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Pueden los estados benefactores en democracia sobrevivir las crisis financieras?

“Como he afirmado en varias ocasiones, el Estado Benefactor puede sobrevivir si se pone un lmite a s mismo en general; el Estado Benefactor de transferencias discriminatorias no sobrevivir. Si los lderes polticos modernos se mueven estrictamente dentro del redistribucionismo, enfrentarn una rebelin tributaria en detrimento de los ms necesitados de apoyo estatal. En la democracia, los pobres pueden transitar con otro en el carruaje, no pueden esperar transitar solos, al menos de una manera confortable.”


James M. Buchanan
LUNES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2011
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Introduccin

Es generalmente reconocido que los estados benefactores en las democracias occidentales, en Europa y Estados Unidos (tambin se puede incluir a Japn en la lista) enfrentan severas crisis financieras. Las demandas de los electores por transferencias benefactoras, basadas en las expectativas del pblico sobre la continuidad de los programas corrientes, exceden la recaudacin que los mismos electores estn dispuestos a pagar en impuestos. Existe un desequilibrio entre los dos lados de las cuentas del presupuesto. Slo en las dcadas del 80 y del 90 las vulnerabilidades de los expandidos estados benefactores se volvieron crecientemente evidentes, junto con el reconocimiento de que no era sustentable en el largo plazo. El modelo suizo con generosos programas de apoyo general a los ingresos, junto con una muy alta presin tributaria, fue totalmente transformado de patrones a imitarse en los aos 60 a patrones a ser evitados en los aos 90.

No es necesario discutir aqu los temas en detalle las caractersticas institucionales pas por pas. La crisis en los Estados Unidos, en Espaa, en Italia, en Alemania, en Suecia, en Japn y en otras partes son lo suficientemente similares para permitir una discusin que puede aplicarse en general.

En artculos anteriores y en mi prximo libro adelant los argumentos en el sentido de que para que sobrevivan las democracias deben intentar preservar la generalidad o cuasi generalidad de los programas de bienestar social y, por el contrario, que la introduccin de la discriminacin abierta a travs de mtodos de prueba y objetivos slo pueden debilitar el apoyo del pblico tal vez hasta el punto de hacer insostenible al estado benefactor. Debe surgir una versin poltica de la tragedia de los comunes cuando y si grupos de inters identificables se dan cuenta de los beneficios o transferencias particulares que se prometen a travs de impuestos discriminatorios crecientes.

Lamentablemente las democracias benefactoras occidentales estn cambiando en una direccin opuesta a la que yo sugerira como deseable. Enfrentados con presiones crecientes reclamando por supuestos derechos sobre los fondos recaudados por impuestos acompaados por presiones igualmente fuertes en contra de una mayor presin tributaria, los lderes polticos (de todas las extracciones ideolgicas) son presionados para buscar soluciones seleccionando lo que ellos consideran los objetivos ms vulnerables. Por qu debera permitirse a los ricos, que pueden haber participado junto con otros en el financiamiento de los programas de bienestar, participar de lo beneficios cuando, claramente, los miembros de este grupo pueden financiar su propio retiro y seguro mdico? No se realiza una distincin de categoras entre un programa de bienestar social general y uno que apoya solamente a los que estn definidos como en necesidad. En trminos de las implicancias polticas es importante distinguir entre el estado benefactor general y el estado benefactor discriminatorio. Y lo que veo que ocurre es que las democracias occidentales que se estn pasando a esta ltima con muy poco o ningn reconocimiento de lo que est ocurriendo.

En las siguientes lneas, primero examinar el desarrollo histrico del Estado benefactor de las democracias, seguido de un diagnstico del dilema en el que los estados benefactores modernos se encuentran. Esto incluye el diagnstico de algunos de los elementos que durante el ltimo siglo provocaron crecientes disparidades entre lo que se le pide al Estado y la capacidad de atenderlas. Luego de este diagnstico, discutir en ms detalle la diferencia entre programas generales y discriminatorios. Por ltimo sugiero que la apertura de la economa mundial, determinada tecnolgicamente, pondr lmites al dilema del funcionamiento del Estado benefactor en todos los pases.

