1/25/2007
Tortilla y tierra
Sergio Sarmiento

El jueves 18 de enero por la mañana el presidente de la república, Felipe Calderón, organizó una ceremonia para anunciar un pacto para estabilizar el precio de la tortilla. Participaron en la reunión funcionarios del gobierno federal y representantes de las organizaciones de productores así como de las principales empresas compradoras y distribuidoras de maíz.

 

Entre los acuerdos que firmaron se incluyó el de estabilizar el precio de la tonelada de maíz en 3,500 pesos, un aumento significativo sobre los 1,200 pesos que prevalecían hacen apenas un año. El precio de la tortilla, cuando menos en el área metropolitana de la ciudad de México, quedará en 8.50 pesos hasta el fin de abril.

 

Puede entenderse la necesidad política de buscar un acuerdo entre los distintos grupos que participan en el negocio de la tortilla. Si bien el presidente Calderón no ha querido escuchar el canto de las sirenas y reestablecer los controles de precios que tanto daño le hicieron al aparato productivo de nuestro país hace años, tampoco puede simplemente dejar que el precio de la tortilla se dispare. Esto sería equivalente a un suicidio político.

 

Pero si bien el pacto puede ser positivo, ya que busca la estabilidad de la tortilla en un nivel que parece aceptable, es importante que el gobierno no olvide que en el largo plazo este precio sólo se mantendrá razonable si en México aumentamos la producción de maíz.

 

El factor inicial que provocó el aumento de la tortilla es la creciente demanda en Estados Unidos de maíz amarillo para producir etanol, el cual se utiliza como un complemento de la gasolina. Para Washington promover este uso es una cuestión de seguridad nacional porque implicaría una disminución de su considerable importación de petróleo crudo.

 

La demanda de maíz para producir etanol continuará subiendo en los Estados Unidos en los próximos años a menos de que se registre una caída muy importante del precio del petróleo. Si nosotros no queremos que se afecte el precio de la tortilla, tendremos que aumentar la producción de maíz.

 

Pese a lo que pudiera creerse, esto no es tan fácil. México no es un país que tenga las condiciones para ser un gran productor de maíz. Este grano se cultiva mejor en grandes terrenos planos con amplia disponibilidad de agua. La mayor parte del territorio nacional, especialmente en las zonas con agua, es montañoso. En el norte, donde tenemos grandes planicies, el obstáculo es la falta de agua.

 

Al problema de la orografía, nosotros le hemos añadido una fragmentación artificial de la tierra. Al considerar como latifundios terrenos de más de 100 hectáreas, que en otros países son demasiado pequeños para el cultivo de maíz, nosotros mismos hemos puesto una barrera a la productividad.

 

Sería importante que los legisladores consideraran la importancia de aumentar las dimensiones de los terrenos agrícolas y eliminar los obstáculos legales a su consolidación. Esto ayudaría en mucho a aumentar la productividad de nuestros agricultores de maíz y nos ayudaría a estabilizar realmente el precio de la tortilla, en un tiempo en que sabemos que el precio del maíz estará en aumento.



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