Durante ya muchos años, hemos alzado la voz para
señalar la forma tan irresponsable en que algunos periodistas—concepto
diferente al de analistas profesionales—en lugar de simplemente cumplir su
función, informar de hechos sucedidos, se dan a la tarea de interpretarlos y,
sin portar las elementales bases de los temas, vierten sus desviadas
interpretaciones en un batarete de venenosos
platillos con los que intoxican a sus audiencias.
La media es considerada como el cuarto poder
alrededor del mundo, precisamente por esa influencia que siempre ha ejercido
sobre la opinión pública y, más importante, en el cincelado de nuestra cultura
y, por ende, de las conductas. Un buen periodista se puede convertir en una
importante fuerza para el buen desarrollo de nuestras sociedades mientras que,
los temerariamente irresponsables, llegan a provocar tales confusiones que
luego desembocan en graves problemas.
Para muestra ahora vamos con otro chillón. Hace unos
días, Carlos Loret de Mola aparece en su programa noticioso y, asumiendo un
dramatismo estilo Pepe el Toro, procede a mostrar tres moneditas de un peso
cada una y afirma: “Tres pesos, esto es lo que representa el aumento del
salario mínimo.” Pasa ahora, asumiendo una actitud quijotesca revuelta con Robin Hood intoxicados con
Bacanora, a la defensa de los infelices trabajadores mexicanos agredidos por
ese insultante aumento.
Pero no satisfecho con su primera gestión, Loret de
Mola aparece al día siguiente mostrando el encabezado de un diario rezando:
“Puro Chile,” que es lo que según ellos, alcanza para adquirir con el
“explotador” aumento del famoso salario mínimo. Procede luego con su segunda
carga en contra de las diabólicas fuerzas dedicadas a la explotación de los
trabajadores.
Le quiero recomendar al periodista la lectura del
librillo de Henry Hazlitt: Economía en Una Lección, pues si tuviera alguna noción de la forma
en que opera la economía, se daría cuenta de que:
1) El
peor enemigo de los trabajadores ha sido ese infernal invento de las
burocracias, el salario mínimo. Está comprobado científicamente el que los
salarios mínimos reducen el empleo y, en especial, afectan a los negocios
pequeños de forma casi fatal. El salario es simplemente otro precio y cuando el
gobierno decreta un mínimo de precio, ej. 50 pesos diarios, alguien que no
puede producir ese valor, sencillamente se encontrará desempleado.
2)
El movimiento reportado por Loret de
Mola con lágrimas en los ojos, es nada más eso, “un ajuste” del salario mínimo,
más no el aumento de los salarios generales que conforman el aparato productivo
del país. Ahora, cualquier aumento de salario decretado por el gobierno, no el
mercado, finalmente lo terminará pagando el consumidor al ser repercutido en
los precios de los productos. Ello, como consecuencia, produce baja de ventas y
finalmente, desempleo.
3) Ese
ajuste del salario siempre se ha llevado a cabo tomando como referencia el
comportamiento inflacionario. En este caso el ajuste—aclaro no es aumento—va
muy acorde al nivel de inflación registrado durante el año que fenece. Es
decir, en un proceso deflacionario, que se identifica por baja general de los
precios, ese ajuste de salarios debería de efectuarse igual, hacia la baja.
4)
¿Cómo es posible que en un país con
la pobreza que cabalga en México, se mantenga una medusa burocrática llamada Comisión Nacional para los Salarios Mínimos?
Puedo asegurar el costo de esa infame burocracia, sesudamente estudiando la
mejor manera de establecer los salarios mínimos, es infinitamente superior al
ajuste tan doloroso para Loret de Mola. El mismo efecto destructivo que
provocan los gobiernos cuando arbitrariamente tratan de establecer precios
artificiales para ciertos productos, lo provocan en el mercado laboral con sus
diabólicas formulas de “salarios mínimos.”
5) La
tribuna utilizada por este nuevo Keynes mexicano,
Televisa, de la mano con Telmex, PEMEX, CFE, TV Azteca y el resto de los
demonios chupando la sangre de los mexicanos, es la clásica representación del
tipo de modelo económico con el que se aprisiona al país: El intervencionismo
productor de monopolios, oligopolios, burocracias semejantes a voraces vampiros
y, en especial, un mercado laboral como el que Loret de Mola, bañado el
lagrimas critica.
La mejor forma de incrementar los salarios es
incrementando la productividad marginal de la mano de obra. Esto se puede
lograr de varias formas: Con incrementos en la acumulación de capital, ej. con maquinaria e instalaciones modernas que apoyen la labor
de los trabajadores; con nuevas invenciones; administraciones más eficientes de
parte de los empresarios; trabajo más eficiente y responsable de parte de los
trabajadores; con mejores programas de educación y entrenamiento.
Mientras más y mejor se produzca, se incrementa la
riqueza y prosperidad de la comunidad. Cuanto más productivo sea el trabajador,
más valor tendrá para el patrón y mejor será la paga a la que se haga acreedor.
El verdadero aumento de salarios se debe dar de acuerdo el aumento de
productividad y no por decretos gubernamentales.
Las políticas gubernamentales se deberían dirigir no
hacia la imposición de pesados requerimientos a los creadores de trabajo, sino
hacia la promoción de un ambiente para la generación de utilidades porque ello
provoca las empresas se expandan, inviertan en activos que las hagan mas
eficientes y de esa forma, aumentan la productividad de los trabajadores—Es
decir, promover la acumulación de capital que le dará elasticidad al mercado
laboral y, sólo de esa forma, se dará el verdadero aumento de el empleo y los
salarios justificable y, sobre todo, perdurable.
Para los verdaderos periodistas, esta problemática
implica mucho más que simplemente plantarse frente a una cámara como la
canción: “Oye Bartola, ahí te dejo esos tres pesos, paga la renta el teléfono y
la luz, de lo que sobre, coge de ahí para tus gastos,” al mismo tiempo que se
implora a las divinas fuerzas del estado para que acudan a la salvación de
quienes no les alcanza para echarse un alipús. No se
puede distribuir más riqueza de la que se está creando y una de esas medidas
son los salarios.
Y es que el mexicano enano hace ese tipo de
periodismo dramático, pródigo, múltiple y nacional, al mismo tiempo que produce
un daño de proporciones históricas con matiz de fatalidad. Señores periodistas,
dedíquense a eso, a reportar los hechos y dejen los análisis e interpretaciones
a los expertos… A ver dónde los consiguen.