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Qu es el Capitalismo?

“En una sociedad capitalista, todas las relaciones humanas son voluntarias. Los hombres son libres de cooperar o no, de tratar con otro o no tratar, segn les dicte su propio juicio individual, sus convicciones y sus intereses. Pueden tratar entre s slo en trminos y por medio de la razn, esto es, por medio de la discusin, la persuasin y el pacto voluntario por libre eleccin para beneficio mutuo.”


Ayn Rand
MARTES, 8 DE MARZO DE 2011
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[Extracto de un estudio publicado en The Objetivist Newsletter en noviembre y diciembre de 1965]

La desintegracin de la filosofa en el siglo XIX, y su colapso en el XX, produjeron un proceso semejante, aunque ms lento y menos visible, en el desarrollo de la ciencia moderna.

La mejor prueba de esto puede verse en algunas ciencias relativamente jvenes, como la psicologa y la economa poltica. En la psicologa podemos observar el intento de estudiar la conducta humana sin hacer una referencia al hecho de que el hombre es un ser consciente. En economa podemos observar el intento de estudiar y formular sistemas sociales sin hacer referencia al hombre.

Los economistas incluyendo a los partidarios del capitalismo definen su ciencia como el estudio de la direccin o la gerencia o la organizacin o la manipulacin de los recursos de una comunidad o de una nacin. No se define la naturaleza de estos recursos; se da por establecida su propiedad comunal y se entiende que el propsito de la economa poltica consiste en estudiar cmo utilizar estos recursos para el bien comn.

El hecho de que el principal recurso de que se est queriendo disponer es el hombre mismo, que es una entidad de naturaleza especfica con capacidades y necesidades, recibe, si acaso, la ms superficial atencin. Se considera al hombre simplemente como uno de los factores de la produccin, al igual que la tierra, los bosques o las minas, y hasta como uno de los factores menos importantes, puesto que se dedica mayor atencin a la influencia y a la calidad de estos recursos del que se concede a la funcin o a la calidad del hombre.

La economa poltica es, en efecto, una ciencia que arranca a medio camino. Observa que los hombres producen y trafican, y da por supuesto que siempre lo han hecho, dado que no requiere mayores consideraciones y se entrega al estudio del problema de cmo descubrir el mejor modo de que la comunidad disponga del esfuerzo humano.

Hay varias razones para esta consideracin tribal del hombre. Una es la moral del altruismo; otra, es el predominio creciente del estatismo poltico entre los intelectuales del siglo XIX. Psicolgicamente, la principal razn ha sido la dicotoma alma-cuerpo, que ha penetrado y saturado la cultura europea. La produccin de bienes materiales fue considerada como una tarea degradante de orden inferior, impropia del hombre de intelecto, una tarea asignada a los esclavos o a los siervos desde el principio de la historia. La institucin de la esclavitud dur, en una u otra forma, hasta bien entrado el siglo XIX, y slo fue abolida polticamente por el advenimiento del capitalismo; fue abolida poltica, pero no intelectualmente.

El concepto del hombre como individuo libre e independiente ha sido totalmente extrao a la cultura de Europa, que desde sus races ha sido una cultura tribal. En el pensamiento europeo, la tribu ha sido la entidad nica, y el hombre slo una de sus clulas intercambiables. Y eso comprende lo mismo a los amos que a los siervos. Los amos han tenido sus privilegios slo en virtud de los servicios que han prestado a la tribu, servicios considerados como de noble categora: la fuerza armada y la defensa militar. Pero el noble, al igual que el siervo, fue slo un mueble al servicio de la tribu: su vida y su propiedad pertenecan al rey. Debe recordarse que la institucin de la propiedad privada, en el cabal y legal significado del trmino, naci slo con el capitalismo, en las edades precapitalistas, la propiedad privada exista de facto, pero no de dejure; esto es, exista por costumbre y concesin y no por derecho ni por ley. En derecho y en principio toda la propiedad perteneca al jefe de la tribu, el rey, y era tenida slo por permiso y concesin del rey, quien poda revocarlas a su gusto en cualquier momento. (El rey poda expropiar, y de hecho expropi muchas veces, las propiedades de las nobles recalcitrantes, a travs de todo el curso de la historia de Europa).

La filosofa americana de los derechos del hombre no ha sido nunca cabalmente captada por los intelectuales europeos. La idea de emancipacin predominante en Europa ha consistido en el cambio del concepto del hombre como esclavo del Estado absoluto encarnado en el rey, al concepto del hombre como esclavo del Estado absoluto encarnado en el pueblo; es decir, en cambiar del estado de esclavitud respecto al jefe de la tribu, al estado de esclavitud respecto a la tribu. Una perspectiva no tribal de la existencia no poda haber penetrado en mentalidades que consideraban un timbre de nobleza el privilegio de gobernar por la fuerza fsica a los productores de bienes materiales.

Por esto, los pensadores europeos no se dieron cuenta del hecho de que, durante el siglo XIX, los galeotes haban sido reemplazados por los inventores de barcos de vapor y los herreros de aldea por los propietarios de altos hornos, y siguieron pensando en trminos que resultan contradictorios entre s, como los de esclavitud del salario o el egosmo antisocial de los industriales, que toman tanto de la sociedad sin dar nada en cambio, todo esto descansando sobre el axioma indiscutido de que la riqueza es un annimo producto tribal. Semejante nocin ha permanecido indisputada hasta hoy, y representa la premisa implcita y la base de la economa poltica contempornea.

Este principio es compartido lo mismo por los enemigos que por los campeones del capitalismo, proporcionando a los primeros una cierta congruencia interna y desarmando a los ltimos con una sutil pero aniquiladora aura de hipocresa moral, como lo prueban los intentos de stos de justificar el capitalismo sobre la base del bien comn o del servicio al consumidor o de la mejor colocacin de los recursos. (Los recursos de quin?).

Para que el capitalismo pueda ser entendido, es preciso denunciar e invalidar este principio tribal.

