El modelo o problema Agente-Principal en economía trata de
vencer las dificultades derivadas de información insuficiente y asimétrica
cuando un Principal (dueño de los recursos) contrata a un Agente
(administrador) para que haga un uso óptimo de esos recursos en beneficio del
Principal. Dado que el Agente posee mayor información que el Principal ¿cómo
alinear los incentivos del Agente para que coincidan con los objetivos del
Principal?
El caso típico es el del administrador profesional en una
corporación privada (Agente) que ha sido contratado por un amplio grupo de
accionistas (Principal) representados por el Consejo de Administración.
La respuesta al problema básico, que es alinear los
incentivos del administrador, puede tomar varias formas de premio-castigo: Vincular
los ingresos del administrador a los rendimientos obtenidos y deseados por los
dueños (comisiones, bonos de productividad, participación en la propiedad de la
empresa y demás), condicionar la permanencia en el puesto y sus prerrogativas
al logro de los resultados deseados, transparentar la gestión del administrador
para que sea sancionado públicamente, en términos de reconocimiento o
desprestigio social y muchas variantes.
Lo que hicieron los reformadores neozelandeses al trasladar
este modelo de teoría de juegos a la administración pública, implicó reconocer
un postulado crucial de la democracia moderna: El titular de los derechos de
propiedad de los recursos públicos sigue siendo el público, NO es el
administrador, no es el gobierno, ni siquiera lo son los representantes del
público (digamos, los diputados federales en un régimen presidencialista o los
miembros del parlamento en un régimen parlamentario).
Aunque esto último parezca una obviedad que se da por
sentada en las democracias modernas, basta analizar el funcionamiento real de
la política en la mayoría de los países para detectar que no sin razón los
contribuyentes suelen ver como un despojo o una expropiación o un costo
ineludible (a veces a fondo perdido) el pago de impuestos. Es decir: La
parafernalia del aparato estatal contribuye a que en la práctica los derechos
de propiedad sobre los recursos públicos se diluyan y hasta se desvanezcan.
A mi juicio, ése es el punto principal que rescata la
reforma neozelandesa, los derechos de propiedad, y lo ha hecho con gran
eficacia. Y el principal escollo para que se acepte una reforma de esta
naturaleza en otras latitudes radica en la debilidad que el concepto de
rendición de cuentas de mandatarios a mandantes aún tiene en muchas democracias
jóvenes. Debilidad a la que ha contribuido, en gran medida, la retórica socialista
trasnochada, que de una u otra forma ataca el concepto mismo de propiedad
privada y de derechos de propiedad.