sexenio puede enfrentar una crisis terrible, es cierto que se necesita una reforma fiscal integral (no es la única por supuesto pero es importante para que se respire con tranquilidad, y más si tomamos en cuenta que llevamos 20 años de atraso en ella) si no se desea pasar sobresaltos, pero confío en que se podrá lograr con un poco de astucia. Se debe garantizar la gobernabilidad y aplicar la ley defendiendo la libertad, la seguridad y los derechos de propiedad de las personas, con eso creo que la economía romperá candados importantes.

 

Hay mucho (y mucho es MUCHO) por hacer y no hay espacio para escribir todo, excelentes columnistas lo han expresado (y seguirán haciéndolo) en este sitio de forma clara y concisa, para que nos demos cuenta de que no es tan complicado. Hay muchos enemigos del crecimiento, pero salir adelante, repito, no es tan complicado. Estoy seguro de que la capacidad de negociar del equipo que forma el nuevo Gobierno será la que saque adelante las ya urgentes reformas.

 

Soy optimista, prefiero creer que viene una gran oportunidad y en esta ocasión se va a aprovechar, no se perderá más tiempo.

 

Es mejor ser optimista y creer en el próximo Gobierno que tratar de entender y apoyar la gran cantidad de contradicciones que dice un enfermo de poder como López (iniciativas que pasarán a un Congreso al que mandó al diablo previamente, estar contra los impuestos y perder así el rumbo ideológico de la izquierda que dice representar, etc).

 

Él perdió muchas oportunidades de salir con dignidad de la vida política, que siga con su circo; los demás, aprovecharemos esta nueva oportunidad para por fin iniciar el camino hacia la prosperidad, para poder empezar a formar, cada uno en lo que le toca, el México del siglo XXI.



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