12/21/2006
Seguridad y educación
Sergio Sarmiento

El presidente Felipe Calderón ha prometido hacer de la lucha contra la inseguridad pública uno de los esfuerzos más importantes de su gobierno. Y ha empezado el esfuerzo con medidas muy concretas. Una de ellas fue enviar a Michoacán a un contingente de más de 5,000 efectivos del ejército, la Policía Federal Preventiva y la AFI con la tarea de poner fin a la oleada de violencia relacionada con el narcotráfico que ha agobiado a la entidad durante meses. Más de 500 ejecuciones sólo en el 2006 son indicador de la seriedad que el problema ha llegado a tener en la entidad.

 

Por otra parte, la Secretaría de Hacienda sometió al Congreso un presupuesto que le daba el mayor aumento de gasto a la Secretaría de Seguridad Pública. En un año de recortes importantes a muchas entidades y rubros, la SSP recibió un incremento de 58 por ciento en su presupuesto. La idea era fortalecer las labores de inteligencia y a la Policía Federal Preventiva, que ha venido realizando cada vez más funciones. Aun con el aumento tan significativo, sin embargo, el presupuesto para la SSP se elevó a apenas 15,200 millones de pesos, lo cual representa apenas el 0.6 por ciento del gasto total.

 

La decisión de incrementar el gasto de seguridad, en un momento en que se estaba buscando también un recorte en el presupuesto de las universidades públicas –aunque no el de educación--, llevó a una serie de ataques fáciles en contra del presidente Calderón. Se dijo que estaba demostrando que era un presidente de derecha al aumentar el gasto de seguridad y el militar mientras recortaba el de educación. Y los ataques hicieron tanta mella que el presidente Calderón decidió echarse para atrás en la decisión de disminuir el presupuesto de las universidades.

 

La verdad es que el gasto educativo en México es muy grande en comparación con la economía y con lo que erogan otros países del mundo. México está usando recursos equivalentes al 6.8 por ciento del producto interno bruto (PIB) para la educación. Esto contrasta con el promedio de los países de la OCDE que usan en promedio el 5.9 por ciento del PIB para ese rubro. México gasta el 24 por ciento de su gasto programable en educación, que es cerca del doble que el resto de los países.

 

Pero el mayor uso de dinero no significa que se esté obteniendo mejor calidad. Todos los indicadores disponibles señalan que México se encuentra realmente rezagado en materia de educación. Los niños y los jóvenes están asistiendo a la escuela pero no están obteniendo conocimientos suficientes. Los estudiantes mexicanos se encuentran de manera consistente en los últimos lugares entre los países miembros de la OCDE.

 

Tanto en materia de seguridad pública como en defensa México gasta, en cambio, menos que otros países del mundo. En parte esto es lógico porque somos una nación sin enemigos internacionales. Pero los enemigos internos han venido creciendo en extensión y en fuerza. Las ejecuciones se están llevando a cabo cada vez más con mayor desfachatez y sentido de impunidad. El Estado mexicano hace mucho que ha perdido el monopolio de la fuerza que debería tener.

 

El operativo federal en Michoacán ha generado mucha atención de otros estados. Muchos quisieran que el presidente Calderón mandara también contingentes de policía federal o militares a sus territorios para luchar contra el narco y contra el crimen organizado. Pero los recursos no alcanzan: ni siquiera con ese aumento de 58 por ciento.

 

El gobierno de Calderón se encuentra así en una paradoja. Los políticos e intelectuales lo cuestionan por aumentar más el gasto en seguridad que en educación. Pero al mismo tiempo la gente le exige que el gobierno cumpla mejor la responsabilidad de proporcionar seguridad.



«Regresar a la página de inicio