Pesos y contrapesos
May 25, 2020
Arturo Damm

¡Ya basta de abusos!

El subsidio a los cineastas para producir y ofrecer sus películas implica la redistribución del ingreso desde el contribuyente hasta el cineasta, lo cual es una expoliación legal, razón por la cual debe cesar, y no por falta de interés en el séptimo arte, sino por respeto al derecho de propiedad de los contribuyentes sobre sus ingresos.

El gobierno puede garantizar derechos, satisfacer necesidades y defender intereses, pero solamente debe garantizar derechos. Para satisfacer necesidades y/o defender intereses debe redistribuir el ingreso: quitarle a Pedro lo que es suyo para darle a Juan lo que no es suyo. Debe practicar la expoliación legal.

Lo anterior viene a cuento por la reacción, ¡en contra!, de la comunidad cinematográfica ante la intención del gobierno de desaparecer el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine, fideicomiso para la producción, postproducción, distribución y exhibición de largometrajes, desaparición que apoyo. ¡Ya basta de abusos!

Soy cinéfilo y, como tal, estoy dispuesto a financiar, pagando el boleto en taquilla, la producción de las películas que estoy dispuesto a ver. ¿Quién debe financiar la producción de bienes y servicios? Los consumidores. ¿Cómo? Pagando el precio al que el oferente está dispuesto a venderlos. ¿Qué debe pasar con los productos por los que el consumidor no está dispuesto a pagar ese precio? Deben dejar de producirse.

Como cinéfilo de hueso colorado estoy dispuesto a financiar la producción de películas pagando mi boleto en taquilla, pero me opongo a que, cobrándome impuestos, el gobierno me obligue a entregarle parte del producto de mi trabajo para, con una parte de esa parte, subsidiar la producción de películas. Me opongo a que me obligue a hacer como contribuyente (subsidiar la producción de películas), lo que no estoy dispuesto a hacer como cinéfilo (financiar la producción que películas que no estoy dispuesto a ver).

El subsidio gubernamental destinado a la producción, postproducción, distribución y exhibición de películas no tiene como objetivo, ni garantizar un derecho, ni satisfacer una necesidad, sino defender un interés. ¿Cuál? El de los cineastas para producir y ofrecer sus películas, subsidio que implica la redistribución del ingreso desde el contribuyente hasta el cineasta, lo cual es una expoliación legal, razón por la cual debe cesar, y no por falta de interés en el séptimo arte, sino por respeto al derecho de propiedad de los contribuyentes sobre sus ingresos.

Considerando lo anterior me viene a la memoria esta definición de Bastiat: “El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todos los demás”, lo cual es imposible, por lo que una parte, aquella a la que el gobierno subsidia (cineastas), vive a expensas de otra, aquella a la que grava (contribuyentes).

Por lo pronto, ante la (vergonzosa) protesta de la (parasitaria) comunidad cinematográfica, Mario Delgado tuiteó esto: “No vamos a dictaminar la iniciativa que extingue los fideicomisos hasta que establezcamos mesas de trabajo con los sectores involucrados”.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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