Vaya rasgadura de vestiduras que está ocasionando en México el alza de
la tortilla. Políticos, periodistas, alguno que otro economista distraído y
hasta un banquero central, están siendo presa de confusiones, y a veces, de
bisoñería pura. Nuevamente han surgido palabras que francamente creíamos ya en
desuso y que pertenecen al pasado estatista de México:
soberanía alimentaria, suficiencia alimentaria, control de precios, especuladores abusivos,
acaparadores, hambreadores, empresarios chupeteadores, seguridad nacional, intermediarios malditos,
etc.
Vaya
memoria de nuestros párvulos políticos y de nuestros “líderes” de opinión (de
medicina y física nunca opinan, pero en materia de economía todos se sienten
expertos y quieren meter su cuchara, vaya falta de respeto a esta ciencia). A
ver, recordémosle a todos los desmemoriados cuáles son las consecuencias de no
permitir que el mecanismo de precios funcione adecuadamente. A continuación,
amigo lector, le contaré brevemente la historia real que ocurrió en EU en la
mitad de la década de los años setenta del siglo pasado. Es importante
recordarla porque ahí encontraremos los prolegómenos de la actual crisis del
maíz.
Corría el
año de 1974, y en plena guerra fría, el cártel llamado Organización de los
Países Exportadores de Petróleo (OPEP), decidió manipular el mercado petrolero
subiendo extraordinariamente su precio (sin precedente para aquella época).
Duro golpe fue esta alza para EU, que importaba ya en ese momento la mitad del
petróleo que consumía. Así, una primer consecuencia
fue el alza en el precio de uno de los derivados fundamentales del petróleo:
la gasolina. Obvio, esto ocasionó la molestia de millones de norteamericanos
usuarios de automóviles, los cuáles ahora tenían que pagar más por consumir
más. El Congreso estadounidense de aquella época decidió actuar “decididamente”
y estableció una primer medida para “regular” al
mercado. La primer política adoptada se llamó fijación doble del precio del
petróleo y consistía en vender petróleo a las refinarías (las que se
encargan de producir gasolina) a dos precios: al que regía en el mercado
internacional y al precio nacional (que era más barato que el internacional)
que regía para los pozos existentes en EU cuya explotación precedía al alza
causada por
La
historia anterior es un ejemplo de cuando el gobierno no permite que el
mecanismo de precios funcione adecuadamente. Paradójicamente, con cada medida
de control del gobierno, sólo empeoraba la dependencia de EU al petróleo caro
importado.
Dos
funciones del mecanismo de precios son el proveer de información a los agentes
económicos, así como de incentivos para sustituir métodos de producción caros
por otros más baratos. Esta tarea esencial de los precios se le
olvida con frecuencia a los gobiernos. La disminución de la importación de
petróleo caro sólo ocurrió en EU cuando se dejó que el precio de la gasolina
reflejara los verdaderos costos de producirla. El dejar que prevaleciera un
precio más alto de la gasolina, provocó, por una lado, que los consumidores
tomaran medidas de ahorro del combustible tales como usar menos el automóvil
(con lo cual la demanda de autos cayó también). Por otro lado, el alto precio
también incentivó a los fabricantes de autos a diseñar autos más pequeños y
ahorradores de gasolina. Asimismo, los precios altos incentivaron que se
buscara petróleo en Alaska. En Europa ocurrió algo similar, el precio alto de
la gasolina incentivó a usar autos muy económicos en uso de gasolina y hacer
descubrimientos en el Mar del Norte. Al final, el mejor antídoto contra la
manipulación de precios de
A los
gobiernos se les olvida que la única manera de que los precios bajen en un
mercado es, ó bien aumentando la oferta, ó bien reduciendo la demanda del bien
encarecido. Sólo eso es la solución. Los controles de precios y subsidios sólo
agravan la situación y, en el peor de los casos, sólo benefician a unos cuantos
de la cadena productiva del bien encarecido.
La crisis
de los años setenta y el encarecimiento del petróleo en los últimos años han sido
toda una lección para los políticos gringos. Desde hace algún tiempo, EU
decidió reducir paulatinamente su dependencia por petróleo, y una medida ha
sido el incentivar la producción de combustibles alternos (de origen orgánico y
no fósil) como el Etanol. Esta medida ha provocado un encarecimiento del maíz
amarillo (base para producir el etanol). Dado este encarecimiento, los
demandantes de este tipo de maíz se han pasado a demandar a su bien sustituto,
el maíz blanco, lo que también ha propiciado el encarecimiento de éste. Vaya,
ya estas medidas están derrumbando el precio del petróleo (a ver qué dicen
ahora los políticos mexicanos y sus cuentas alegres) y por supuesto, elevando
el precio del maíz en general. En una década empezaremos a ver una nueva revolución
energética apoyada en la llamada biomasa ó combustibles de origen biológico. Y
pensar que en México los legisladores siguen manteniendo, sin explicación
alguna, congelada la ley que permita la producción de etanol.
El
encarecimiento del maíz amarillo ha provocado que en México el maíz blanco se
encarezca (y por lo mismo, también la tortilla que se produce en base a maíz
blanco), pues por un lado, hay menos disponibilidad de las importaciones del
mismo, y por otro, los productores de productos derivados de animales como la
carne (blanca y roja), leche y huevos han visto también encarecer la
alimentación de sus ganados, pues es a base de maíz.
Si los
políticos mexicanos quieren hacer frente al alza, lo que deben hacer es dejar
que el mecanismo de precios funcione. Los subsidios y los controles de precios
definitivamente no funcionan. Y por Dios, los mexicanos no se morirán si
enfrentan precios más altos en estos productos. Como diría un amigo nutriólogo, al mexicano le vendría bien reducir su consumo
de estos alimentos de origen animal, sobre todo las carnes rojas que contienen
grasas saturadas (y de consumir exceso de tortilla que sólo engorda) y consumir
más verduras y frutas así como carne de pescado. Somos el segundo lugar mundial
en diabetes y uno de los primeros en obesidad. Sin querer, la actual “crisis”
podría ser una oportunidad para que los mexicanos mejoren su alimentación. El
mejor antídoto contra el alza de precios en cualquier mercado es dejar que los
precios se muevan libremente, pues ello obliga a los productores a enfrentarse
a la elasticidad de la demanda de sus clientes; es hora de que los consumidores
también demostremos que somos una parte integral del mercado. Recuerde amigo
lector, si se encarece, no lo compre y/o busque sustitutos.
Dejar
funcionar libremente al mecanismo de precios, abrir de una vez todo el comercio
de granos (ocurrirá a fuerza en el 2008 por la firma del TLC), eliminar todo
tipo de subsidios a los productores nacionales (los subsidios sólo benefician a
los productores ricos de Sinaloa), así como eliminar las barreras a la
producción de transgénicos (en donde no hay una sola
prueba científica seria de que dañen al ser humano), es lo único que hará menos
costoso para los consumidores toda esta situación de alzas. Los controles,
subsidios y prohibiciones sólo fomentan mercados negros, y, paradójicamente, sólo
benefician a intermediarios y productores de los productos encarecidos. Ojalá se ponga las pilas el gabinete económico del Presidente
Calderón.