Tal parece
que, al igual que sucedió en los últimos dos gobiernos, los líderes de los
diferentes partidos políticos han señalado que el próximo año habrá que
adelantar significativamente en una reforma del estado y osan decir que en
ello, la necesidad de la reforma, hay consenso. El problema, obviamente, no
radica en si hay o no consenso para llevar a cabo tal reforma; el problema
radica en que la visión que tiene cada uno de los partidos políticos al
respecto es tan diferente que difícilmente se llegará a un acuerdo, más allá de
establecer que todos tienen en mismo objetivo: un país con mayores niveles de
desarrollo económico, uno con mayor nivel de bienestar para la población. Como
al parecer en enero o febrero o marzo, o en algún momento del próximo año,
estos políticos que dicen ser nuestros representantes, particularmente los
diputados, sacarán a relucir el tema para aparentar que están trabajando y que
México sí les importa, he aquí algunas ideas de hacia adonde se tiene que
encaminar la tan llevada y traída reforma del estado. La premisa básica de la
cual se debe partir cuando se trata de una reforma del estado es que el
bienestar de la sociedad será mayor entre más amplio sea el universo de
libertades individuales en las cuales se desenvuelven los diferentes miembros
de la sociedad, libertades que abarcan tanto las políticas, las económicas y de
otro carácter que caen, muchas de ellas, en el ámbito de la ética como son el
matrimonio entre homosexuales, la decisión que libremente deben tener las
mujeres respecto del aborto y la eutanasia, entre otras.
En cuanto a
las libertades políticas éstas se centran, además de la libertad de
pensamiento, de manifestación de ideas y de asociación, en que la elección de
los gobernantes se lleve a cabo bajo un efectivo sistema democrático
caracterizado no solamente por contiendas equitativas entre los que se postulan
para un puesto de elección popular y con sufragio libre por parte de los
electores. Pero eso no es suficiente. Se requiere que los funcionarios públicos
electos en todos los niveles de gobierno, desde el presidente de
En el ámbito
económico, la libertad se enmarca en muy importante concepto: la libre elección
de los individuos sobre dónde y cuanto trabajar, qué bienes adquirir, cuánto de
cada uno de ellos adquirir y de quién adquirirlos y cuánto y dónde ahorrar,
decisiones todas ellas tomadas bajo un contexto de mercados competitivos. Es sólo
en mercados competitivos en que los individuos son efectivamente libres y por
lo mismo, como parte de la reforma del estado, ésta debe incluir el
desmantelamiento de todos los monopolios, privados y gubernamentales incluyendo
obviamente a PEMEX y a los dos monopolios en la producción y distribución de
energía eléctrica (CFE y LFC). Ir en la reforma por mercados de bienes,
servicios y factores de la producción que sean efectivamente competitivos, con
libre entrada y salida de oferentes y demandantes, es sin duda un enorme reto
por la existencia de poderosos grupos de interés que buscarán de todas formas
posibles mantener los privilegios que ahora les permiten obtener rentas.
Al final de
lo que se trata una verdadera e íntegra reforma del estado es construir un entramado
institucional caracterizado por acrecentar y garantizar la plena libertad
individual en todos y cada uno de los ámbitos de decisión.