El jueves 18 de enero por la mañana el presidente de la república,
Felipe Calderón, organizó una ceremonia para anunciar un pacto para estabilizar
el precio de la tortilla. Participaron en la reunión funcionarios del gobierno
federal y representantes de las organizaciones de productores así como de las
principales empresas compradoras y distribuidoras de maíz.
Entre los acuerdos que firmaron se incluyó el de estabilizar el precio
de la tonelada de maíz en 3,500 pesos, un aumento significativo sobre los 1,200
pesos que prevalecían hacen apenas un año. El precio de la tortilla, cuando
menos en el área metropolitana de la ciudad de México, quedará en 8.50 pesos
hasta el fin de abril.
Puede entenderse la necesidad política de buscar un acuerdo entre los
distintos grupos que participan en el negocio de la tortilla. Si bien el
presidente Calderón no ha querido escuchar el canto de las sirenas y
reestablecer los controles de precios que tanto daño le hicieron al aparato
productivo de nuestro país hace años, tampoco puede simplemente dejar que el
precio de la tortilla se dispare. Esto sería equivalente a un suicidio
político.
Pero si bien el pacto puede ser positivo, ya que busca la estabilidad
de la tortilla en un nivel que parece aceptable, es importante que el gobierno
no olvide que en el largo plazo este precio sólo se mantendrá razonable si en
México aumentamos la producción de maíz.
El factor inicial que provocó el aumento de la tortilla es la creciente
demanda en Estados Unidos de maíz amarillo para producir etanol, el cual se
utiliza como un complemento de la gasolina. Para Washington promover este uso
es una cuestión de seguridad nacional porque implicaría una disminución de su
considerable importación de petróleo crudo.
La demanda de maíz para producir etanol continuará subiendo en los
Estados Unidos en los próximos años a menos de que se registre una caída muy
importante del precio del petróleo. Si nosotros no queremos que se afecte el
precio de la tortilla, tendremos que aumentar la producción de maíz.
Pese a lo que pudiera creerse, esto no es tan fácil. México no es un
país que tenga las condiciones para ser un gran productor de maíz. Este grano
se cultiva mejor en grandes terrenos planos con amplia disponibilidad de agua. La
mayor parte del territorio nacional, especialmente en las zonas con agua, es
montañoso. En el norte, donde tenemos grandes planicies, el obstáculo es la
falta de agua.
Al problema de la orografía, nosotros le hemos añadido una
fragmentación artificial de la tierra. Al considerar como latifundios terrenos
de más de
Sería importante que los
legisladores consideraran la importancia de aumentar las dimensiones de los
terrenos agrícolas y eliminar los obstáculos legales a
su consolidación. Esto ayudaría en mucho a aumentar la productividad de
nuestros agricultores de maíz y nos ayudaría a estabilizar realmente el precio
de la tortilla, en un tiempo en que sabemos que el precio del maíz estará en
aumento.