Se vuelve a discutir el tema de la reforma
fiscal y, en términos generales, encontramos dos posiciones. La primera, que
corresponde a quienes viven del presupuesto gubernamental, porque de él reciben
su salario, y porque de él salen los recursos que administran “en bien” de los
demás (gobernantes, burócratas, legisladores, políticos, etc.). La segunda, que
corresponde a expertos o interesados en el tema, tal y como es el caso de
economistas, fiscalistas, juristas, periodistas,
empresarios, etc., quienes no viven del presupuesto del gobierno, ni
administran los recursos gubernamentales, pero quienes tienen mucho que decir
al respecto.
¿Qué proponen, en materia de reforma fiscal,
cada uno de estos grupos? ¿Cuál debe ser, para cada uno de ellos, el fin de la
reforma fiscal?
Para el primero, al que voy a llamar el grupo
de los presupuestívoros, el objetivo principal de la
reforma fiscal debe ser aumentar los recursos a disposición del gobierno, lo
cual se logra, o cobrándole más impuestos a quienes ya los pagan, o empezando a
cobrarle a quienes no los pagan, o por medio de una combinación de las dos
anteriores. Al respecto hay que ser muy claros: mientras no se revise a fondo
en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, y mientas no se corrijan los excesos y
defectos en materia de dicho gasto, poner más recursos en manos de los
burócratas sería tanto como echarle dinero bueno al malo, algo que, quienes
aportamos esos recursos, no debemos permitir. La reforma fiscal, o es primero
presupuestaria, y solamente después tributaria, o no será la correcta.
Para el segundo grupo, al que llamaré el de
los expertos, el fin de la reforma fiscal debe ser, en primer lugar, conseguir
una estructura impositiva competitiva, lo cual supone reducir y eliminar
impuestos, propuesta mucho más sensata, en términos generales, que la de los presupuestívoros, pero que, no obstante, presenta un
inconveniente: ¿hasta dónde llevar la reducción y eliminación de impuestos, con
el fin de que México compita, contra otros países, por ejemplo, en la atracción
de capitales? En última instancia la estructura impositiva más competitiva es
la que no cobra impuestos o, yendo más allá, la que subsidia toda inversión.
Así como entre empresas se desatan guerras de precios, entre gobiernos se puede
desatar una guerra de impuestos que, más allá de ciertos límites, conduce a la
quiebra de los mismos. Yo bajo impuestos, tú bajas impuestos; yo los vuelvo a bajar, tu también..., ¿hasta dónde?
¿Cuál debe ser el objetivo de la reforma
fiscal? ¿Poner más recursos en manos de los burócratas? No. Entonces,
¿conseguir un sistema impositivo competitivo? Tampoco. Entonces, ¿cuál debe ser
el objetivo de la reforma fiscal? Por el lado tributario, que el cobro de
impuestos no degenere, tal y como sucede en México, en un robo con todas las de
la ley y que, por el lado presupuestario, el gobierno se limite a ser gobierno,
es decir, a garantizar la seguridad contra la delincuencia y a impartir
justicia, y deje de ser ángel de la guarda, que nos preserva de todo mal, y
hada madrina, que nos concede todos los bienes.
La reforma fiscal debe tener como
único objetivo lograr, tanto por el lado de los impuestos, como del gasto, que
se respete la propiedad y la libertad de los mexicanos, algo que no sucede, tal
y como explicaré en próximos Pesos y Contrapesos, consciente de que esta
propuesta de reforma fiscal es, de entrada, una batalla perdida, muestra de lo
mucho que falta para tener una sociedad liberal, basada en el respeto
irrestricto a la libertad y la propiedad.