Aclaro entonces:
1. Hoy día los refrescos elaborados con fructosa u otros
edulcorantes distintos que la sacarosa o azúcar refinada están gravados con un
IEPS de 20 por ciento, lo que es discriminatorio, aberrante y contrario a todas
las prácticas de libre comercio pactadas en tratados que México ha firmado.
(Por contraste, los refrescos endulzados con sacarosa, procedente de la caña, no
están gravados con el IEPS).
2. Para corregir esa aberración se propone establecer un
IEPS general a todos los refrescos embotellados con una tasa de sólo cinco por
ciento; de aprobarse este cambio: A. No habrá un trato fiscal discriminatorio
en contra de una industria –productores e importadores de fructosa- y los
productores de refrescos competirán en igualdad de circunstancias,
independientemente del edulcorante que usen y B. Se eliminará la barrera
no-arancelaria completamente injustificada a las importaciones de fructosa y
México podrá cumplir con lo ordenado por todos los paneles internacionales de
controversia que se llevaron a cabo a raíz de ese gravamen aberrante,
establecido en 2002 exclusivamente para beneficiar a los cañeros, a los dueños
de ingenios y a los fabricantes de refrescos endulzados con sacarosa y en
contra de la libre competencia.
3. Así, el impuesto no se está proponiendo por razones de
salud pública, sino de neutralidad tributaria. Fui yo quien saqué a relucir el
argumento de salud pública, ante los escandalosos argumentos de los productores
de refrescos en contra del impuesto. Alegatos basados en la presunción de que
el impuesto es malo porque disminuirá el consumo de refrescos endulzados con
sacarosa, cuando en términos de salud pública eso, la disminución en el
consumo, sería magnífico.
Dicho de otra forma: Que alguien diga que una eventual
reducción del consumo de azúcar refinada en México es indeseable, cuando están
comprobados los daños a la salud que provoca la ingesta excesiva de esa fuente
de calorías y cuando es un hecho que es una de las principales causas de la obesidad
y el sobrepeso en México, a través del abundante consumo de tales refrescos, me
parece escandalosamente cínico. Peor cuando las víctimas de ese pésimo hábito
son, sobre todo, niños y jóvenes pobres.
Pero este caso me da oportunidad de abordar, a partir de
mañana, un asunto que es motivo de aleccionadoras controversias, que es el de
dilucidar si es deseable que se usen los impuestos para castigar externalidades negativas y para premiar externalidades
positivas.
El asunto ha llevado a la creación del “Club Pigou” –por Arthur Pigou (1877-1959) economista que desarrolló el concepto de externalidades-, club del que es entusiasta promotor el
prestigiado economista Gregory Mankiw, autor de uno
de los textos más completos y populares de principios
de economía y profesor en