El
viernes pasado empecé a presentar la propuesta del “legítimo” para controlar
los precios fijados por los monopolios. Quien conozca mi trayectoria
profesional sabe bien que he denunciado arreglos monopólicos cada vez que me he
encontrado con ellos. De ninguna manera me he vuelto ahora su defensor.
Considero,
sin embargo, que la “solución” del demagogo para controlar los precios que
define como exagerados en su propuesta, equivale a dotar al gobierno de un
mecanismo sumamente complejo que virtualmente se usaría para controlar todos
los precios de la economía mexicana.
Una
amable lectora me envió el siguiente comentario que reproduzco completo porque
me parece que no tiene desperdicio:
“Viéndolo bien lo realmente preocupante
no es el poco entendimiento de los monopolios que tiene el demagogo, ¡sino su
concepción de los precios! Como bien explicó (Ludwig von) Mises, querer
controlar algunos precios de la economía llevaría necesariamente a controlarlos
todos, única manera de alcanzar los objetivos del planificador, lo que
desembocará irremediablemente en socialismo... esta propuesta del delirante es
la peor de todas las que se le han ocurrido, pues al distorsionar el mecanismo
de precios le daría al traste a toda la economía. Lo que necesitamos es
precisamente mayor libertad en los precios. ¿Quién es él para decretar que
algunos precios son exagerados? ¡Qué muestra más perfecta de su autoritarismo y
fatal arrogancia, da miedo!”
Efectivamente,
lo que pretende el proyecto del delirante no es controlar a los monopolios sino
montar un gigantesco aparato burocrático con enormes poderes que empiece por
controlar los precios “excesivos” para de ahí seguirse con todos los demás de
la economía.
Respecto
a los monopolios del gobierno, su propuesta es otra joya:
“Tratándose de productos del
sector energético… en que los costos de producción nacional sean
significativamente inferiores a los precios internacionales competitivos, los
productores mexicanos deberán fijar el precio para la venta en el territorio
nacional tomando en consideración el costo de producción, más un margen de
beneficio razonable (sic), sin consideración de
los precios que de dichos bienes prevalezcan en el mercado internacional.”
Es decir, el principio básico de costo de
oportunidad de un recurso escaso es ignorado completamente, lo que
representaría un sólido paso hacia la economía ficción que tan graves
distorsiones causó cuando nos aisló por tantos años de lo que ocurría en los
mercados internacionales.
Pero las ambiciones de control férreo del delirante
no se limitan al mercado doméstico. Cuando se determine exageración de precios
en bienes del extranjero exige la “imposición de aranceles a la exportación
para eliminar desequilibrios en los mercados internacionales.”
El poderoso comisariato de precios del demagogo
estaría en manos de cuatro individuos que vendrían del ámbito académico, un
empresario de la pequeña o mediana industria y un burócrata encargado de
regular la industria o el comercio internacional. Del todopoderoso presidente
del organismo, sólo dice que deberá ser aprobado por ¾ partes del Senado.
El delirante le envió a legisladores del PRD esta
joya, dónde el viejo agitador Pablo Gómez, hoy disfrazado de senador, ya se
quejó airadamente ante el pleno que no ha dado curso a la propuesta. Habría que
recordarle que el “legítimo” mando al diablo a “sus” instituciones, incluido el
Senado de la República.
Dos reflexiones finales se me ocurren sobre este
tema. Quien tenga todavía alguna duda sobre el grado extremo de peligrosidad
que este individuo representaba para México, no tiene sino que leer sus
descabelladas propuestas, como la del comisariato de control de precios.
Lo mejor que puede hacer la mayoría de
legisladores, que obviamente no apoya al delirante, es ignorar por completo sus
tonterías y los exabruptos de sus seguidores, siguiendo el ejemplo de Carlos
Salinas quien decía, “ni los veo ni los oigo.”