En este mundo, al menos en materia económica, todo
gira alrededor de los incentivos. La primera lección de cualquier curso introductorio de economía es que los individuos se
enfrentan, invariablemente, a que los recursos que poseen son escasos y que por
lo mismo siempre existe un costo de oportunidad en su utilización. Por ello,
dado que son racionales, es decir, prefieren más que menos de todo aquello que
les deriva satisfacción, buscarán maximizar el nivel de bienestar que pueden
lograr con esos recursos escasos que poseen y de ahí que, dada la información
incompleta de la cual disponen, tiendan a asignarlos hacia su mejor uso
alternativo. Ejemplos abundan: a)si el precio de un bien se incrementa, los
individuos actuando como consumidores tenderán a reducir la cantidad que
demandan, mientras que si son oferentes tenderán a incrementar la cantidad
ofrecida ya que hacer esto es lo racional ante un cambio en los incentivos; b)
los delincuentes deciden si cometen un delito comparando el rendimiento
esperado de su actividad con el costo de delinquir, determinado éste por la
probabilidad de ser detectado, atrapado y condenado así como por la pena
asignada a ese particular delito; incrementar la probabilidad de ser
penalizado, más que subir la pena, aumenta los costos de delinquir y, por lo
mismo, se desincentiva la delincuencia; c) dos personas que se conocen y se
atraen, en lugar de casarse inmediatamente, están dispuestos a entrar en una
relación de noviazgo y destinar recursos escasos a tal actividad,
particularmente tiempo, porque existe el incentivo para obtener mayor
información de la pareja y tomar una mejor decisión. Y así, podemos mencionar
millones y millones de ejemplos de que lo que importa en las decisiones
individuales respecto a la asignación de recursos son los incentivos.
A pesar de ello, los políticos mexicanos, incluidos
obviamente los gobernantes, no parecen entender cual es el papel de los
incentivos para normar la acción individual y alinear ésta con determinados
objetivos de política pública. Veamos algunos ejemplos recientes:
a) A pesar de los billones y billones de pesos que el
gobierno federal y los gobiernos estatales
y municipales han gastado, digamos desde
b) La educación pública en México es notoriamente
deficiente. ¿Por qué? Porque los profesores se niegan a ser evaluados y porque
los padres de familia no pueden elegir y castigar a los malos profesores
cambiando a sus hijos de escuela; en consecuencia, no existen los incentivos
para impartir un servicio educativo de mayor calidad.
c) El gobierno
federal destinará durante 2007 varios miles de millones de pesos para apoyar a
las PYMES. A pesar de ello estas empresas seguirán sin crecer y muchas de ellas
permanecerán en la ilegalidad. ¿Por qué? Porque, ante la enorme cantidad de
trabas burocráticas a las que se enfrentan, no existen los incentivos para
formalizarse ni para crecer.
d) La protección regulatoria
de monopolios y prácticas monopólicas en sectores como
energía, cemento, telecomunicaciones, etc., le permite a las empresas en estos
sectores cargar precios relativamente elevados. ¿Por qué? Por que no existen,
ante la ausencia de competencia, los incentivos a bajarlos.
e) Y lo que sin duda es una joya. El Jefe de Gobierno
del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, amenazó con
quitarle agua a los habitantes de colonias en las delegaciones Miguel Hidalgo y
Alvaro Obregón, es decir a los ricos, porque “la
utilizan para regar las banquetas”, para según él reasignarla hacia la
delegación Iztapalapa donde a los niños hay que
bañarlos a jicarazos con agua que compran de pipas. Sr. Ebrard,
no se requiere amenazar; con subir el precio del agua es suficiente para que la
gente deje de “desperdiciarla”. Para eso sirven los precios, para racionalizar
las decisiones de consumo de un recurso escaso.
¡Ay¡ Si los políticos sólo entendieran para qué sirven los
incentivos.