“El gobierno es esa gran ficción mediante la cual cada
quien busca vivir a expensas de los demás”.
Frédéric Bastiat
En hora
buena, la toma de protesta del ya por fortuna Presidente de los Estados Unidos
Mexicanos, Felipe Calderón. No pudieron López y sus secuaces amagar a la
institución presidencial. Buen inicio el de Calderón, que no cedió al chantaje
de López (ni al titubeo priísta) y sus fanáticos. Por el momento no se les
hizo, pero ya aparecerán después estos rijosos y vándalos para bloquear
cualquier medida de política pública que intente modernizar a la economía
mexicana. El nacionalismo estridente y barato de los fanáticos obradoristas hará que se rasguen las vestiduras ante
cualquier reforma que pretenda abrir los sectores energéticos a la inversión
privada. En esto claro, ya se les unirá el dictador Hugo Chávez (con sus
aliados guerrilleros de Oaxaca), quien ya declaró que no reconoce al gobierno calderonista. Ante los chantajes de los enemigos de México,
sólo la aplicación estricta de la ley parará en seco a estos hampones
oportunistas. Por el bien de México así debe ser o los costos para la sociedad
serán muy altos (como ya lo fueron en Oaxaca ante la vacilación de Fox para
aplicar la ley).
En cuanto
al discurso del Presidente Calderón, bueno, qué decir, siguió la misma línea de
los discursos que siguen todos los gobiernos: la insistencia de que el gasto
público es el único instrumento que sacará a los mexicanos de la pobreza.
Queremos pensar que fue parte de un discurso político que busca ganar las
voluntades de propios y extraños. Pero cuidado con la instrumentación de
políticas públicas que pongan énfasis en el gasto público intenso para reducir
la pobreza (planes como los del seguro médico universal no son buena idea -se
empalman con los del seguro universal- y pueden representar erogaciones
millonarias futuras; hay que dejar que sean los individuos los que decidan cómo
y con quien asegurarse y no un burócrata sentado desde un escritorio, que
además usas recursos ajenos para dichos propósitos). Esto está demostrado, no
funciona. Esa era la propuesta populista de López y por fortuna una buena parte
de los mexicanos no se la tragó. Para atacar la pobreza la clave es la
generación de riqueza de los particulares, nunca el gobierno y su gasto
público.
El gasto
público no funciona para reducir la pobreza por las siguientes razones: El gasto
público de los gobiernos debe su existencia al endeudamiento y a los impuestos
que se le cobran a la sociedad. En este sentido, entre más alto sea el gasto
público, mayor es el desplazamiento que sufre el gasto privado (el que
realizamos diariamente millones de familias y empresas) con lo cual el trabajo,
el ahorro y la inversión se reducen, lo que empobrece a la sociedad. Con mucha
frecuencia se olvida que el gasto público es resultado ya de haberle reducido
el excedente a los consumidores (por los impuestos) para supuestamente
acrecentar el excedente de otros. Esto casi nunca funciona primero, porque los recursos que gasta el gobierno no le
pertenecen, se los ha quitado al contribuyente, lo que hace que los incentivos
para gastar de manera eficiente sean reducidos o inexistentes. Segundo, y
relacionado con lo primero, al involucrarse el gobierno en actividades
económicas en donde tiene menores ventajas
comparativas que los particulares, y al manejar recursos que no son
propios (sino del contribuyente) y, por supuesto, al no enfrentar la
competencia, en el marco de una deficiente rendición de cuentas, hacen que su
gasto sea proclive al desperdicio. Pero no acaba aquí el asunto. Este
desperdicio de recursos fiscales genera incentivos para que surjan grupos de
interés que quieran recibir “favores y protección” del gobierno en aras de
menor competencia y menor actividad económica. Al final los beneficiados del
gasto público no son ni remotamente los más pobres, sino toda una clase de
burocracia parasitaria que surge para
“administrar” el dinero que supuestamente va a los pobres, en contubernio con
grupos empresariales que buscan ganancias, subsidios, y protección comercial,
todo a costa de las costillas de millones de consumidores y contribuyentes.
Todo esto empobrece, nunca enriquece a las sociedades.
Por otro
lado, hay evidencia contundente de que entre mayor es el gasto público
(respecto al PIB), menor es el crecimiento económico, pues mayor es el monto de
impuestos requeridos y extraídos de las empresas y las familias para sostener
los niveles crecientes de gasto público de los gobiernos. Al final, los pobres
no se reducen sino que aumentan.
Definitivamente,
soltar el gasto público es la vía fácil, de rentabilidad política, pero de
empobrecimiento económico de millones y enriquecimiento de unos cuantos
buscadores de rentas.
Una parte
del discurso calderonista, sí estuvo interesante y
nos parece, salió del estándar de los rollos políticos. Fue lo referente a que
es urgente el reestablecer el estado de derecho y una austeridad mayor en el
gobierno. Fox no pudo con esto, y es más, en su sexenio se crearon y/o
consolidaron otras instancias burocráticas innecesarias; asimismo, la
aplicación de la ley dejó mucho que desear. En este lado hay que tomarle literalmente
la palabra al Presidente Calderón. Por un lado, es urgente la aplicación de la
ley a los matones y salvajes. En segundo, la austeridad del gobierno no debe
circunscribirse a medidas como reducir el salario de los funcionarios (esto es
más demagogia) pues en términos de ahorro fiscal esto es ínfimo. La verdadera
austeridad fiscal se lograría eliminando varias de las dependencias
burocráticas parasitarias que sólo chupan recursos del contribuyente. Mucho
ganaría el gobierno (o mejor dicho los contribuyentes) si se eliminaran las
gigantescas transferencias fiscales para ofrecer, salud, educación superior
gratuita, electricidad, petróleo, agua, gas, estaciones de radio y televisión,
agencias de noticias, promoción cultural y deportiva, subsidios agrícolas,
banca de desarrollo, defensoría de indígenas y mujeres, etc., etc.
Mucho
ganará el gobierno Calderonista si diseña un gobierno
que no invada (o que invada menos, ya de perdis) la esfera de lo privado, como
los bienes arriba mencionados, que, está probado, los particulares producen de
manera más eficiente.
¿Quiere decir esto que el gobierno no puede hacer nada útil con el gasto
público? Para nada. La evidencia internacional también es contundente. Si el
gasto público se orienta más a infraestructura (ojo, porque aquí también el
sector privado juega un papel fundamental), pero sobre todo, a bienes donde es
difícil que los particulares entren a producir como la protección de los
derechos de propiedad, la vigilancia del respeto a los contratos, un sistema
judicial eficiente, un régimen monetario estable y un sistema de defensa
nacional eficiente (el crimen organizado y la guerrilla amerita este gasto),
entonces, ahí sí, mucho se ganará en materia de reducción de la pobreza.
Bien a
secas, el inicio del Presidente Calderón, pero será necesario que no olvide que
gasto público desbocado sólo
significa gobierno y compadres ricos y pueblo pobre. Si lo olvida, aquí se lo
recordaremos.