La historia de la televisión comercial
mexicana está marcada desde sus orígenes por una notable falta de competencia
en el otorgamiento de las concesiones y en la operación de las empresas, salvo
por breves períodos en los que la autoridad juzgó deseable otorgar nuevos permisos.
Los tres canales iniciales de
televisión abierta creados a principios de los años cincuenta bien pronto se
unieron bajo un mismo techo corporativo, Telesistema
Mexicano, que no tuvo competencia alguna sino hasta 1968 cuando el gobierno
otorgó concesiones al Grupo Monterrey y a Francisco Aguirre, que salieron al
aire con los canales 8 y 13, respectivamente.
La competencia sería efímera porque
cuatro años después el canal 8 se fusiona con Telesistema
para crear Televisa y el canal 13 es adquirido por el gobierno, con lo que se
crea
El consorcio televisivo
gubernamental no dio una competencia efectiva a Televisa pues sufrió continuos
cambios de personal y el pésimo mando de allegados del presidente en turno,
como la hermana de José López Portillo, también conocida como
la pésima musa y la albóndiga de porcelana.
El manejo estatal de la televisión
fue un desastre financiero de proporciones mayúsculas por lo que finalmente se
procedió a su venta al sector privado. TV Azteca fue privatizada en 1993 al mejor
postor de la subasta, que resultó ser Ricardo
Salinas, quien pagó poco menos de 500 millones de dólares.
La cuestión es si las televisoras están
en una activa competencia o si tienen un acuerdo para elevar tarifas actuando
como un cártel, como se le conoce en economía al arreglo de mercado en el que las
firmas competidoras fijan sus precios mediante un convenio para elevar utilidades.
Cuando son sólo dos las empresas, al arreglo se les llama duopolio.
·
“En mercados donde existen condiciones de competencia
efectiva la libertad para competir en precios promueve la provisión eficiente
de los servicios y crea incentivos para que los proveedores ofrezcan sus
servicios en las mejores condiciones de calidad, competitividad, seguridad y
permanencia.
·
“Por el contrario, cuando no existe suficiente competencia
la intervención regulatoria es necesaria…”
Eduardo
Pérez Motta, presidente de
El otro indicio que las condiciones
competitivas en el ámbito televisivo dejan mucho que desear, se encuentra en la
feroz reacción de las televisoras contra el amago de acceder a ese mercado por
parte del Grupo Saba y de General Electric.
En el primer caso, en forma simultanea
Televisa y TV Azteca lanzaron una brutal campaña de denuncia contra las firmas
distribuidoras de medicinas en México que, según sus reportajes, abusan de una
situación precisamente oligopólica, con Casa Saba a la cabeza.
Lo curioso del caso es que el funcionamiento
de la distribución de medicinas en nuestro país no ha cambiado en muchas
décadas. Me parece demasiada casualidad que las televisoras mexicanas súbitamente
“descubran” que el mercado de los fármacos tiene problemas, justo cuando la
empresa líder, Casa Saba –antes Casa Autrey-, intenta
acceder al mercado de la televisión.
Queda claro que una de las
asignaturas pendientes más graves que heredó el gobierno de Felipe Calderón de
sus antecesores, será el combate contra monopolios y otros arreglos anticompetitivos.
Él lo entiende bien, y así lo planteó en su campaña, pero tendrá que elegir con
cuidado sus batallas pues existen intereses muy poderosos.