El Estado Benefactor en la Historia

Puede ser til comenzar contrastando las actitudes pblicas hacia la poltica en el siglo XX y en el XVIII. Muchas veces he pedido a la audiencia y a los lectores que se ubiquen mentalmente a fines del siglo XVIII, particularmente como lo representaban David Hume, Adam Smith y los padres fundadores de Amrica, especialmente James Madison. Estas y otras figuras importantes del Iluminismo no pensaban en trminos de cmo el Estado la organizacin colectiva- poda promover el bienestar de los individuos; su principal inters radicaba en evitar que el Estado tiranizara a los individuos. Cmo poda la autoridad poltica, que ellos reconocan que era necesaria para evitar saltar hacia o desde la anarqua Hobbsiana? Cmo poda el Estado proveer el marco dentro del cual las personas puedan llevar a cabo sus actividades sin pasar estos lmites? El tema principal era: cmo limitar el poder poltico. A estos filsofos sociales no les interesaba responder a la pregunta: Cmo puede el Estado activamente promover el bienestar de los ciudadanos?

Es escepticismo del siglo XVIII acerca de la poltica y los polticos, en realidad acerca de toda la gobernabilidad poltica, desapareci en el siglo XIX. Podemos identificar varias fuentes que provocaron este cambio. El romanticismo alemn surgi para contraponerse al liberalismo clsico, y este romanticismo estuvo acompaado de la nocin hegeliana de que el hombre finalmente se realiza a s mismo por completo solamente en la experiencia colectiva. Una segunda fuente invoca a lo que he llamado la falacia electoral. En la poca histrica que estamos viendo, los gobiernos estaban en el proceso de transformarse de monarquas autocrticas, con una separacin clara entre clases aristocrticas y rangos inferiores, en democracias electorales. La Revolucin Francesa finalmente ocurri y la soberana popular adquiri significado genuino en las actitudes del pblico. Era de esperar que este giro produjera una suavizacin del escepticismo acerca de la eficacia de la poltica como as tambin del comportamiento de los polticos. Si nosotros, el pueblo, podemos deshacernos de los opresores, Por qu nos deberamos preocuparnos por controlar al nuevo poder?

Finalmente, el genio de Karl Marx nunca debe subestimarse. Marx brillantemente contrapuso las implicancias lgicas de la todava incompleta economa clsica y las caractersticas indeseables que se observaban del naciente capitalismo industrial. l, y sus seguidores, inteligentemente se abstuvieron de una definicin cuidadosa de la alternativa socialista; de esta manera que la imaginacin romntica volara para construir utopas inviables.

Esta breve historia nos ayuda a entender la motivacin del Prncipe Bismarck al introducir el Estado Benefactor al final del siglo XIX. l le tema tanto a la democracia popular como a la revolucin marxista, y predijo que los trabajadores industriales podran ser mantenidos leales al colectivo al Estado- si eran sobornados con promesas de seguridad social. En cierta medida Bismarck tuvo xito; el atractivo de la ideologa marxista nunca fue lo suficientemente fuerte para convertirse en una fuerza importante en los pases desarrollados. Pero Bismarck crea en el atractivo de los programas de bienestar financiado por el Estado en un marco poltico y con una votacin abierta, aun incluyendo tanto a los que reciben los beneficios como a los que pagan impuestos.

El siglo XIX se caracteriza por la maduracin de las ideas del Estado Benefactor de Bismarck en general, se pas de transferencias estatales limitadas a transferencias masivas al llegar el final del siglo un proceso que pudo llevarse adelante sin inhibiciones luego de los desajustes de las dos grandes guerras y de la Gran Depresin entre ocurrida entre ellas. El moderno Estado Benefactor lleg a todo su esplendor slo despus de la segunda mitad del siglo XX. El hecho de que esto haya ocurrido temporalmente junto con la demanda de recursos de la Guerra Fra confirma la popularidad poltica de los programas de transferencias fiscales y tambin sugiere el desequilibrio potencial cuando y si los compromisos insostenibles hacen cobrar conciencia al pblico.

Por no el Estado Benefactor?