La humanidad no es una entidad, ni un organismo ni un agregado coralino. La entidad que interviene en la produccin y en el comercio es el hombre, Y es con el estudio del hombre (y no con el de ese impreciso agregado llamado comunidad) con lo que toda ciencia humanstica tiene que empezar. Esta cuestin representa una de las diferencias epistemolgicas entre las ciencias humansticas y las ciencias fsicas, y una de las causas del bien ganado complejo de inferioridad de aqullas frente a stas. Una ciencia fsica no se permitira (al menos, no se ha permitido) ignorar o pasar por alto la naturaleza de su objeto. Semejante intento significara algo as como una ciencia de la astronoma que contemplara el firmamento, pero se rehusara a estudiar cada una de las estrellas, planetas y satlites, o una ciencia de la medicina que estudiara la enfermedad, pero sin ningn conocimiento ni criterio de la salud y que tomara, como objeto bsico de estudio, un hospital en su totalidad, sin prestar atencin a los pacientes individuales.

Mucho puede aprenderse acerca de la sociedad estudiando al hombre. Pero la inversa no es verdadera: nada puede aprenderse del hombre estudiando la sociedad, es decir, estudiando relaciones entre entidades que no se han identificado ni definido. Sin embargo, ste ha sido el mtodo adoptado por la mayor parte de los economistas. Su actitud, en efecto, equivale al siguiente postulado implcito: El hombre es lo que se ajusta a las ecuaciones econmicas. Y como claramente esto no es cierto, conduce al hecho curioso de que a pesar de la naturaleza prctica de su ciencia, los economistas son incapaces de poner de acuerdo sus abstracciones con los datos concretos de la existencia real.

Esto los lleva a una curiosa especie de doble patrn o de doble perspectiva en su modo de considerar a los hombres y los acontecimientos. Si observan sencillamente a un zapatero, no encuentran la menor dificultad en concluir que est trabajando para ganarse la vida; pero como economistas, dominados por el principio tribal, declaran que el propsito (y el deber) del zapatero es proveer de zapatos a. la saciedad. Si ven a un mendigo en la calle, lo identifican inmediatamente como un vago; pero en economa poltica, este mendigo viene a ser un consumidor soberano. Si escuchan la doctrina comunista de que toda la propiedad pertenece al Estado, la rechazan con energa y sienten sinceramente que estn dispuestos a combatir el comunismo hasta la muerte; pero en trminos de economa poltica, hablan del deber del gobierno de realizar una ms justa distribucin de la riqueza, y consideran a los hombres de negocios como los mejores y ms eficientes administradores de los recursos naturales de la nacin.

Para rechazar esta premisa y para empezar por el principio en el estudio de la economa poltica y en la valuacin de los varios sistemas sociales, debemos empezar por identificar la naturaleza del hombre, es decir, por determinar aquellas caractersticas esenciales que lo distinguen de todas las dems especies vivientes.

La caracterstica esencial del hombre es su facultad racional. La mente del hombre es su medio bsico de supervivencia y su nico medio de adquirir el conocimiento. El hombre no puede sobrevivir, como los animales, atenido a la gula de las meras percepciones. No puede proveer a la satisfaccin de sus necesidades fsicas ms elementales sino gracias a un proceso de pensamiento. Ha de recurrir a un proceso de pensamiento para descubrir cmo plantar y cultivar sus alimentos o cmo hacer armas para la caza. Sus solas percepciones podrn guiarlo hacia una cueva, si la hay a su alcance; pero hasta para construir una simple choza necesitar de un proceso de pensamiento. Ni sus percepciones ni sus instintos le dirn cmo hacer fuego, cmo tejer una tela, cmo fabricar instrumentos, cmo construir una rueda, cmo hacer un aeroplano, cmo ejecutar una apendicectoma, cmo producir una lmpara incandescente o un bulbo electrnico o un ciclotrn o una caja de cerillos. Y, sin embargo, su vida depende de estos conocimientos y slo un acto volitivo de su conciencia, un proceso de pensamiento, puede proporcionrselos.

Un proceso de pensamiento es un proceso enormemente complejo de identificacin y de integracin que slo una mente individual puede realizar. No existe algo as como un cerebro colectivo. Los hombres pueden aprender unos de otros; pero el aprendizaje requiere un proceso de pensamiento de parte de cada aprendiz individual. Los hombres pueden cooperar en el descubrimiento de nuevos conocimientos; pero esta cooperacin requiere el ejercicio independiente, por cada cientfico individual, de sus facultades racionales. Los hombres constituyen la nica especie viviente que puede trasmitir y difundir su acerbo de conocimientos de generacin en generacin; pero esta transmisin requiere un proceso de pensamiento de parte de cada uno de los individuos que la reciben. Pruebas de esto son la decadencia de las civilizaciones y las pocas tenebrosas de la historia del progreso humano, cuando los conocimientos acumulados por siglos se esfumaron de las vidas de hombres que no supieron o no quisieron o a quienes no les fue permitido pensar.

Para sustentar su vida cada especie viviente tiene que seguir cierto curso de accin requerido por su naturaleza. La accin requerida para sustentar la vida humana es, primordialmente, intelectual. Todo lo que el hombre necesita tiene que ser descubierto por su mente y producido por su esfuerzo. La produccin es la aplicacin de la razn al problema de la supervivencia.

Si algunos hombres optan por no pensar, slo pueden sobrevivir imitando y repitiendo por rutina un plan de trabajo descubierto por otros; pero estos otros tuvieron que descubrirlo o ninguno habra sobrevivido. Si algunos hombres optan por no trabajar, slo pueden sobrevivir, temporalmente, apoderndose de los bienes producidos por otros; pero estos otros tuvieron que producir esos bienes o ninguno habra sobrevivido. Cualquiera que sea la eleccin que a este respecto haga cada individuo o cada grupo de individuos, cualquiera que sea la ceguera, la irracionalidad o la perversidad del camino que elijan, siempre seguir siendo cierto que la razn es el medio humano de supervivencia y que los hombres prosperan o fracasan, sobreviven o perecen en la medida de su racionalidad.

