William
L. Lewis, en su libro El Poder de
Según
Lewis, más allá de las políticas macroeconómicas, el
análisis convencional dice que las diferencias en el desempeño económico entre
países es función de diferencias en, digamos, los mercados laborales. Lewis sostiene, por otro lado, que las diferencias en la
materia de competitividad de los mercados de bienes son mucho más importantes
que la política macroeconómica. Este punto es relevante ahora, en el debate
económico, ya que el principal desafío de la política económica no es
estabilizar (aunque sí se debe sostener un ambiente de estabilidad, que es una
tarea diferente a la de estabilizar), sino, en el marco de ese clima de
estabilidad, hacer lo necesario para regenerar el crecimiento—es decir, hacer
lo necesario para flexibilizar las estructuras actuales, con el fin de permitir
alcanzar mayor grado de productividad.
Lewis defiende una tesis contra
intuitiva, y políticamente explosiva, al decir que la educación de la fuerza
laboral no es garantía de éxito económico. Un alto nivel educativo no es
garantía de alta productividad. La realidad es que a pesar del nivel educativo
que se pueda llegar a alcanzar, los trabajadores de una fuerza laboral
requieren capacitación y adiestramiento constante, producto de los veloces
cambios que se están dando en el plano de la tecnología moderna.
Asimismo,
varios observadores ven el acceso al capital y el desarrollo de mercados de capital, como un factor determinante entre
una economía con crecimiento productivo. Si hay inversión de países ricos en
países pobres, éstos se volverán ricos. Esto, dice Lewis,
es un mito. La inversión por sí sola no es
La
política económica es determinante para
Es falso
decir que la producción, por sí sola, es suficiente para generar mayor valor
económico. Es falso, por ende, que los negocios internos requieren privilegios
internos, o protecciones a