Un crtico puede estar pronto a preguntar cul es el problema. Si las personas a travs de sus representantes y partidos elegidos democrticamente, eligen gastar algo o inclusive una suma considerable para financiar transferencias fiscales en apoyo de aquellos que necesitan de asistencia social, por qu la consecuencia debera ser insolvencia poltica o del gobierno? Por qu es el Estado Benefactor incompatible con la democracia?

Hay dos caractersticas distintivas de las modernas democracias que se combinan para generar la incompatibilidad. Primero, de la manera que estn organizadas las instituciones mayoritarias de la democracia, las decisiones polticas no se toman por consenso de todas las personas o por sus representantes. En cambio, las decisiones se toman a travs de acuerdos de organizaciones de coaliciones mayoritarias que ejercen la autoridad para tomar decisiones involucrando a todos los miembros de la comunidad poltica. La lgica natural de la regla de la mayora implica trato diferencial o discriminatorio hacia aquellas personas o grupos que estn en minora. Por s misma esta caracterstica discriminatoria de la regla de la mayora no tiene por qu crea problemas mayores si las coaliciones mayoritarias rotaran en ciclos electorales secuenciales y si la explotacin de las minoras se mantienen dentro de lmites a travs de restricciones operativas.

Sin embargo, cuando se identifica una segunda caracterstica una que es ampliamente descriptiva de los Estados Benefactores modernos- se siembran las semillas de la insolvencia fiscal o de una revuelta fiscal. Si las coaliciones mayoritarias estn autorizadas a iniciar acciones fiscales que no slo implementan transferencias entre distintos grupos o clases de ciudadanos dentro del ciclo electoral temporalmente definido, sino que tambin implica que las transferencias fiscales continuarn en los perodos subsecuentes de dominio electoral, puede dar lugar a una creciente presin de obligaciones. La rotacin de la autoridad poltica entre coaliciones de mayoras que se alternan no tender a autocorregirse.

Considere el siguiente ejemplo ilustrativo. Una coalicin mayoritaria, llamada A, ejerce su autoridad constitucional y comienza un programa de derechos por el cual se designan a todos los miembros de algn grupo, t, como beneficiarios de una transferencia fiscal. Si estas transferencias se autorizan slo por un perodo, o perodo tras perodo, no surge ninguna dificultad particular. Una coalicin alternativa, llamada B, podra, cuando llega al poder, simplemente eliminar la transferencia hacia los miembros de t o elegir a otro grupo que se beneficie de ella. Sin embargo, en el moderno Estado Benefactor, un programa de beneficios con final abierto se interpreta ampliamente como que implica que, una vez elegido como grupo beneficiado por transferencias fiscales, los miembros de dicho grupo tienen derechos legtimos sobre la recaudacin de todos los perodos futuros. La poltica moderna procede cmo si la aprobacin de un programa de gastos de beneficencia implicara dos componentes distintos: (1) transferencias fiscales durante el perodo de aprobacin de la ley y (2) promesas u obligaciones para realizar transferencias similares en los perodos siguientes. Es como si se hubiese creado una deuda que encierra una obligacin de parte de la unidad poltica a hacerse cargo de los reclamos de todos los que inicialmente fueron elegidos como beneficiarios de las transferencias.

Considere la situacin que enfrenta la coalicin mayoritaria alternativa, B, en este escenario. Negarse a cumplir con los reclamos de los miembros de t, el grupo beneficiado, equivale a incumplimiento de la deuda pblica. Antes que seguir este curso de accin suicida, la coalicin simplemente cumplir con los reclamos y, por su propia iniciativa, buscar satisfacer a sus respaldos polticos estableciendo un nuevo programa de transferencias. Cualquier intento de disminuir el tamao de las transferencias, dentro de las democracias modernas, se vuelve imposible debido a la combinacin del poder de la mayora por un lado y las supuestas deudas por otro.

Por qu ahora?