Como el conocimiento, el pensamiento y la accin racional son propiedades del individuo; como la eleccin de ejercitar o no ejercitar su facultad racional depende del individuo, la supervivencia del hombre requiere que los que piensan estn libres de interferencias de los que no piensan. Como los hombres no son omniscientes ni infalibles, deben ser libres de asentir o disentir, de cooperar con otros o seguir cada uno su propio camino, de acuerdo con su propio juicio racional. La libertad es el requisito fundamental de la mente humana.

Una mente racional no trabaja sujeta a compulsin; no subordina su percepcin de la realidad a las rdenes, directrices o controles de nadie; no sacrifica sus conocimientos, su concepcin de la verdad, a las opiniones, amenazas, deseos, planes o bienestar de nadie. Esta mente puede ser estorbada por otros, puede ser acallada, proscrita, aprisionada o destruida; pero no puede ser forzada. Una pistola no es un argumento. Ejemplo y smbolo de esta actitud es Galileo.

Todos los conocimientos de la humanidad y todas las realizaciones que ha logrado provienen de la obra y de la inflexible integridad de estas mentes de intransigentes innovadores. Es a ellas a quienes la humanidad debe su supervivencia. El mismo principio rige para todos los hombres en cualquier nivel de habilidad o de ambicin en que estn colocados. En la medida en que un hombre es guiado por su juicio racional, obra de acuerdo con la exigencia de su naturaleza y en esta medida logra realizar una forma humana de supervivencia y bienestar. En la medida en que obra irracionalmente, obra como su propio destructor.

El concepto de los derechos individuales es el reconocimiento social de la naturaleza racional del hombre, de la relacin entre su supervivencia y el uso de su razn.

Aqu he de recordar que los derechos son un principio moral que define y sanciona la libertad de accin del hombre en una estructura social; que los derechos derivan de la naturaleza del hombre como ser racional y representan una condicin necesaria de su modo especifico de supervivencia. Recordar tambin que el derecho a la vida es la fuente de todos los derechos, incluso el derecho de propiedad.

En relacin con la economa poltica, este ltimo derecho requiere nfasis especial. El hombre tiene que trabajar y producir para sustentar su vida. Tiene que sustentarla por su propio esfuerzo y bajo la gua de su propia mente. Si no puede disponer del producto de su esfuerzo, no puede disponer de su esfuerzo; si no puede disponer de su esfuerzo no puede disponer de su vida. Sin derecho de propiedad ningn otro derecho puede ejercitarse.

Ahora, en presencia de estos datos, consideremos la cuestin: qu sistema social es adecuado al hombre?

Un sistema social es un conjunto de principios morales, polticos y econmicos incorporados en las leyes, las instituciones y el gobierno de una sociedad, que determina las relaciones, los trminos de la asociacin entre los hombres que viven en una determinada rea geogrfica. Es evidente que estos trminos y relaciones dependen de la identificacin que se haga de la naturaleza del hombre y sern diferentes si se aplican a una sociedad de seres racionales o a un hormiguero. Es claro que sern radicalmente diferentes si los hombres tratan entre s como individuos libres e independientes, sobre la base de que cada uno es un fin en s mismo, o si tratan como miembros de un conjunto en que cada uno considera a los dems como medios para sus propios fines y como medios para los fines del grupo como unidad total.

Hay slo dos cuestiones fundamentales (o dos aspectos en la misma cuestin) que determinan la naturaleza de un sistema social. Son: este sistema reconoce los derechos individuales? Excluye la fuerza fsica de las relaciones humanas? La respuesta a la segunda pregunta ser la realizacin prctica de la respuesta que se d a la primera.

Es el hombre una entidad individual soberana, duea de su persona, de su mente, de su vida, de su trabajo de sus productos, o es un objeto de propiedad e la tribu (Estado, sociedad, colectividad), que pueda disponer de l como le plazca, dictarle sus convicciones, reescribir el curso de su vida, controlar su trabajo y despojarlos de sus productos? Tiene el hombre derecho de existir para s mismo o nace en la esclavitud como siervo obligado a pagar por su vida con servicios prestados a la tribu, sin esperanza de emancipacin? Esta es la primera cuestin que hay que resolver. Todo lo dems son consecuencias y aplicaciones prcticas. La cuestin bsica es solamente: Es libre el hombre?

En toda la historia de la humanidad, el capitalismo es el nico sistema que responde: S.

El capitalismo es un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, incluso el derecho de propiedad, en el que toda propiedad es poseda individualmente.

El reconocimiento de los derechos individuales lleva consigo la exclusin de la fuerza fsica de las relaciones humanas. Bsicamente, los derechos slo pueden ser violados por medio de la fuerza. En una sociedad capitalista, ningn hombre ni ningn grupo puede iniciar el uso de la fuerza fsica contra los dems La nica funcin del gobierno en esta sociedad es la tarea de proteger los derechos del hombre, es decir, la tarea de protegerlo de la fuerza fsica. El gobierno acta como agente del derecho de defensa del hombre y puede usar la fuerza slo en represalia y slo contra aquellos que inicien su uso. As, el gobierno es el medio para colocar el uso en represalia de la fuerza bajo control objetivo.

Es el hecho metafsico bsico de la naturaleza del hombre, de la relacin entre su supervivencia y el uso de su razn, lo que el capitalismo reconoce y protege.

En una sociedad capitalista, todas las relaciones humanas son voluntarias. Los hombres son libres de cooperar o no, de tratar con otro o no tratar, segn les dicte su propio juicio individual, sus convicciones y sus intereses. Pueden tratar entre s slo en trminos y por medio de la razn, esto es, por medio de la discusin, la persuasin y el pacto voluntario por libre eleccin para beneficio mutuo. El derecho de consentir con otros no es problema en ninguna sociedad; lo que es crucial es el derecho de disentir. La institucin de la propiedad privada protege y pone en prctica el derecho de disentir, y as deja abierto el camino para el ms valioso atributo del hombre (valioso, personal, social y objetivamente): la mente creadora. Esta es la diferencia radical entre el capitalismo y el colectivismo.

