No debe ser fácil llegar a ser Investigador Emérito
de la UNAM en la
máxima categoría –la que obtiene mayor reconocimiento nacional e internacional-,
detrás de ese logro es fácil imaginar que existe una larga carrera de estudio,
privaciones, dedicación desinteresada a la ciencia y a la transmisión de
conocimientos… Para mi gusto, es un tanto ingrato que ese Investigador Emérito
–el mejor pagado de toda la UNAM,
una de las mejores cien universidades del mundo al decir del serio estudio del The Times londinense- reciba una
remuneración mensual de sólo 13,785 pesos con 36 centavos.
Tampoco debe ser fácil llegar a ser Rector de la UNAM, pero el camino para
llegar a esa meta es bastante diferente que el que siguen los investigadores
eméritos. El puesto de Rector de la Maximísima
Casota de Estudios, todos lo sabemos, es político. Mientras
el futuro investigador lee, confronta datos, hace experimentos, revisa
resultados, se mantiene al tanto de los avances mundiales en su terreno
específico de estudio, cursa estudios de maestría y doctorado, da clases,
califica exámenes, explica a los alumnos, comprueba o desecha hipótesis, el
futuro Rector se labra su futuro en antesalas de oficinas gubernamentales, en
comidas de relaciones públicas, en fatigosas conversaciones telefónicas con don
Fulano o con don Zutano para que se sumen a su causa… Carreras diferentes,
destinos diferentes. El señor Rector gana mensualmente casi diez veces más que
el Investigador Emérito de máxima categoría. El rector gana al mes 134 mil 738
pesos con 90 centavos, netos.
La información de las remuneraciones en la UNAM es reveladora de cómo
funciona ese negocio, para decirlo coloquialmente. Para empezar hay cuatro
“castas” diferenciadas entre el personal de esa universidad:
·
“Académicos”. El que más gana en ese
estrato es el Investigador Emérito mencionado, ese es, en términos de
remuneraciones, el más alto pináculo al que uno puede llegar si tiene la mala
puntería de dedicarse a eso. Repitamos, el sueldo mensual es de 13,758 pesos
con 36 centavos. Si uno apenas empieza su carrera académica en la UNAM y es, digamos, sólo
“Profesor Asociado, categoría AMT” el sueldo mensual es de 4 mil 104 pesos con
23 centavos.
·
“Puestos de base”. En esta clase tenemos una
amplia variedad de trabajos, desde el de “peón” (sueldo mensual de 2 mil 896
pesos con 21 centavos) hasta el de profesionista con estudios de posgrado de nivel máximo, así dice la información oficial,
que percibe al mes 8 mil 509 pesos con 75 centavos. Hay de todo, desde
jardineros (3 mil 909 pesos con 30 centavos) hasta secretario bilingüe (3 mil
994 con 59 centavos), pasando por operador de máquina registradora en tienda (4
mil 71 pesos con 16 centavos). Que un profesionista con posgrado
en la UNAM ni
siquiera gane lo doble que un cajero (eso es “operador de máquina registradora
en tienda”) no deja de ser llamativo. (¿Cuál será el mensaje detrás de esto que
nos quiere enviar la UNAM?,
¿estudiar mucho o muchos años no conviene?)
·
“Puestos de confianza”. Nos vamos acercando al
cielo, pero todavía no llegamos. Aquí tenemos, por ejemplo, que un asistente
ejecutivo –lo que quiera que eso signifique en términos prácticos- percibe al
mes 6 mil 557 pesos con 49 centavos (es decir: más que un profesor de enseñanza
media superior de categoría ATC, que gana 6 mil 349 pesos con 79 centavos; pero
recordemos que los “académicos” son otra casta y no precisamente la mejor
remunerada).
·
“Funcionarios”. Este es, a todas luces, el
Olimpo. La Universidad
puede funcionar sin académicos, sin telefonistas, hasta sin operadores de
máquina registradora, pero ¿funcionar sin funcionarios? ¡Imposible! El mismo
nombre lo dice: ¿Qué hace un funcionario?, pues hace funcionar toda la
maquinaria. Me imagino que por eso, en sentido literal, entre los puestos de
“Funcionarios” la UNAM
contempla el de Primer Oficial de Máquinas que gana mensualmente la bonita suma
de 15 mil 550 pesos con 72 centavos. Y es que ésa sí es chamba –con compromiso
de 48 horas a la semana- y no andar haciendo investigaciones o dando
clasecitas. Otro puesto de funcionario, pero más bien modesto (en términos de
remuneración) es de “Supervisor de Escuelas Incorporadas” con un salario
ligeramente inferior al de un Investigador Emérito de máxima categoría, sólo 12
mil 321 pesos con 70 centavos. Una bicoca si se compara con la remuneración que
recibe al mes un “Delegado” (¿de qué o de quién?, ¡quién sabe!, la información
oficial no lo especifica) que es de 29 mil 408 pesos con un centavito de pilón.
A estas alturas, el investigador se estará preguntando por qué fue tan tonto de
dedicarse a la ciencia y a la enseñanza y por qué no invirtió su esfuerzo y su
tiempo en ser “Delegado”. Pero no nos apresuremos que apenas estamos en las inmediaciones del Olimpo. ¿Quién fuera, por ejemplo,
Secretario Particular del Señor Rector?, para embolsarse al mes 97 mil 243
pesos con 50 centavos, a cambio de la fatigosa tarea de llevarle la agenda al
señor Rector, tomarle los recados telefónicos, enlazarlo con el diputado Zutano
o con el senador Perengano, verificar que estén hechas las reservaciones de
avión y de hotel, torear al impertinente que insiste en obtener una cita para
entrevistarse con el señor Rector y tantas cosas más, como guardar en su
secretarial pecho los secretos de su jefe (por eso se llaman secretarios). Estas
tareas, desde la óptica de la
UNAM –que se refleja en las remuneraciones- ¡son siete veces
más valiosas que las que desarrolla un Investigador Emérito con las máximas
calificaciones!
A lo mejor yo no entiendo, pero me parece que esta
estructura de estratos y de salarios nos dice mucho más de lo que valora la UNAM el estudio y la investigación que mil discursos. ¿O no?