1/19/2007
Objetivo de la reforma fiscal
Arturo Damm

Se vuelve a discutir el tema de la reforma fiscal y, en términos generales, encontramos dos posiciones. La primera, que corresponde a quienes viven del presupuesto gubernamental, porque de él reciben su salario, y porque de él salen los recursos que administran “en bien” de los demás (gobernantes, burócratas, legisladores, políticos, etc.). La segunda, que corresponde a expertos o interesados en el tema, tal y como es el caso de economistas, fiscalistas, juristas, periodistas, empresarios, etc., quienes no viven del presupuesto del gobierno, ni administran los recursos gubernamentales, pero quienes tienen mucho que decir al respecto.

 

¿Qué proponen, en materia de reforma fiscal, cada uno de estos grupos? ¿Cuál debe ser, para cada uno de ellos, el fin de la reforma fiscal?

 

Para el primero, al que voy a llamar el grupo de los presupuestívoros, el objetivo principal de la reforma fiscal debe ser aumentar los recursos a disposición del gobierno, lo cual se logra, o cobrándole más impuestos a quienes ya los pagan, o empezando a cobrarle a quienes no los pagan, o por medio de una combinación de las dos anteriores. Al respecto hay que ser muy claros: mientras no se revise a fondo en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, y mientas no se corrijan los excesos y defectos en materia de dicho gasto, poner más recursos en manos de los burócratas sería tanto como echarle dinero bueno al malo, algo que, quienes aportamos esos recursos, no debemos permitir. La reforma fiscal, o es primero presupuestaria, y solamente después tributaria, o no será la correcta.

 

Para el segundo grupo, al que llamaré el de los expertos, el fin de la reforma fiscal debe ser, en primer lugar, conseguir una estructura impositiva competitiva, lo cual supone reducir y eliminar impuestos, propuesta mucho más sensata, en términos generales, que la de los presupuestívoros, pero que, no obstante, presenta un inconveniente: ¿hasta dónde llevar la reducción y eliminación de impuestos, con el fin de que México compita, contra otros países, por ejemplo, en la atracción de capitales? En última instancia la estructura impositiva más competitiva es la que no cobra impuestos o, yendo más allá, la que subsidia toda inversión. Así como entre empresas se desatan guerras de precios, entre gobiernos se puede desatar una guerra de impuestos que, más allá de ciertos límites, conduce a la quiebra de los mismos. Yo bajo impuestos, tú bajas impuestos; yo los  vuelvo a bajar, tu también..., ¿hasta dónde?

 

¿Cuál debe ser el objetivo de la reforma fiscal? ¿Poner más recursos en manos de los burócratas? No. Entonces, ¿conseguir un sistema impositivo competitivo? Tampoco. Entonces, ¿cuál debe ser el objetivo de la reforma fiscal? Por el lado tributario, que el cobro de impuestos no degenere, tal y como sucede en México, en un robo con todas las de la ley y que, por el lado presupuestario, el gobierno se limite a ser gobierno, es decir, a garantizar la seguridad contra la delincuencia y a impartir justicia, y deje de ser ángel de la guarda, que nos preserva de todo mal, y hada madrina, que nos concede todos los bienes.

 

La reforma fiscal debe tener como único objetivo lograr, tanto por el lado de los impuestos, como del gasto, que se respete la propiedad y la libertad de los mexicanos, algo que no sucede, tal y como explicaré en próximos Pesos y Contrapesos, consciente de que esta propuesta de reforma fiscal es, de entrada, una batalla perdida, muestra de lo mucho que falta para tener una sociedad liberal, basada en el respeto irrestricto a la libertad y la propiedad.



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