La justificacin moral del capitalismo no radica en el argumento altruista de que representa el mejor medio de realizar el bien comn. Es cierto que el capitalismo es, indudablemente, el mejor medio de realizar ese bien comn (si acaso este trmino tiene algn sentido); pero esto es solamente una consecuencia secundaria. La justificacin moral del capitalismo radica en el hecho de que es el nico sistema adecuado a la naturaleza racional del hombre, que protege la supervivencia del hombre en tanto que hombre y cuyo principio rector es la justicia.

Todo sistema social est basado expresa o implcitamente en alguna teora tica. La nocin tribal del bien comn ha servido de justificacin moral a la mayor parte de los sistemas sociales y a todas las tiranas de la historia. El grado de esclavitud o de libertad de una sociedad corresponde al grado en que este principio tribal ha sido invocado o ignorado.

El bien comn (o el inters pblico) es un concepto indefinido e indefinible. No existe una entidad real que sea la tribu o el pblico. La tribu (o el pblico o la sociedad) no es sino un cierto nmero de individuos humanos. Nada puede ser un bien para la tribu como tal; bien y valor corresponden slo a un organismo vivo, a un organismo vivo individual y no a una incorprea red de relaciones.

El bien comn es un concepto carente de sentido, a menos de que se tome literalmente; y en este caso, su nico significado posible es: la suma de los bienes de todos los individuos. Pero entonces el concepto carece de sentido como criterio moral, porque deja abierta la cuestin acerca de cul es el bien de los individuos y cmo se determina.

Pero es que el trmino no se usa generalmente en su sentido literal. Se le acepta y se le usa precisamente por su carcter elstico, indefinible y mstico, que sirve, no como la moral, sino como evasin de la moralidad. Puesto que el bien no es algo aplicable a lo incorpreo, el trmino viene a. ser simplemente un cheque moral en blanco a. favor de quienes presumen de encarnar ese bien.

Cuando el bien comn de una sociedad es considerado como algo distinto y por encima del bien individual de sus miembros, significa que el bien de algunos adquiere preferencia sobre el bien de otros, condenando a estos otros el estado de vctimas sacrificiales. En estos casos, se presupone tcitamente que el bien comn significa el bien de la mayora en contra de la minora o del individuo. Obsrvese el hecho significativo de que esta presuncin es tcita. Aun las mentalidades ms colectivizadas parecen percibir la imposibilidad de justificar esto moralmente. Pero el bien de la mayora es slo un pretexto y un engao, porque, de hecho, la violacin de los derechos de un individuo significa la abrogacin de todos los derechos y deja a la inerme mayora en poder de cualquier pandilla que proclame ser la voz de la sociedad y se ponga a. gobernar por la fuerza fsica, hasta que se vea depuesta por otra pandilla que emplee los mismos medios.

Qu es lo que permite que las vctimas y, lo que es peor, los observadores, acepten sta y otras atrocidades histricas semejantes y todava se aferren al mito del bien comn? La respuesta est en la filosofa, en las teoras filosficas sobre la naturaleza de los valores morales.

Hay, en esencia, tres escuelas de pensamiento acerca de la naturaleza del bien: la intrnseca, la subjetiva y la objetiva. La teora intrnseca sostiene que el bien es inherente a ciertas cosas o a ciertas acciones como tales, independientemente de sus circunstancias y de sus consecuencias, independientemente de los beneficios o daos que puedan causar a los sujetos afectados. Es una teora que separa el concepto del bien del beneficiario y el concepto de valor de todo valuador y de todo propsito, afirmando que el bien es bien en s mismo y por s mismo.

La teora subjetivista sostiene que el bien no guarda relacin con los hechos de la realidad, que es el producto de la conciencia del hombre, creado por sus sentimientos, sus deseos, sus intuiciones o sus caprichos, y que es meramente un postulado arbitrario, o un compromiso emocional.

La teora intrnseca sostiene que el bien reside en alguna forma de realidad independiente de la conciencia del hombre; la teora subjetivista sostiene que el bien reside en la conciencia del hombre, independientemente de la realidad.

Por su parte, la teora objetiva sostiene que el bien no es un atributo de las cosas en s mismas ni de los estados emocionales del hombre, sino una valuacin de los hechos de la realidad por la conciencia del hombre, de acuerdo con un patrn racional de valor. (Racional en este caso significa: derivado de los hechos de la realidad y validado por un proceso de la razn). La teora objetiva sostiene que el bien es un aspecto de la realidad en relacin con el hombre que debe ser descubierto, no inventado, por el hombre. Para una teora objetiva de los valores es fundamental la cuestin: valor para quin y para qu? Una teora objetiva no permite omitir la circunstancia ni sustraer el concepto; no permite separar el valor del propsito, el bien del beneficiario y las acciones del hombre, de su razn.

De todos los sistemas sociales en la historia de la humanidad, el capitalismo es el nico sistema basado en una teora objetiva de los valores.

La teora intrnseca y la teora subjetivista, o una mezcla de ambas, son la base indispensable de toda dictadura, de toda tirana y de todas las variantes del Estado absoluto. Sea que estas teoras sean sostenidas en una forma consciente o en una forma subconsciente, ya sea en la forma expresa de un tratado filosfico o en el confuso caos de los ecos de ste en los sentimientos del hombre comn, estas teoras hacen posible para un hombre creer que el bien es independiente de la mente humana y que puede ser realizado por la fuerza fsica.

