1/15/2007
Las cuatro lecciones del maíz
Ricardo Medina

Lección uno: La ley de la oferta y la demanda funciona, aun para aquellos que voluntariosamente se afanan en negarla, atenuarla, distorsionarla, aislarse de sus efectos, posponerla. Cuando los inventarios totales de maíz en Estados Unidos han bajado nueve por ciento de diciembre de 2005 a diciembre de 2006 (ver reporte del 12 de enero de 2007, del Departamento de Agricultura de Estados Unidos) y cuando la oferta mundial de maíz cayó 0.9 por ciento en 2006 respecto de 2005, en tanto que la demanda mundial de maíz aumentó 3.5 por ciento en el mismo periodo (ver reporte de la Universidad Estatal de Dakota del Sur), ¿qué sucede? Sencillo, que los precios suben.

 

Lección dos: Los mercados –la gente, alguien, algunos- reaccionan inteligentemente ante los precios altos (en este caso del petróleo y de sus derivados) y buscan alternativas para ajustarse a la nueva situación, por ejemplo: generar combustibles mediante insumos diferentes al petróleo, como el maíz. En 1986 se destinaron poco menos de 300 millones de bushels de maíz a la producción de etanol en Estados Unidos, para 2006 se estima que se usaron para producir etanol (bio-combustible) más de 2 mil millones de bushels. En los seis años que han transcurrido de este siglo (2001 a 2006 inclusive) el consumo de maíz en Estados Unidos para producir etanol se ha más que cuadruplicado. Así pues, los precios del maíz seguirán creciendo a menos que rápidamente la oferta se ajuste al aumento de la demanda (poco probable) o que los precios del petróleo se desplomen, desalentando relativamente la demanda de maíz para producir etanol (evento incierto).  Lo inteligente es entender y atender lo que sucede en los mercados; lo estúpido es ignorar los mercados, para entretenerse en fantasías demagógicas.

 

Lección tres: La liberalización o apertura comercial es el mejor aliado de los consumidores en busca de precios bajos. La globalización es benéfica para quienes menos tienen. Los políticos mexicanos, salvo excepciones, han estigmatizado durante diez años la apertura comercial plena al comercio de maíz –entre otros bienes- que habrá de darse en 2008, gracias al TLCAN. Hoy esa apertura es su mejor aliado para bajar los precios. Ojalá hubiésemos tenido dicha apertura desde 1994.

 

Lección cuatro: Los precios bajan por productividad, no por decreto. La productividad promedio por hectárea de maíz en México es ridículamente baja respecto de la productividad en esa materia en Estados Unidos y en el mundo. Aún en un hipotético escenario sin subsidios agrícolas en Estados Unidos, los productores mexicanos –también generosamente subsidiados- seguirían en desventaja. Lo que, por cierto, comprueba palmariamente la existencia y los efectos de las ventajas competitivas y de las ventajas comparativas.

 

Pregunta: ¿Estamos aprendiendo estas lecciones básicas o estamos lidiando el problema “políticamente”, a periodicazos?



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