12/8/2006
El Presupuesto: ¿La panacea?
Arturo Damm

La, entre ansiedad y curiosidad, con la que muchos, desde los presupuestívoros hasta los comentaristas, esperan, año tras año, el Presupuesto de Egresos de la Federación, muestra la creencia, falsa, de que del gasto del gobierno depende más, mucho más, de lo que realmente depende, y para entender esta afirmación hagámonos la siguiente pregunta: para la mayoría de los mexicanos, ¿qué porcentaje de su bienestar material depende del gasto gubernamental? No conozco la respuesta, y no sé si existen estudios que respondan la pregunta (deberían de existir si realmente queremos que el gobierno gaste de la mejor manera posible), pero estoy seguro que la respuesta, en la mayoría de los casos, es “bajo”, sobre todo ante la realidad innegable de que el gobierno deja mucho que desear en materia de garantizar la seguridad contra la delincuencia e impartir justicia, sus tareas “naturales”.

 

Para la mayoría de nosotros el nivel de bienestar material depende de los ingresos que generamos y de la porción que nos queda una vez que pagamos impuestos, no del gasto gubernamental, mucho menos, insisto, cuando la seguridad contra la delincuencia, así como la impartición de justicia, dejan mucho que desear, seguridad y justicia que son las dos principales aportaciones que el gobierno debe hacer al bienestar de los gobernados. De hecho son las dos únicas tareas a las que ningún gobierno puede renunciar sin dejar de serlo, por más que siga haciendo todo lo demás, desde extraer petróleo hasta educar a la gente, pasando por la promoción de la cultura y el apoyo al deporte, y un largo etcétera que ha dado como resultado el tener al gobierno metido hasta la cocina.

 

¿Cuál es el origen de la creencia en las bondades del gasto gubernamental, sobre todo más allá de la seguridad y la justicia? ¿El lavado de cerebro para que, al creer que, si no todo, buena parte del bienestar de la gente depende de cómo, cuánto y cómo gasta el gobierno, los contribuyentes no rezonguemos a la hora de pagar impuestos? ¿La ilusión de que el gobernante gasta mejor que el gobernado?, ilusión que, llevada hasta su última consecuencia, supondría que el gobierno debería de gastar todo el ingreso generado por los gobernados. ¿El convencimiento de que sin el gasto del gobierno los pobres no saldrían de pobres? ¿Cuántos pobres han salido de pobres por obra y gracia del gasto gubernamental?

 

Peso por peso, ¿a quiénes, y en qué proporción, beneficia el presupuesto del gobierno? Si el gasto del gobierno cumple con todas las bondades que le atribuyen los gubernamentólatras, ¿por qué, ante presupuestos multimillonarios, de hecho billonarios, seguimos como seguimos, y cada sexenio es el mismo discurso, sobre todo en lo relacionado con la pobreza? Lo que el pasado 1 de diciembre dijo Calderón al respecto es, en esencia, lo mismo que han dicho quienes lo antecedieron en la presidencia: millones de mexicanos sobreviven en la pobreza, ¡pero ahora sí...! ¿Será?


Por lo pronto, ya tenemos una propuesta de presupuesto de egresos para el 2007 y la pregunta es si, dentro de un año, gracias a ese gasto multimillonario, habrá más mexicanos con mejores condiciones de bienestar material, sobre todo tomando en cuenta que buena parte del gasto gubernamental es redistributivo, por lo cual el gobierno le quita a unos para darle a otros, lo cual me lleva, por primera vez, a preguntarle a Calderón, ¿qué justifica que el gobierno le quite a unos para darle otros o, dicho de manera  más directa, qué justifica que el gobierno haga lo que, supuestamente, debería evitar y castigar: violar el derecho a la propiedad.



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