Si un hombre cree que ciertos actos son en s intrnsecamente buenos, no dudar en forzar a. otros a ejecutarlos. Si cree que el beneficio o el dao causado a los hombres por tales actos carece de importancia, ver un mar de sangre como algo carente de importancia. Si cree que los beneficiarios de esos actos carecen de significacin propia o que son sustituibles unos por otros, considerar las matanzas en masa como su deber moral en servicio de un bien ms alto. Ha sido la teora intrnseca de los valores la que produjo un Robespierre, un Lenin, un Stalin, un Hitler. No es mera casualidad el que Eichmann fuera kantiano.

Si otro hombre cree que el bien es fruto de una eleccin subjetiva arbitraria, la disyuntiva entre el bien y el mal se convertir para l en sta: mis sentimientos o los de los otros. Con este hombre no hay medio de comunicacin o de entendimiento. La razn es el nico medio de comunicacin entre los hombres, y la realidad objetivamente perceptible su nico cuadro de referencia. Cuando stos se invalidan o se estiman insignificantes en el campo de la moral, la fuerza viene a ser el nico medio de trato entre los individuos. Cuando el subjetivista propugna la realizacin de su ideal social, se siente autorizado moralmente a subyugar a los dems por su bien (de ellos), puesto que siente que l posee el bien y que a su realizacin slo se ponen los equivocados sentimientos de los otros.

As, en la prctica, los sostenedores de la teora intrnseca y los de la teora subjetivista se mezclan y confunden. Y tambin se confunden en trminos de su psico-epistemologa. Porque cmo descubren los moralistas de la escuela intrnseca, su bien trascendental si no por medio de sus personales intuiciones y revelaciones no racionales, es decir, por medio de sus sentimientos?

Es dudoso que alguien pueda sostener cualquiera de estas teoras como una expresa, aunque equivocada conviccin; pero ambas sirven como racionalizaciones del afn de poder y de gobierno por la fuerza bruta, dejando suelto al tirano en potencia y desarmando a sus vctimas.

La teora objetiva de los valores es la nica teora moral incompatible con el rgimen de la fuerza. Y el capitalismo es el nico sistema basado implcitamente en una teora objetiva de los valores. La tragedia es que esto no se ha puesto nunca en claro.

Si uno sabe que el bien es objetivo, esto es, determinado por la naturaleza de la realidad, pero que tiene que ser descubierto por la mente del hombre, se da uno cuenta de que cualquier intento de realizar el bien por la fuerza fsica es una monstruosa contradiccin, que niega de raz la moralidad, destruyendo la capacidad del hombre para reconocer el bien; esto es, su capacidad de valuar. La fuerza invalida y paraliza el juicio humano, exigiendo al hombre que acte en contra de su juicio y hacindolo con esto moralmente impotente. Un valor que est uno forzado a aceptar al precio de anular su propia mente no es un valor para nadie. Pretender hacer el bien por la fuerza es como dotar a un hombre de una galera de pinturas al precio de sacarle los ojos. Los valores no pueden existir (no pueden ser valuados) sin atender al conjunto total de la vida, las necesidades, los propsitos y los conocimientos del hombre.

La teora objetiva de los valores impregna la estructura toda de una sociedad capitalista.

El reconocimiento de los derechos individuales implica el reconocimiento del hecho de que el bien no es una inefable abstraccin en alguna dimensin sobrenatural, sino un valor perteneciente a la realidad, a esta tierra, a las vidas de seres humanos individuales. (Recurdese el derecho a la bsqueda de la felicidad). Implica que el bien no puede ser separado de la idea del beneficiario, que los hombres no pueden ser considerados intercambiables y que nadie, ni el individuo ni la tribu, puede pretender realizar el bien de algunos al precio de la inmolacin de otros.

El mercado libre representa la aplicacin social de una teora objetiva de los valores. Como los valores tienen que ser descubiertos por la mente humana, los hombres deben ser libres para descubrirlos, para pensar, para estudiar, para traducir su conocimiento a formas fsicas, para ofrecer sus productos en intercambio, para justipreciarlos y para elegirlos, trtese de bienes materiales o de ideas, lo mismo una pieza de pan que un tratado filosfico. Puesto que los valores tienen que ser establecidos en relacin con las circunstancias, cada hombre debe juzgar por s mismo, dentro del mbito de sus propios conocimientos, intereses y propsitos. Puesto que los valores estn determinados por la realidad de la naturaleza, es esta realidad la que sirve como rbitro final de los hombres. Si el juicio del hombre es correcto, la recompensa ser suya; si es incorrecto, l ser la vctima.

En relacin con un mercado libre, es particularmente importante entender la distincin entre los conceptos de valor intrnseco, subjetivo y objetivo. El valor de mercado de un producto no es un valor intrnseco, no es un valor en s mismo suspendido en el vaco. Un mercado libre no pierde nunca de vista la cuestin: valioso para quin? Dentro del amplio campo de la objetividad, el valor de mercado de un producto no refleja su valor filosficamente objetivo, sino slo su valor socialmente objetivo.

Por filosficamente objetivo entiendo un valor estimado desde el punto de vista de lo ptimo posible al hombre, es decir, estimado por el criterio de la mente ms racional poseedora de los mayores conocimientos en una categora dada en un periodo determinado y en una circunstancia definida. (Nada puede ser estimado en relacin con circunstancias indefinidas). Por ejemplo, puede probase por razn que el aeroplano es objetivamente de mucho mayor valor para el hombre (para el hombre ideal) que la bicicleta; puede demostrarse que las obras de Vctor Hugo son objetivamente ms valiosas que las revistillas de confidencias. Pero si la capacidad intelectual de un hombre determinado le permite apenas disfrutar de estas revistillas, no hay ninguna razn para exigirle que gaste sus escasos recursos (que son el producto de su esfuerzo) en adquirir libros que no es capaz de leer; ni hay por qu imponerle que contribuya al sostenimiento de la industria aeronutica, si sus necesidades de transporte no van ms all del alcance de una bicicleta. Y, por otro lado, tampoco hay ninguna razn para que el resto de la humanidad haya de ser retenido al nivel del gusto literario, de la capacidad industrial y de la potencialidad econmica de este hombre. Los valores no se determinan por decreto ni por voto mayoritario.

