Grand Rapids, Michigan (AIPE)- Pocos están enterados, pero en mayo de
2007 puede surgir un momento crucial para el catolicismo en América Latina. En
una región prácticamente paralizada por las crisis económicas y políticas, los
obispos latinoamericanos se reunirán en Brasil en
Algunos de los problemas a ser examinados por esta reunión del CELAM
fueron enumerados en el documento preparativo, redactado por ciertos obispos
latinoamericanos clave y publicado en septiembre de 2005. Estos incluyen la
inadecuada formación religiosa recibida por muchos católicos latinoamericanos,
tendencias sincretistas entre católicos que tratan de conciliar doctrinas
distintas y la falla de algunos latinoamericanos en actuar de manera consistente
con lo que dicen creer como católicos.
El mismo documento señala problemas particulares confrontados por las
sociedades latinoamericanas: una corrupción enfermiza que desfigura prácticamente
cada ángulo de la vida latinoamericana, especialmente en la política y en el
sistema judicial. La claridad con la que los obispos hablan de las malvadas
causas de la corrupción y sus catastróficos efectos casi no tiene precedente en
el hemisferio.
También hay un rechazo de los obispos a “la creciente tendencia de
aplaudir el surgimiento de líderes mesiánicos… de naturaleza populista”.
“Prometen el paraíso”, añaden los obispos, quienes lamentan que con tales
posturas y actitudes grandiosas a menudo socavan los derechos humanos básicos. Aunque
no mencionan nombres, no hay duda de que los obispos se refieren a personajes
como el presidente Chávez de Venezuela y Morales de Bolivia, quienes han
promovido sigilosamente o de manera abierta ataques contra la presencia de
Dados los altos niveles de pobreza en América Latina, no sorprende que
los obispos le dediquen mucha atención a ese tema y que repetidamente se
refieran a la creciente inigualdad económica y a la caída del nivel de vida por
todo el hemisferio.
Algunos de los obispos culpan parcialmente a la globalización, lo cual
es sorprendente ya que precisamente el
hecho de que gran parte de América Latina no se ha integrado al mercado global
ha contribuido significativamente a la pobreza. Eso queda claro cuando
observamos el progreso de China y de
Claro que sigue habiendo pobreza en esas naciones, pero nadie pone en
duda que la verdadera pobreza se está reduciendo en Asia desde que China y
Que algunos obispos no acepten enteramente tales hechos refleja ciertos
residuos de la teología de la liberación, una reliquia de los años 70. Tales
residuos los encontramos también en la tendencia de algunos católicos
latinoamericanos en culpar de sus males al resto del mundo, en lugar de
reconocer que las dificultades económicas del hemisferio provienen de sus estructuras
económicas mercantilistas y del fracaso de hacer respetar los derechos de
propiedad y el estado de derecho.
Si los obispos que se reunirán el año próximo en Brasil quieren ver una
reducción de la pobreza en la región deben examinar lo que los oligarcas de
derecha y los oligarcas de izquierda han hecho para obstruir la incorporación
de América Latina a la economía global.
Los oligarcas de derecha incluyen a los empresarios mercantilistas que
presionan y logran que los gobiernos impongan aranceles a las importaciones y
los favorezcan con subsidios, protegiéndolos de toda competencia. Los oligarcas
de izquierda incluyen a los políticos populistas y a los líderes sindicales
cuyas posiciones privilegiadas dependen de que haya mucha gente descontenta y
pobre.
El libre comercio y la libertad económica amenazan a ambos grupos al
exponer a los oligarcas de derecha a la disciplina de la competencia y
disminuye el poderío de los oligarcas de izquierda, en la medida de que la
población mejora su nivel de vida.
Comparado con Europa occidental, el catolicismo latinoamericano está muy
bien: abunda la fe, aumenta la vocación y la región goza de muchos buenos y
prudentes obispos.
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Director de investigaciones del Acton Institute.