Echémosle un ojo a la geografía nacional. Un
territorio que asemeja un cono invertido, con la base en la frontera con
Estados Unidos. Por lo que respecta a la orografía, bordeando a lo largo el
cono, cuyo vértice se encuentra en el Istmo de Tehuantepec,
hay dos cadenas montañosas dejando dos franjas costeras relativamente angostas,
una en los territorios del Océano Pacifico Norte (Jalisco, Nayarit,
Sinaloa, y Sonora) y la otra en la costa del Golfo de México (Veracruz y Tamaulipas) en medio de las cuales se encuentra el
altiplano acotado en el sur, en el vértice, por
Ahora agreguemos a esta geografía el desastre que ha
sido la política agraria en este país. La limitación a la extensión de tierra
en la pequeña propiedad privada, la notoriamente deficiente e ineficiente
definición de los derechos de propiedad en los ejidos, la burocracia de
Comparemos a un agricultor estadounidense de maíz con
un campesino mexicano. El primero tiene varias hectáreas de tierra plana, de
alta calidad, bien abastecida de agua y cultivando con técnicas de producción
intensivas en el uso del capital y con insumos modernos tales como insecticidas
y fertilizantes. El segundo, un minifundista, tiene entre tres y cinco
hectáreas en una ladera de 30º, llena de piedras, sin abastecimiento de agua
excepto el de la lluvia de temporal, utilizando como abono excremento animal y
con una técnica de producción del siglo XVIII: una yunta de bueyes jalando
arado de madera para abrir los surcos en donde depositar a mano cada grano de
maíz. En consecuencia, en el cultivo de maíz, por hectárea sembrada, la
productividad en Estados Unidos es entre 10 y 20 veces superior que en México y
más aun, una estructura de propiedad de la tierra que garantiza la pobreza
perpetua de ese campesino.
En el 2008 se acaba el larguísimo
periodo de transición, 15 años, que se acordó en el Tratado de Libre Comercio
de América del Norte para liberalizar el comercio de maíz en la región
norteamericana. Ya pasaron 14 años y en México no se hizo prácticamente nada
para enfrentar tal apertura y el destino finalmente nos alcanzó y ahora se
exige que el gobierno haga “algo”, debido al aumento que ha experimentado el
precio internacional del maíz y, en México, el precio de la tortilla. Sin
entender por qué ha subido el precio del maíz y el de la tortilla, se exige que
el gobierno destine más recursos para apoyar a los campesinos mexicanos en un
esquema de incentivos mal diseñados para que éstos se queden en sus tres
hectáreas viviendo en la pobreza; unos más exigen que el gobierno subsidie
directamente la tortilla sin tomar en consideración siquiera el costo fiscal de
tal medida; y otros, peor aun, exigen que el gobierno imponga un precio máximo
a la tortilla, con lo cual se garantizaría el desabasto.
Entendámoslo de una vez, México no tiene ventaja
comparativa en la producción de maíz, por lo que es indispensable liberalizar
ya el comercio internacional de este bien.