As como el nmero de sus adeptos no es prueba de la verdad o falsedad de una idea, ni del mrito o demrito de una obra de arte ni de la eficacia o ineficacia de un producto, as tambin el valor de mercado de los bienes y servicios no representa necesariamente su valor filosficamente objetivo, sino slo su valor socialmente objetivo, esto es: la suma de los juicios individuales de todos los hombres comprendidos en un momento dado en el trfico de esos bienes o servicios, la suma de lo que ellos valan, cada uno dentro de la circunstancia de su propia vida.

De este modo, un manufacturero de lpices labiales puede amasar una fortuna mucho mayor que la de un fabricante de microscopios, aun cuando pueda racionalmente demostrarse que los microscopios son cientficamente mucho ms valiosos que los lpices labiales. S, pero valiosos para quin? Un microscopio no es valioso generalmente para una modesta taqugrafa que lucha por ganarse la vida con su trabajo, y, en cambio, un lpiz labial s lo es. Un lpiz labial puede significar para ella la diferencia entre la confianza en s misma y la desconfianza entre el esplendor y el sudor.

Pero esto no significa, sin embargo, que los valores que rigen el mercado sean subjetivos. Si esta taqugrafa gasta todo su dinero en cosmticos, sin reservar nada para el uso de un microscopio en el momento en que lo necesite (cuando tenga que pagar por ello con ocasin de un anlisis de laboratorio para su salud), aprender que debe hacer una mejor distribucin de sus ingresos. El mercado libre le servir de preceptor: no tendr manera de hacer pagar a otros por los errores de ella. Si ha actuado con prudencia, tendr a su disposicin el microscopio para sus propias y especiales necesidades y no ms; pagar por l en la medida en que le importa y no tendr que tributar para sostener todo un hospital, ni un laboratorio de investigaciones, ni el viaje a la Luna de una cpsula espacial. Dentro de su propia capacidad productiva, pagar una parte del costo de los adelantos cientficos, en la ocasin y en la medida en que los necesite. No tiene ningn deber social; su propia vida es su propia responsabilidad, y la nica cosa que el sistema capitalista le exige es la nica cosa que la naturaleza exige: racionalidad, esto es: que viva y obre de acuerdo con lo mejor de su propio juicio.

Dentro de cada categora de bienes y servicios ofrecidos en un mercado libre, es el proveedor del mejor producto al ms bajo precio el que obtiene el mayor rendimiento econmico en ese campo; no automtica ni inmediatamente ni por decreto, sino por virtud del libre mercado, que ensea a cada participante a buscar lo mejor objetivo dentro de la categora de su propia competencia y castiga a los que actan por consideraciones irracionales.

Y advirtase aqu que un mercado libre no nivela a todos los hombres con un rasero, que los criterios intelectuales de la mayora no rigen ni un mercado libre ni una sociedad libre, y que los hombres excepcionales, los innovadores, los gigantes intelectuales no se ven detenidos por la mayora. De hecho, son los miembros de esta minora selecta los que elevan a toda una sociedad libre al nivel de sus propias realizaciones, en tanto que ellos siguen ascendiendo ms y ms.

Un mercado libre es un proceso continuo que no puede ser detenido, es un proceso progresivo que exige lo mejor (lo ms racional) de cada hombre y lo retribuye en proporcin. Cuando la mayora estaba asimilando apenas el valor del automvil, la minora creadora introdujo el aeroplano. La mayora aprende por demostracin; la minora es libre de demostrar. El valor filosficamente objetivo de un nuevo producto sirve como preceptor de quienes estn dispuestos a ejercer su facultad racional, cada uno en la medida de su habilidad. Los que no estn dispuestos, pierden la recompensa, lo mismo que los que aspiran a ms de lo que su habilidad puede producir. El inerte, el irracional, el subjetivista, carecen de poder para detener a sus mejores.

La pequea minora de los adultos que, aunque estn dispuestos, son incapaces de trabajar, tiene que depender de la caridad voluntaria. La mala fortuna no es un ttulo para imponer la servidumbre. No hay eso del derecho a consumir; la necesidad no da derecho a controlar y a destruir a aquellos sin los cuales uno sera incapaz de sobrevivir. (En cuanto a las depresiones y al desempleo en masa, hay que advertir que no son causados por el mercado libre, sino por la interferencia de los gobiernos en la economa).

Los parsitos mentales, los imitadores que tratan de proveer a lo que consideran que es el gusto conocido del pblico, se ven constantemente superados por los innovadores, cuyos productos elevan el conocimiento y el gusto del pblico a ms altos niveles. Y es por esto por lo que puede afirmarse que un mercado libre est regido no por los consumidores sino por los productores. Los ms prsperos son los que descubren nuevos campos de produccin, campos cuya existencia se ignoraba.

Puede ocurrir que un producto nuevo no sea debidamente apreciado desde luego, sobre todo si constituye una innovacin demasiado radical; pero salvo casos excepcionales, se impondr a la larga. Y en este sentido puede decirse que el mercado libre no est regido por el criterio intelectual de la mayora, la que prevalece slo en un momento dado. El mercado libre est regido por aquellos que son capaces de ver y de planear a largo alcance; y mientras ms fina la mente, ms largo el alcance.

El valor econmico del trabajo de un hombre en un mercado libre est determinado por un solo principio: por el consentimiento voluntario de aquellos que estn dispuestos a darle en cambio su trabajo o sus productos. Este es el sentido moral de la ley de la oferta y la demanda: representa el repudio total de dos doctrinas viciosas: el principio tribal y el altruismo. Representa el reconocimiento del hecho de que el hombre no es propiedad ni siervo de la tribu, que el hombre trabaja para sostener su propia vida (que es a lo que est obligado por su propia naturaleza), que ha de ser guiado por su propio inters racional y que si quiere tratar con los otros, no puede esperar que ellos sean sus vctimas sacrificiales, no puede esperar recibir de ellos valores sin darles en cambio valores equivalentes. Y el solo criterio de lo que es equivalente, a. este respecto, es el juicio libre, voluntario y exento de coaccin de los contratantes.

