Son tiempos aptos para atónitos. Los
patos se tiran escopetazos, los peces gordos buscan anzuelos para engancharse,
y los siempre chimuelos roen rieles. Los primeros hacen un gobierno patito con
banda de chaquiritas, y los segundos (mientras se hacen pedazos) tragan ganchos
y arpones sin carnada. Ambos, histéricos, contemplan a su enemigo histórico
ganarles todas las manos y todas las partidas.
El Gran Caudillo abandona cuanto
hizo para dar a su rebaño más cargos y dinero que nunca. El presidente Atayde, en cuatro pistas, da al respetable un curioso
espectáculo: el autosuicidio; se enfrasca en
radicalismos y bloqueos, y defiende con todo a pillos e incendiarios. En su
círculo infernal y desde hace meses, Lao Tzu, von Klausewitz
y Maquiavelo miran estupefactos un curioso factor
sorpresa: “el 1º de diciembre te daré un golpe de estado; impediré que el
espurio rinda protesta; no dejaré gobernar a tu pelele”.
En la banqueta de enfrente hay un
grupo tricolor de ignorantes, o estúpidos, o malévolos. No dudo que los líderes
congresionales practiquen la malevolencia, pero
¿ignorancia o estupidez? ¿Por qué se acercan a las desprestigiadas pistas del
circo? Si con su quórum ayudaron a salvar la tarde, ¿a qué necear con el cambio
de sede, o con que no asistiera el presidente saliente, o que deje la mesa
directiva el que venció a los porros? ¿Dónde está la astucia, prenda invaluable
de los políticos longevos?
La astucia está con los célebres pirrurris, conjugadores del verbo máximo de la política
mexicana: madrugar. Previeron y evitaron el golpe largamente anunciado al
guisar un delicioso manjar: sesos con huevos (López Mateos dixit, Guillermo Fárber rememorat). Por 70 horas cuidaron la tribuna y la puerta
mientras el canal del Congreso transmitía el primer Big Brother legislativo de la historia. La
integridad republicana se salvó, y quienes la mandaban al diablo increpan: “¡tu
pelele entró por otra puerta!” (no dicen “yo bloqueé
las otras”); “¡te quedaste en la mesa sin haber sesión!” (pero
ellos dormían allí); y chillan: “¡antipatriota! ¡me
impediste dar un golpe de estado!”. Pero al día siguiente hacen cola en la caja
del “defraudador” IFE para cobrar sus prerrogativas.
Chistoso: el tricolor invade la
pista amarilla del circo al exigir que Zermeño se
baje de la mesa. El otrora partidazo se arrima a Porros por el Rencor y el
Desquite; las pistas huelen a pólvora porque el palmípedo se da escopetazos en
las patas, pero ¡allí va el PRI!
Mientras tanto, el legítimo
presidente se pone a trabajar, y se va ganando la confianza hasta de sus no
votantes. De seguir el lastimoso show
de ambos partidos revolucionarios, el PAN contemplará un 2009 de mayoría
legislativa.