Desde 1995
tengo viva la sobrecogedora impresión de quien por primera vez se acerca a internet y siente lo que significa. Publiqué entonces:
"…no es un suceso pasajero más. Internet es, simplemente, un cambio de
civilización."
Conservo esa impresión y esa opinión; más aún hoy. Internet es floración
espontánea de nuevas posibilidades, espacio ilimitado para la acción humana
libre. Y está hoy, más que nunca, en manos de la gente. Nada hay más
democrático ni mejor distribuido, que el poder de la red. Hasta al SAT le sirve
(para hacer imposible la vida a los cautivos).
A ningún Arthur Clarke o H.G. Wells se le ocurrió algo
así. En toda la trilogía de Foundation (1942-1950),
de Isaac Asimov, no hay siquiera una computadora
ayudando a gobernar el Imperio Galáctico. Si ni los profesionales de la ficción
científica atisbaron algo así, mucho menos pudo haberlo previsto un esforzado
planificador socialista o un régimen marxista. Internet es impensable en un
sistema que conculque la libertad individual. Ésta siempre produce lo
inesperado, porque en ella se suelta la inventiva humana, la creatividad, la
imaginación. Sólo en libertad puede manifestarse el valor infinito de cada
individuo.
Hoy internet es, más que nunca, medio global que
hacen personas de carne y hueso: se anuncian y comunican allí, lo hacen y
deshacen, publican fotos o películas, informan, forman, deforman. Es tan libre
que cualquiera puede modificar ciertos portales a su antojo. La revista Time declaró como persona del año a
"Usted", precisamente por la capacidad individual de actuar en internet. Yo mismo he corregido cosas en Wikipedia, enciclopedia que por ser de libre creación,
acaba depurándose hasta el infinito.
También es némesis, terror, pesadilla de todo
dictador. Por algo en Cuba sólo lo tiene el que decide la burocracia; pero en
Venezuela se le adelantó a Chávez, quien seguro lo odia tanto como odia la
libertad. Ganas no han de faltarle de suprimirlo: los esclavistas siempre
hallan formas de impedir la libertad ajena. Pero la libertad opera mayores
prodigios. Es más fácil suprimir una televisora o robar una radiodifusora que
algo tan distribuido como internet. Esa arma de
libertad distribuida podría actuar contra la dictadura de Chávez; la red es
contradictoria con toda centralización del poder.
Y es que en internet todo es libertad. Es de
consecuencias insospechadas e impredecibles, el que millones y millones tengan
en la punta de los dedos un poder distribuido, y acceso a datos ilimitados. Una
explosión de poder popular y de nuevas posibilidades que rebasa a toda
imaginación, y apenas empieza. Un arma contra la línea de flotación de los
dictadores y su poder centralizado. Una nueva civilización. O más. Pero no menos.