Lección uno: La ley de la oferta y la
demanda funciona, aun para aquellos que voluntariosamente se afanan en negarla,
atenuarla, distorsionarla, aislarse de sus efectos, posponerla. Cuando los
inventarios totales de maíz en Estados Unidos han bajado nueve por ciento de
diciembre de
Lección dos: Los mercados –la gente,
alguien, algunos- reaccionan inteligentemente ante los precios altos (en este
caso del petróleo y de sus derivados) y buscan alternativas para ajustarse a la
nueva situación, por ejemplo: generar combustibles mediante insumos diferentes
al petróleo, como el maíz. En 1986 se destinaron poco menos de 300 millones de bushels de maíz a la producción de etanol en Estados
Unidos, para 2006 se estima que se usaron para producir etanol (bio-combustible) más de 2 mil millones de bushels. En los seis años que han transcurrido de este
siglo (
Lección tres: La liberalización o apertura
comercial es el mejor aliado de los consumidores en busca de precios bajos. La
globalización es benéfica para quienes menos tienen. Los políticos mexicanos,
salvo excepciones, han estigmatizado durante diez años la apertura comercial
plena al comercio de maíz –entre otros bienes- que habrá de darse en 2008,
gracias al TLCAN. Hoy esa apertura es su mejor aliado para bajar los precios. Ojalá hubiésemos tenido dicha apertura desde 1994.
Lección cuatro: Los precios bajan por
productividad, no por decreto. La productividad promedio por hectárea de maíz
en México es ridículamente baja respecto de la productividad en esa materia en
Estados Unidos y en el mundo. Aún en un hipotético escenario sin subsidios
agrícolas en Estados Unidos, los productores mexicanos –también generosamente
subsidiados- seguirían en desventaja. Lo que, por cierto, comprueba
palmariamente la existencia y los efectos de las ventajas competitivas y de las
ventajas comparativas.
Pregunta: ¿Estamos aprendiendo estas
lecciones básicas o estamos lidiando el problema “políticamente”, a
periodicazos?