Reaparece en la agenda pública la
intención del gobierno y del Congreso de promover una reforma fiscal, con el
acicate que representa el peligro de la caída en el precio del petróleo al ser
las transferencias de Pemex la tercera parte de los
ingresos del gobierno federal.
Aunque la revista The Economist
considera que los precios del petróleo repuntarán y que el nivel de la mezcla
mexicana de exportación se mantendrá este año, en promedio, 21.5% arriba del
precio estimado para calcular el presupuesto, es un hecho que el volumen de
exportación está cayendo y que es necesario adaptar las finanzas públicas.
Hoy se da la paradoja que la carga
fiscal como proporción del PIB es una de las más bajas del mundo, apenas superior
al 11%, mientras que el causante cumplido dedica ocho meses y trece días del
año a trabajar para el fisco. La aritmética del cálculo es la siguiente:
|
Concepto |
Proporción del ingreso |
|
Impuesto sobre la renta |
28% |
|
IVA (15% en el 80% de su consumo) |
12% |
|
Proporción del gasto
anual en impuestos especiales y otros (ISAN, gasolina, tenencia automóviles, predial,
aranceles de importación etc.) |
30% |
|
Total |
70% |
La cuenta anterior hay que ajustarla
a la estructura del ingreso y gasto de cada persona pero da una idea de la
situación de un número elevado de causantes que no puede deducir casi nada de
su carga impositiva o eludir su pago.
A esto hay que sumar otras
exacciones que no recauda el gobierno pero que resultan de su ineptitud en la
prestación de servicios esenciales, como el pago involuntario que se hace a
ladrones y secuestradores, y a “guaruras,” blindajes y alarmas a los que se
recurre para evitar ser sus víctimas.
Quienes viven en la economía
subterránea tampoco se escapan porque son objeto de coerción por los policías
que les exigen su “moche” lo que, además de representar incertidumbre y zozobra,
significa una proporción no trivial de sus ingresos.
Una reforma fiscal deseable parte de
los objetivos clásicos de alcanzar una mayor eficiencia en la economía y en la propia recaudación, cumpliendo
con los principios de equidad horizontal
(quien gane igual pague lo mismo) y vertical
(quien gane más pague más).
A partir de tales principios, y sin
reparar por el momento en su viabilidad política, las modificaciones que habría
que emprender son:
1.
Eliminar exenciones y tasas cero en el IVA pues su
recaudación sólo será efectiva al estar eslabonado sin excepciones, lo que
convierte a cada causante en un agente involuntario pero muy efectivo del fisco
pues su carga disminuye si el impuesto se pagó en las etapas previas. Así, se
podría elevar la recaudación del ridículo nivel del 3% del PIB que tiene hoy, a
cerca del 10% sin elevar la tasa prevaleciente del 15%.
2.
Simplificar la estructura del Impuesto sobre
3.
Eliminar regímenes especiales que generan una evasión
extendida.
4.
Mantener el impuesto sobre el activo para evitar la evasión
en las empresas.
5.
Eliminar los gravámenes en los niveles más bajos de ingreso
para atraer a causantes que actualmente se ubican en el sector informal de la
economía.
En próximos Aquelarres abordaré otros aspectos de la reforma esbozada aquí,
empezando por lo que hemos señalado repetidamente: para que el gobierno
justifique ante la sociedad que realmente requiere de mayores ingresos, debe
empezar por comprobar con claridad meridiana la rentabilidad social del gasto
que ejerce.