En un primer momento, y ante la estupefacción, el
gobierno de Zapatero ha recurrido a la hipótesis de la irracionalidad de ETA para
“explicarse” porque esa banda perpetra un atentado en medio de lo que – se
presumía- era un auspicioso “proceso de paz” entre el propio gobierno y los
etarras.
Craso error. No son los terroristas etarras los
irracionales, sino un gobierno que – desafiando la lógica- pretendió que
bastaba la voluntad pacifista de una de las partes para domesticar a ETA. La
banda terrorista, ante la manifiesta debilidad del gobierno (no hay gobierno
más débil que aquél que abdica de la fuerza de la ley poniéndose a merced de
quienes simplemente quieren destruirlo), hizo lo más “racional” en la lógica
del totalitarismo: Subir la apuesta y usar su arma de “persuasión” más eficaz:
La violencia.
El mensaje es claro: ETA no piensa renunciar a la
violencia que le es consustancial de la misma manera que nada tiene que ganar –
en su lógica totalitaria- comportándose como una fuerza política ajustada a los
límites de la ley y de la democracia. El disfraz político de ETA – adopte el
nombre que adopte- no es más que eso: Un disfraz táctico para embaucar a los
tontos. Huelga decir quién ha jugado en este fallido “proceso” el papel de
tonto. La verdadera ETA, la de siempre, es una banda terrorista con objetivos
totalitarios; jamás ha sido una formación política susceptible de avenirse a
las reglas democráticas.
Los gobiernos de Felipe González y de José María Aznar lo entendieron claramente – tras reiterados fracasos
de la vía pacifista y negociadora- ante
la pertinacia de los etarras en la ruptura de treguas o virtuales armisticios.
Irracionalmente, cargado de pacifismo bobalicón, Zapatero no lo ha entendido y
ello le puede costar el gobierno, al tiempo que significará – por desgracia-
una revitalización de la banda terrorista que, hasta el sorpresivo triunfo
electoral del propio Zapatero, estaba contra la pared gracias a una infatigable
persecución policíaca y a una inflexible interpretación y aplicación de la ley.
O Zapatero le da un giro radical a su estrategia de
negociación a ultranza – y a espaldas de la ley y de la mayoría de los
electores- o acelerará su caída política, sea gradualmente, con sucesivas
derrotas electorales, o sea abruptamente, si la oposición recurre a la moción
de censura, prevista en el artículo 113 de
La lección, fuera de España, no por trágica deja de
ser valiosa: La sociedad abierta no puede contemporizar con sus enemigos, so
pena de ser destruida por ellos.