Es relativamente fcil identificar los elementos involucrados en el desarrollo tanto de las instituciones polticas como de la actitud del pblico hacia estas instituciones que han llevado los problemas a dimensin de crisis en los ltimos aos del siglo XX y que hace ms difcil una solucin satisfactoria de estos problemas. Primero de todo, esta es la arrogancia fatal del socialismo (Hayek 1988) que encierra la separacin entre produccin y consumo de los bienes econmicos (Buchanan 1993). La arrogancia lleva directamente al aumento del Estado Benefactor, que por lo general se defiende con un argumento basado en el supuesto de que las demandas de derechos sobre los bienes econmicos reflejadas en las transferencias fiscales se apoyan en un stock pre-existente inagotable y continuo. El final de los grandes experimentos socialistas, a travs de las revoluciones comprendidas ente 1989-91, contribuyeron mucho a modificar esta arrogancia fatal, pero todava se mantienen residuos en el comportamiento poltico y del pblico.

En segundo lugar est la ilusin keynesiana que fue especialmente importante en las dcadas crticas de mitad del siglo cuando se form el estado benefactor. En una formacin mental que implica una separacin total entre el anlisis del funcionamiento macroeconmico y la poltica de la implementacin, se adelantaron argumentaciones que parecan ofrecer una supuesta justificacin a favor de una financiacin del dficit por encima de lo que surge de los principios clsicos de finanzas slidas (Buchanan y Wagner, 1977). La menor preocupacin acerca de la creacin de medidas de dficit fiscal explcitas implica a su vez una menor preocupacin acerca de las deudas implcitas de los programas de transferencias sin una finalizacin determinada. Adems, inclusive si los reclamos en perodos futuros sobre la recaudacin fiscal son plenamente reconocidos, la falta de preocupacin sobre el dficit fiscal inspirada en Keynes provoca aceptacin en vez de oposicin. Si las estructuras no permiten generar la suficiente recaudacin fiscal para cumplir con las demandas, por qu no financiar estos reclamos emitiendo ms deuda?

Las dos primeras fuentes de stress fiscal implican errores de razonamiento mala ciencia- que tienen influencias importantes en la formacin de la accin poltica. Surgen elementos exacerbantes adicionales de los cambios estructurales a partir de las cuales surgi el Estado Benefactor durante la segunda mitad del siglo y que estarn sujetos a cambios en las prximas dcadas. La tercera fuente de stress fiscal es familiar, surge del cambiante perfil generacional de todos los Estados Benefactores de Occidente. En todos los pases una parte muy importante de las transferencias es la que cae sobre el ingreso productivo y lo pasa a los que se han retirado del trabajo productivo. Estos sistemas se basan en estructuras de transferencias, y, como tales, la tasa tributaria que se requiere para financiar cualquier nivel de pago a los retirados depende fundamentalmente de la relacin proporcional de estos dos grupos. Si la poblacin crece ya sea por mayor tasa de natalidad o por inmigracin, los pagos de las jubilaciones pueden mantenerse e incrementarse sin crear presiones presupuestarias impropias. Si, por el contrario, el crecimiento de la poblacin es lento y toda la poblacin vive ms, la tasa tributaria necesaria para mantener los niveles de jubilacin existentes se vuelven intolerables. Y, como todo el mundo sabe, esta relacin se est moviendo en la direccin incorrecta en los Estados Benefactores de Occidente, casi todos ellos tienen estructuras de pensiones basadas en transferencias masivas.

Un elemento final que merece una mencin especial aqu se aplica directamente al segundo mayor gasto en el moderno Estado Benefactor: el financiamiento del gasto en salud. En este caso las demandas tiende a ser ilimitados en el tiempo en amplio contraste con las jubilaciones, estas demandas no estn definidos objetivamente en unidades monetarias. Por el contrario, las demandas se hacen en especien (cuidado mdico) que debe proveerse por una industria. Dejando de lado los temas de moral involucrados, la traduccin necesaria de servicios a costos puede hacerse sin mayores dificultades en un contexto donde la tecnologa no cambia o lo hace muy lentamente. Pero, si la tecnologa cambia rpidamente, y si los cambios implican costos crecientes, hay un elemento inflacionario interno en el programa, casi independientemente de cmo se lleve a cabo la provisin de los servicios. La dificultad se vuelve ms severa si los miembros de la sociedad, como beneficiarios potenciales de los servicios, como as tambin sus agentes polticos, quedan a merced de los expertos de la industria proveedora para definir qu es y qu no es un servicio adecuado. Con los desarrollos en la medicina moderna hacia el final del siglo, parece poco probable que una reorganizacin de los programas de salud puedan asegurar que los gastos sern suficientes para acompaara al avance tecnolgico.