La mentalidad tribal ataca este principio por dos lados aparentemente opuestos. Por un lado, se alega que el mercado libre es injusto para el genio y, por otro, que lo es para el hombre comn. La primera objecin se expresa generalmente con una pregunta como sta: por qu Elvis Presley gana ms dinero que Einstein? La respuesta es: porque los hombres trabajan para sostener su vida y disfrutar de ella, y si muchos encuentran un valor en Elvis Presley, tienen todo el derecho de gastar su dinero en obtener su propia satisfaccin. La fortuna que tiene Presley no se la ha quitado a los que no gustan de su trabajo (yo soy de ellos) ni se la ha arrebatado a Einstein, ni estorba la actividad de Einstein. ni impide que Einstein logre la estimacin y el sostn que merece en una sociedad libre en el nivel intelectual apropiado.

Consideremos ahora la segunda objecin, la que alega que un hombre de aptitud comn est en injusta desventaja en un mercado libre.

Ved ms all del alcance del momento, vosotros los que clamis que temis competir con hombres de inteligencia superior, los que decs que la inteligencia de los ms aptos es una amenaza a vuestras vidas, que el fuerte no deja oportunidad al dbil en un mercado de trato voluntario. Cuando vivs en una sociedad racional, donde los hombres son libres para contratar, estis recibiendo un beneficio incalculable: el valor material de vuestro trabajo est determinado no slo por vuestro esfuerzo, sino por el esfuerzo de las mejores mentes productivas que existen en el mundo que os rodea.

La mquina, esta forma materializada de la inteligencia viva, es la fuerza que expande la potencia de vuestras vidas, elevando la productividad de vuestro tiempo. Cada hombre es libre para elevarse tan alto como quiera y pueda; pero slo la medida en que piense determinar la altura a que llegue.

La labor fsica, como tal, no se extiende ms all del alcance del momento. El hombre que no hace sino trabajo material, consume el equivalente de valor material de su propia contribucin al proceso de la produccin y no deja ningn valor excedente ni para s mismo ni para los dems. Pero el hombre que produce una idea en cualquier campo de la actividad racional, el hombre que descubre nuevos conocimientos, es el benefactor permanente de la humanidad. Slo el valor de una idea puede ser compartido con un nmero ilimitado de hombres haciendo a todos los partcipes, ms ricos, sin prdida ni sacrificio de ninguno, elevando la capacidad productiva de cualquier labor que ejecuten.

En proporcin a la energa mental que gasta el hombre que crea un nuevo invento, no recibe sino un mnimo porcentaje de su valor en trminos de pago material, cualquiera que sea la fortuna que logre, cualquiera que sea el nmero de millones que gane. Pero el hombre que trabaja de portero en una fbrica que produjo ese invento, recibe un pago enorme en proporcin al esfuerzo mental que su trabajo requiere de l. Y lo mismo es cierto de todos los hombres colocados en la escala en cualquier nivel de ambicin o habilidad. El que est en la cspide de la pirmide intelectual contribuye ms que ningn otro al bien de todos los que estn debajo de l y, sin embargo, no obtiene nada fuera de su pago material, no recibe de los dems ningn beneficio intelectual que aadir al valor de su tiempo. El hombre colocado en el punto nfimo de la escala, que abandonado a s mismo perecera en su ineptitud sin esperanza, no contribuye en nada para los que estn arriba de l y recibe, sin embargo, el beneficio de los cerebros de todos.

Tal es la competencia entre el fuerte y el dbil intelectual. Tal es el sistema de explotacin por el que habis condenado al fuerte.

Y sta es la relacin del capitalismo con la mente y con la supervivencia del hombre.

El magnfico progreso realizado por el capitalismo en un breve periodo de tiempo, el mejoramiento espectacular de las condiciones de la existencia humana sobre la Tierra, es un hecho histrico que no puede ser ocultado, evadido ni desfigurado por toda la propaganda de los enemigos del capitalismo. Pero lo que hay que hacer notar con especial nfasis es el hecho de que este progreso fue logrado por medios no sacrificiales.

El progreso no puede obtenerse por privaciones forzadas, exprimiendo un excedente social de vctimas desfallecientes. El progreso proviene slo del excedente individual, es decir, del trabajo, de la energa, de la superabundancia creadora de aquellos hombres que son capaces de producir ms de lo que su consumo personal requiere, de aquellos que son intelectual y econmicamente capaces de buscar lo nuevo, de mejorar lo conocido, de ir hacia adelante. En una sociedad capitalista en que tales hombres son libres de funcionar y de tomar sus propios riesgos, el progreso no exige un sacrificio para algn remoto futuro; es parte de la vida presente, es lo normal y lo natural, es logrado al mismo tiempo y en la medida en que los hombres viven y disfrutan de sus propias vidas.

Considrese ahora la otra alternativa: la sociedad tribal, donde todos los hombres ponen sus esfuerzos, sus valores, sus ambiciones y sus anhelos en una olla comn, esperando hambrientos alrededor del borde, mientras el capataz de una banda de cocineros la menea, con una bayoneta en una mano y un cheque en blanco sobre las vidas de todos en la otra. El ms claro ejemplo de este sistema es la Unin de Repblicas Soviticas Socialistas.

Hace medio siglo, los capataces soviticos ordenaron a sus sbditos ser pacientes, aceptar privaciones y hacer sacrificios para la industrializacin del pas, prometindoles que esto sera slo temporal, que la industrializacin les traera la abundancia y que el progreso sovitico sobrepasara al del occidente capitalista.

