Apenas se acaba de sentar Felipe Calderón en el asiento de
conducir al país cuando ya empezó a recibir consejos de los pasajeros que, por
supuesto, creen saber manejar mejor. Me refiero concretamente al artículo de Jorge Castañeda publicado ayer en Los Angeles Times.
Su texto tiene algunas
recomendaciones sólidas pero la mayoría me parecen típicas de quien se ha
caracterizado por la frivolidad tanto en su desempeño como canciller del
gobierno anterior como en su discordante actividad política que lo ha llevado
de un extremo al otro del espectro ideológico.
Veamos sus comentarios:
·
En refiriéndose a la ceremonia de Toma de Protesta en el
Congreso, alude a “…la amarga y resentida (actitud) de (los legisladores) del
PRI silenciosamente deseando y conspirando que fracasara el nuevo Presidente.”
Yo creo que vimos ceremonias distintas porque los priístas, primero, se
presentaron en
Aquí evidencia Castañeda
su obsesión y rencor al PRI, que seguramente ayudó a transmitirle al Presidente Fox y que fue uno de los
ingredientes que llevaron al fracaso en conseguir acuerdos para la aprobación
de sus reformas más importantes.
·
Critica al Presidente Calderón por no integrar un gabinete
de coalición con otras fuerzas políticas como si ese solo hecho aportara algo
positivo a la construcción de coaliciones con legisladores de la oposición. Lo
que evitó Calderón, fue cometer el mismo error que su antecesor e integrar un
gabinete surrealista que nunca jaló parejo.
·
Las alabanzas que le merece el desempeño macroeconómico del
gobierno previo, que comparto plenamente, soslayan reconocer que fue un éxito
del secretario de Hacienda Francisco Gil
Díaz, quien por cierto no fue la primera persona en la que pensó Fox para
el puesto, y a quien Castañeda intrigó y trató de perjudicar.
·
Aplaude a Fox “por no haber recurrido a la sangrienta
represión…de sus predecesores” ilustrando de nuevo esa lamentable confusión,
conocida como el síndrome del ’68, entre aplicar la fuerza en forma legítima
para hacer cumplir la ley, a lo que está obligado cualquier gobierno serio, con
el uso de la represión.
·
Alude en forma incoherente a la debacle de Oaxaca afirmando
que es un problema “más insoluble” que sólo echarle la culpa a Fox, sin
reconocer que el ex-jefe que abandonó a medio camino es por lo menos uno de los
directamente responsables.
·
Afirma que conflictos como el de Oaxaca se deben a que el
sistema corporativista, con sus monopolios públicos, privados, sindicales y políticos,
ideado por el PRI no ha sido derribado. Independientemente que Castañeda
muestra su ignorancia de lo que es un monopolio, al afirmar que lo son empresas
como Bimbo y Banamex/Bancomer
(citados como si fueran un duopolio), evidencia su
egocentrismo cuando sugiere que el sistema político frena una auténtica
competencia ¡porque le impidió a él contender por la presidencia!
·
A continuación critica a los sindicatos, incluido el de
trabajadores de la educación. ¿Se le habrá olvidado del apoyo que le dio Elba Esther Gordillo en sus aventuras
políticas?
No podía Castañeda dejar de echarle
flores a la política exterior que el forjó, como si haber puesto el tema
migratorio en la agenda representara un gran éxito cuando, como hemos visto,
fue un completo fracaso en el que ni él ni Fox llegaron a probar la enchilada
que exigía se le sirviera completa.
Menos mal que el único daño que
puede hacer ahora Castañeda con sus lecciones se limita a sus estudiantes de