El Estado Benefactor General y la Eficiencia Poltica

Voy a resumir la argumentacin anterior. He sostenido que el funcionamiento de una democracia mayoritaria en un marco constitucional que permite la introduccin de supuestos derechos debe producir un fuerte aumento en los programas de transferencias. Luego he identificado algunas fuentes que han intensificado la presin fiscal hacia el final del siglo. Estas falsas ideas se resumen en la arrogancia fatal de la ilusin del socialismo y del keynesianismo que fracasaron en visualizar apropiadamente las consecuencias de largo plazo de las medidas adoptadas. Estas consecuencias son, a su vez, ms serias de lo que hubieran sido debido a la mayor esperanza de vida de la poblacin en las democracias occidentales y debido al explosivo desarrollo de la tecnologa en la medicina.

Los argumentos que realic dan una explicacin a las crisis que se enfrentarn hacia finales del siglo. Hay dos maneras en que los Estados pueden responder, y ya he expresado mi temor de que las respuestas sean en el camino errado y no en el correcto. Es til clarificar ms la distincin.

El Estado Benefactor de Bismarck puede describirse con precisin como general o cuasi-general en sus caractersticas bsicas. Con estos trminos me refiero al hecho de que los programas han sido financiados a travs de impuestos generales en su mayor parte, y que los beneficios tambin se otorgaron en otorgaron en forma general en vez de hacerlo en forma discriminatoria o diferencial. Considero que los sistemas de retiro de reparto se basaron en criterios cuasi generales. Estas estructuras implican, en realidad, transferencias de un grupo hacia otro. Pero se mantiene la generalidad en el sentido que todas las personas tienen esperanzas de calificar para recibir una jubilacin porque todas las personas (que sobreviven) se vuelven viejas. Los programas de salud tienen las mismas caractersticas, no todas las personas se enferman, pero todas las que se enferman califican para recibir un subsidio de programas financiados por el Estado.

La generalidad o cuasi generalidad es un elemento crtico importante para determinar la eficiencia poltica de quines se beneficiarn con los programas de bienestar social. Considere la situacin que enfrenta un miembro de una coalicin mayoritaria exitosa, o su partido poltico, al tener que elegir entra alcuotas de impuestos y gastos para tal o cual programa, incluyendo la manera de elegir como pueden rescatarse esos programas de caer en un caos fiscal. Un aumento en la alcuota general de los impuestos necesariamente se aplica a todos los miembros de la sociedad incluyendo a aquellos que forman parte de la coalicin mayoritaria. No se tratar un aumento de los impuestos como una carga para la minora que no est en el poder y lo mismo ocurrir con los cambios en los beneficiarios. En un sistema general o cuasi general, las elecciones polticas no pueden reflejar un tratamiento diferencial o discriminatorio entre grupos separados de gobernantes.

La generalidad o cuasi generalidad puede llegar a mantenerse en respuesta a una crisis fiscal modificando las tasas de impuestos y/o las tasas de transferencias para todos los miembros de la sociedad. Por ejemplo, las jubilaciones basadas en un esquema de transferencias puede hacerse solvente incrementando la presin tributaria general, disminuyendo los jubilaciones a todas las personas, cambiando la edad en que se jubila la gente o alguna combinacin de las tres anteriores. La eficacia poltica de toda la estructura se incrementa porque, en cualquiera de estos cambios, todas las personas y grupos comparten el ajuste. La ventaja es pequea o nula para asegurarse ser miembro de la coalicin poltica mayoritaria.

