Tres palabras: No debes enloquecer.
No, demasiado. Mejor, sólo dos
palabras: No loco. ¿No lugar? Tú y tus latinajos. Al diablo. Una palabra:
Cordura. Sí. Cordura, que se fastidien. No te van a volver loco. No les vas a
dar ese gusto. No vas a terminar como Víctor. O como el Matanzas. Ejercicio.
Gimnasia mental. A ver, Humberto Molina Arteaga, haz una descripción. Tú eres
escritor (…) Tienes tiempo. Imagínate, veinte años. No vas a salir de aquí.
Aquí te vas a pudrir. Vas a salir en una bolsa negra. ¡Carajo,
Humberto!, otra vez. No caigas. No les hagas el juego. Describa usted, Molina,
dónde está.
Espacio: Tres, a lo sumo cuatro
metros cuadrados. Soy muy malo para calcular. No hay luz. Es lo que más jode:
La oscuridad. Sólo ese rayito que se alcanza a ver debajo de la plancha de
metal que es la puerta de este sarcófago. Ahora, por ejemplo, es de día. Hay
luz. ¿O no? Tal vez es luz eléctrica (…) A ver, Molina, no divague. Describa.
No narre. No haga juicios de valor (…)
No llores. Ahora no. Disciplina. A
ver, otra vez, Humberto Molina Arteaga: Describa. No llore. Las lágrimas son adjetivos. Peligrosos juicios de valor que te pueden
fastidiar (…) ¿Dónde estábamos?, ¿en los olores o en el espacio? (…)
Si supiesen cómo se cotiza por aquí,
en el presidio político, entre los presos de conciencia, el material de
lectura. Hasta los folletos y pasquines de Fidel sirven. Y no. No para
limpiarse la cola, como decía aquél. Para descifrar sus tropelías (…) Tú
conoces a Fidel, púdrete bicho inmundo, y sabes que adora lo barroco. Y hablar
y hablar y hablar. Durante horas. Hasta el agotamiento. Le encanta escucharse y
jamás ha podido hablar con frases cortas (…) No, Fidel es el rey de las cláusulas
subordinadas. Le embelesan.
Describa y memorice lo que describa.
Un día saldrá de aquí –o logrará sacar un papelito de contrabando con
minuciosas descripciones-, y se necesitará su testimonio para que el mundo sepa
lo que son las cárceles de ese dictador de mierda que es Fidel Castro.
¿No habíamos quedado que estaban
prohibidos los juicios de valor?, ¿cómo está eso de “dictador de mierda”?
Describa, minucioso, preciso, objetivo. Que quien lea saque sus conclusiones y
ponga los adjetivos (…) Y también le falló la disciplina en eso de “las
cárceles”. Decía Borges, ¿era Borges, no?, que la única palabra prohibida en un
acertijo cuya respuesta es “ajedrez” es precisamente la palabra “ajedrez”.
Ni modo, ya dijo cárceles.
Esdrújula. Lindas las esdrújulas. Duras y musicales a la vez. Sólidas. Y en
singular es cárcel. Palabra grave. Grave cosa esto de estar preso.
(Fragmento
de mi novela inédita: “El día que mueras habrá una gran fiesta”)