Hoy, la Rusia sovitica sigue siendo incapaz de alimentar a su pueblo, aunque los cabecillas se atropellan por copiar, tomar o robar los adelantos tcnicos del occidente. La industrializacin no es una meta esttica; es un proceso dinmico con un rpido ndice de obsolescencia. Por esto, los infelices siervos de una economa tribal planificada, que desfallecan de hambre esperando generadores elctricos y tractores, estn ahora muriendo de hambre en espera de fuerza atmica y viajes interplanetarios. En un Estado del Pueblo, el progreso de la ciencia es una amenaza para el pueblo y cada adelanto se obtiene extrayndolo del enjuto pellejo del pueblo.

No es sta la historia del capitalismo.

La abundancia de Estados Unidos de Amrica no fue creada por sacrificios pblicos al bien comn, sino por el genio productivo de hombres libres que buscaron sus propios intereses personales, labrando sus propias fortunas privadas. No hambrearon al pueblo para pagar por la industrializacin. Dieron al pueblo mejores ocupaciones, salarios ms altos y mercancas ms baratas con cada nueva mquina que inventaron, con cada nuevo descubrimiento cientfico y cada nuevo adelanto tcnico, y as todo el pas avanz paso a paso en la senda del progreso, lucrando y no padeciendo.

Pero, cuidado con invertir la relacin de causa a efecto! El bien de la nacin fue posible, precisamente, porque no fue impuesto sobre nadie como deber moral; result meramente como efecto. La causa fue el derecho del hombre a procurar su propio bien. Es este derecho y no sus consecuencias lo que representa la justificacin moral del capitalismo.

Pero este derecho es incompatible con la teora intrnseca y con la teora subjetiva de los valores, con la moral altruista y con el principio tribal. Bien claro se ve cul es el atributo humano que se rechaza cuando se rechaza la objetividad: y a la vista de los xitos del capitalismo, bien claro se ve contra qu atributo humano estn coludidos la moral altruista y el principio tribal: contra la mente del hombre, contra la inteligencia y especialmente contra la inteligencia aplicada a los problemas de la supervivencia humana, esto es, contra la habilidad productiva. Mientras el altruismo trata de despojar a la inteligencia de sus logros, sosteniendo el deber moral del apto de servir al inepto y de sacrificarse por las necesidades de cualquiera, el principio tribal da un paso ms all: niega la existencia de la inteligencia y su funcin en la produccin de la riqueza.

Es inmoral considerar la riqueza como un annimo producto tribal y hablar de redistribuirla. La idea de que la riqueza es resultado de algn confuso proceso colectivo en el que todos pusieron algo sin que pueda determinarse qu hizo cada quien (de donde pudiera surgir la necesidad de alguna forma de equitativa distribucin), podra quiz ser adecuada en la jungla para una horda salvaje transportando piedras por bruta fuerza fsica (aunque, aun all, alguien tuvo que haber iniciado y organizado el transporte); pero sostener esta idea en una sociedad industrial, donde la labor individual est pblica y precisamente identificada, es tan crasa falsedad que aun concederle el beneficio de la duda resulta indecoroso.

Cualquiera que haya sido alguna vez empleador o empleado, que haya visto a los hombres trabajando o haya ejecutado l mismo una sola honrada jornada de labor, sabe la importancia crucial que en todos y cada uno de los gneros de trabajo, desde el ms bajo hasta el ms alto, tienen la habilidad, la inteligencia, la mente competente y concentrada. Y sabe que la habilidad, o la falta de habilidad (real o simulada), constituye una diferencia de vida o muerte en cualquier proceso productivo. La evidencia de esto es tan clara y abrumadora -terica y prcticamente, lgica y empricamente, en los acontecimientos de la historia y en los sucesos cotidianos de la vida de cada quien que nadie puede alegar ignorancia. Errores de tal magnitud nunca son inocentes. Cuando los grandes industriales amasan fortunas en un mercado libre (esto es, sin el uso de la fuerza y sin asistencia o interferencia del gobierno) crean riqueza nueva; no se la quitan a los que la han creado. Y si lo dudis, echad una mirada al producto social total y al estndar de vida de aquellos pases donde a esos hombres no se les ha permitido existir!

Obsrvese cun raras veces y de qu manera tan inapropiada se trata de la inteligencia humana en los escritos de los teorizantes de la posicin tribal-estatista-altruista. Obsrvese cmo los partidarios actuales de una economa mixta evaden y evitan cuidadosamente toda mencin de la inteligencia y de la habilidad en sus anlisis de las cuestiones poltico-econmicas, en sus alegatos, en sus exigencias por los grupos de presin para el saqueo del producto social total.

Con frecuencia se pregunta: por qu el capitalismo ha sido destruido, a pesar de sus incomparables beneficios? La respuesta radica en el hecho de que la savia vital que nutre a todo sistema social es la filosofa dominante en la cultura de ese sistema, y el capitalismo ha carecido de una base filosfica. Fue el producto final y tericamente incompleto de la influencia aristotlica. Cuando una nueva ola de misticismo inund la filosofa del siglo XIX, el capitalismo qued abandonado en un vaco intelectual, rota su vena nutricia. Ni su sentido moral, ni aun sus principios polticos, han sido cabalmente entendidos y definidos. Sus supuestos defensores lo consideraron compatible con los controles gubernamentales, es decir, con la interferencia del gobierno en la economa, ignorando el sentido y las implicaciones del concepto de laissez faire. Y as, lo que en la prctica existi en el siglo XIX no fue el capitalismo puro, sino varias economas mezcladas en diversos grados. Y como los controles requieren y engendran nuevos controles, fue el elemento estatista de las mezclas el que las arruin y fue el elemento capitalista libre el que carg con la culpa.

El capitalismo no puede sobrevivir en una cultura dominada por el misticismo y por el altruismo, por la dicotoma alma-cuerpo y por el principio tribal.

Ningn sistema social, ninguna institucin, ninguna actividad humana puede sobrevivir sin una base moral.


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