Estas reformas se pueden contrastarse dramticamente con las que violan el principio de generalidad o cuasi generalidad y reflejan una respuesta a la crisis fiscal a travs de la introduccin o ampliacin de un trato discriminatorio tanto en los impuestos como en las transferencias. Tomemos como ejemplo la introduccin de promedios para determinar si una persona califica o no para acceder a una jubilacin. Si las personas que tienen un ingreso o acumulan una riqueza que superan ciertos lmites definidos no califican para acceder a la jubilacin, a pesar de haber estado pagando los impuestos durante su vida laboral, necesariamente considerarn que el sistema es explotador. Ocurrirn cambios de actitud similares si se aumentan los impuestos slo a algunos miembros del programa y dejando a otros con impuestos reducidos. Los discursos polticos se concentrarn en los conflictos de distribucin entre las distintas clases, y el juego poltico mismo se convertir en una fuente de formacin de conflicto de clases.

Cualquier intento de modificar el Estado Benefactor moderno que se aleje de programas generales o cuasi generales de ayuda crear incentivos para que los polticos inviertan recursos en organizar coaliciones mayoritarias. Si los programas del Estado Benefactor comienzan a ser considerados como medios a travs de los cuales, aquellos que son exitosos polticamente, pueden asegurarse ganancias a costa directa de los que no son exitosos polticamente, el desperdicio de recursos involucrado en la bsqueda de la renta de la mayora crecer sustancialmente. En este escenario poltico, el Estado Benefactor occidental como lo conocemos no sobrevivir. Un Estado Mezclador, como fue definido provocativamente por Anthony de Jasay (1985), reemplazar al Estado Benefactor, tal vez no en el nombre pero si en la realidad.

Los Estados Benefactores Democrticos y la Economa Globalizada

Llegados a este punto, la discusin ha transcurrido bajo el presupuesto implcito de que las distintas unidades nacionales son totalmente autnomas una de las otras. Como se hizo notar antes, el problema de las democracias de bienestar maduras son significativamente similares, a tal punto que la discusin general son igualmente aplicables en todas las naciones. Sin embargo, el punto que ahora quiero enfatizar es que los distintos Estados nacionales, como unidades polticas, no son autnomos, y las fuerzas competitivas generadas en un mundo econmico crecientemente integrado impone restricciones al conjunto de opciones polticas como as tambin en las direcciones de los cambios perseguidos por cada uno de los Estados.

Cualquier programa de bienestar, involucrando tanto impuestos como transferencias, es econmicamente ineficiente en el sentido restringido y convencional. Puede producirse una canasta ms grande (y de mayor valor) de bienes y servicios si no existiera un proceso de transferencia a travs de los impuestos. Por supuesto, las ineficiencias de este tipo, pueden ser disfrazadas como costos que son superados por los beneficios que un programa de bienestar social promete como mejor a un objetivo alternativo seguridades sociales de distintas formas.

Ms all y por encima de estas ineficiencias econmicas, familiarmente conocidas como cargas excesivas, los sistemas de bienestar social pueden crear ineficiencias polticas en varios grados de importancia. Y, como se dijo anteriormente, la estructura de un programa de bienestar social en s misma puede generar su propia prdida de eficiencia. En la medida que un programa hace diferencias entre clases o grupos, ya sea por el lado de los impuestos o por el lado de las transferencias, se generan incentivos adicionales para invertir en esfuerzos que aseguren un tratamiento favorable y que protejan de los desfavorables. La ineficiencia poltica se da a travs de la bsqueda de renta de la mayora (Buchanan 1995) y se puede medir por la cantidad de recursos destinados al intento de organizar y reunir a las coaliciones de mayoras dominantes en posicin de autoridad poltica.

La ineficiencia poltica no se elimina totalmente en un Estado Benefactor que se sujete a normas generales o cuasi generales. Pero cerrando las fuentes ms importantes de discriminacin las ganancias y prdidas deben seguramente detener el despilfarro masivo que de otra manera se podra predecir que ocurrira. Pero, qu es lo que puede surgir para impedir que las fuerzas naturales de las polticas internas no se encaminen por un sendero discriminatorio? Aqu, por lo menos me parece a m, puede surgir una competencia entre unidades nacionales, real o potencial que proteja inclusive a las mayoras polticas contra el exceso lgicamente implcito de un batido de distribucin.

