JUEVES, 6 DE JULIO DE 2006
Réquiem para el PRI

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“El PRI pasará a ser una institución con trascendencia regional dependiendo de los gobernadores que sigan utilizando esa franquicia política, mientras que a nivel nacional continuará en vías de extinción.”


La tantas veces anunciada muerte del otrora invencible Partido Revolucionario Institucional hoy sí parece inminente e inevitable por la debacle que le significó el resultado de las elecciones del 2 de julio en las que se perfiló como una distante tercera fuerza política con la quinta parte de los votos totales.

 

La organización política concebida por el general Plutarco Elías Calles (1924-28) para evitar que los mexicanos recurrieran a la violencia como única vía para llegar al poder, en realidad nunca fue un partido político en el sentido estricto del término pues jamás tuvo una plataforma ideológica.

 

Lo anterior no significa que los gobiernos priístas carecieran de ideología sino que ésta varió de acuerdo al pensamiento y los deseos del presidente en turno. El Partido simplemente adoptaba el tono en boga para teñir su ideología cada seis años.

 

El sistema funcionó muy bien para generar estabilidad política y económica, lo que permitió la etapa más prolongada de crecimiento en la historia del México independiente aunque sus credenciales democráticas fueran, en el mejor de los casos, debatibles.

 

El populismo y las consecuentes crisis económicas hirieron al sistema priísta de muerte al forzarlo a abrirse primero en lo económico y eventualmente también en lo político, en forma análoga a las secuelas que tuvo la adopción de similares reformas, Perestroika y Glasnost, en el sistema soviético.

 

El PRI se mantuvo unido con la esperanza de recuperar la presidencia que perdió hace seis años pero la ambición política y estrechez de miras de Roberto Madrazo impidieron que se dieran los pasos necesarios para convertir la máquina electoral en un verdadero partido político.

 

Se hubiera requerido que como presidente del PRI Madrazo hubiera renunciado a cualquier aspiración para postularse como candidato presidencial, y haber convocado a las mejores mentes del Partido a crear una plataforma ideológica moderna, persuasiva e incluyente en lugar del “nacionalismo revolucionario” que no significa nada.

 

Los gobernadores priístas también jugaron un papel importante en la derrota del Partido, pues su poder político y acceso a recursos económicos crecieron notablemente al no tener ya un Presidente de la República que los tratara como piezas menores en el ajedrez político nacional.

 

A los gobernadores priístas tampoco convenía que ganara el demagogo López Obrador pues tenían claro que el sí sería capaz de restaurar el viejo PRI a partir de los restos del PRD y con la poderosa combinación que la falta de escrúpulos y la chequera del gobierno federal le daban para comprar la adhesión de priístas huérfanos de poder en el Congreso de la Unión.

 

Con AMLO en la presidencia, a los gobernadores priístas les hubiera ido aún peor que con Madrazo pues la personalidad y ambiciones del primero hubieran resultado en la completa restauración de la Presidencia Imperial a la que aludía Enrique Krauze, con la consecuente pérdida de poder a nivel estatal.

 

¿Cómo fue posible que Madrazo ignorara todos los avisos de que se aproximaba la debacle? Finalmente lo entendí cuando una prominente priísta relató en una reunión en la que estuve presente la aritmética electoral de Madrazo, que a partir de un supuesto “voto duro” del PRI hacía literalmente las cuentas del Gran Capitán para llegar a la certeza del triunfo.

 

El segundo gran reto que le espera al Presidente electo Felipe Calderón -el primero será superar la denuncia de la elección, la previsible amenaza de violencia y las presiones callejeras de AMLO- será construir las alianzas necesarias con legisladores priístas que le permitan gobernar y sacar adelante la agenda reformista atorada.

 

Mientras tanto el PRI pasará a ser una institución con trascendencia regional dependiendo de los gobernadores que sigan utilizando esa franquicia política, y a nivel nacional continuará en vías de extinción.


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