Las democracias occidentales, junto con otros pases desarrollados, estn crecientemente abiertas al flujo de comercio y de movilidad de capital de la era de la electrnica. Los cuadros de las ligas internacionales van desapareciendo lentamente de la prensa y la CNN ofrece a cualquiera y en cualquier parte lo que est ocurriendo en cualquier lugar. Una coalicin mayoritaria que encuentra que sus polticas producen prdidas comparadas internacionalmente no se podr mantener en el poder. Por supuesto, el tamao relativo cobra importancia en este punto. Las presiones, digamos sobre Nueva Zelanda, para transformar su sobredimensionado Estado Benefactor durante la dcada del 80 eran naturalmente superiores que las presiones, digamos de los Estados Unidos durante la dcada del 90. Sin embargo, parece apropiado concluir que ningn Estado moderno puede mantenerse muy ineficiente debido al exceso de sus conflictos distributivos internos. El dilema de las condiciones en el cual todos los grupos pierden en un sentido de costo de oportunidad ser demasiado obvio; se llevarn a cabo reformas constructivas que restauren la generalidad al menos en alguna medida, aunque tambin puede ser una consecuencia necesaria reducciones en los programas.

Las fuerzas por la competencia se oponen naturalmente a las fuerzas de la cartelizacin, y estas fuerzas compensadoras operan tanto en el terreno nacional como en el internacional. Los defensores de un Estado Benefactor sobredimensionado y discriminatorio harn esfuerzos para asegurar acuerdos internacionales que aseguren grados comparables de subsidios en los distintos pases, y de esta manera apuntan a eliminar las presiones competitivas.

Europa merece un prrafo especial en relacin a esto, dado que el peligro de una centralizacin efectiva parece muy real. Mi propia interpretacin es que Europa, al comienzo de la dcada del 90, perdi su nica oportunidad histrica de organizarse en un genuino federalismo competitivo (ver Buchanan, 1990b, 1997a). La visin dirigiste, que surge de Bruselas y ser refleja en los trminos del Tratado de Maastricht, parece haberse impuesto. Y los distintos estados naciones dejaron de competir unos con otros en la red integrada de intercambio europea. Ha habido una falla general para entender la diferencia fundamental entre una uniformidad emergente de un proceso competitivo y una uniformidad impuesta como medio de evitar que este proceso competitivo ocurra.

Se puede anticipar que una Europa en que los Estados Benefactores separados estn centralizados perder en la comparacin internacional con los pases de Asia, Amrica Latina e inclusive Norte Amrica que reforman sus programas sociales en una lnea que disminuye el despilfarro de recursos que provoca la competencia por la bsqueda de renta. El modelo social que muchos europeos sostienen que es superior en comparacin con los Estados benefactores ms limitados de otros lugares no ser econmicamente viable en el siglo XXI.

Conclusin

Me he concentrado casi exclusivamente en los elementos que provocan las crisis econmicas fiscales que confrontan las democracias de Occidente debido a los compromisos insostenibles de varios programas de transferencias de seguridad social. No he analizado todo el conjunto de temas importantes que pueden empeorar en vez de atenuar las crisis fiscales ms leves. Me refiero aqu a la continua y saludable disipacin de lealtades de unidades polticas nacionales histricamente definidas (naciones estado) junto con las implicancias de un gobierno democrtico centralizado. Federalismo, descentralizacin, privatizacin, comunitarismo, sociedad civil, estos trminos estn en el aire y sus puntos comunes implcitos no sugieren que los Estados Benefactores, como los conocemos hoy, puedan sobrevivir. Mi punto central es slo sugerir que la supervivencia es posible slo si se conserva la generalidad. Como he afirmado en varias ocasiones, el Estado Benefactor puede sobrevivir si se pone un lmite a s mismo en general; el Estado Benefactor de transferencias discriminatorias no sobrevivir. Si los lderes polticos modernos se mueven estrictamente dentro del redistribucionismo, enfrentarn una rebelin tributaria en detrimento de los ms necesitados de apoyo estatal. En la democracia, los pobres pueden transitar con otro en el carruaje, no pueden esperar transitar solos, al menos de una manera confortable.


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