MARTES, 11 DE JULIO DE 2006
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Manuel Suárez Mier







“Es el momento de cerrar filas detrás del candidato presidencial ganador, Felipe Calderón, y defender un proceso electoral impecable que involucró a millones de mexicanos”


Sabíamos que López Obrador rechazaría el resultado de la elección presidencial si le era adverso como ocurrió puntualmente. Siempre pensé que lo haría independientemente del margen de su derrota aunque algunos analistas consideraban que con una diferencia de más de 5% no podría armar mucho lío.

 

La diferencia fue de apenas 0.58% y AMLO y sus secuaces ya están dedicados de tiempo completo a sembrar entre sus partidarios las semillas de la ilegitimidad del proceso. Más preocupante aún es que también plantan dudas en segmentos de la población más allá de sus fervientes fanáticos.

 

A mi juicio, el candidato ganador Felipe Calderón debe desactivar la campaña contra la legitimidad de la elección antes de intentar apaciguar a AMLO por la vía de ofrecerle una especie de cogobierno, fatal idea que nunca podría funcionar dado el talante del demagogo iluminado.

 

AMLO planea una triple estrategia para anular los resultados de la elección:


1. Impugnar por la vía jurídica su validez ante el Trife. Está en todo su derecho de hacerlo y corresponderá a los magistrados que componen la Sala Superior del Tribunal juzgar la sinrazón de sus argumentos.

 

2. Llamar a sus adictos a iniciar manifestaciones públicas que al principio tendrán la consigna de ser pacíficas, como lo anunció el líder perredista en el D.F., Martí Batres, quien sin ningún recato comparó a su jefe con Ghandi. Esta vía de protesta predeciblemente subirá de tono conforme las instituciones y el gobierno no cedan a sus demandas de invalidar los comicios.

 

3. Deslegitimar la limpieza de la elección y exigir el recuento universal de los votos, inventando fraudes como las ilusorias actas marginadas del PREP, la supuesta desaparición de tres millones de votos y los que se les vayan ocurriendo de aquí en adelante. Hay que recordar que AMLO y sus secuaces son expertos en fraudes electorales por lo que tienen un amplio bagaje para urdir mentiras que ayuden al desprestigio de la elección presidencial.

 

La última de las tres estrategias enumeradas tiene por objeto atraer al campo de los dubitativos a números crecientes de ciudadanos y de medios de comunicación internacionales con la intención de ir minando la legitimidad del proceso electoral tanto en México como en el extranjero.

 

Resulta increíble que diarios respetables como el Financial Times de Londres reproduzcan sin cuestionar las falsedades y amenazas de Manuel Camacho, quien repite una y otra vez que “el pueblo está muy enojado” por el inventado fraude electoral.

 

Adam Thomson, su corresponsal en México, ha escrito por lo menos en cuatro ocasiones la amenaza de Camacho que si AMLO “no asume el liderazgo de la muchedumbre habrá caos,” sin reparar que el caos y la violencia no los protagoniza el pueblo sino los delincuentes profesionales a sueldo del PRD que sirven como sus fuerzas de choque: taxistas piratas, los panchos villa expertos en invadir propiedades, y líderes corruptos de vendedores ambulantes.

 

Para echarle más gasolina al fuego, un artículo de opinión en el Washington Post de ayer recomendó al demagogo literalmente tomar “el camino rastrero, mentir y engañar, sacar la gente a las calles y amenazar con violencia antes de reconocer su derrota,” para forzar al recuento de votos y que a AMLO no le pase lo que a Al Gore en las elecciones de Estados Unidos del año 2000.

 

Es el momento de cerrar filas detrás del candidato presidencial ganador, Felipe Calderón, y defender un proceso electoral impecable que involucró a millones de mexicanos. Hay que responder puntualmente a las calumnias que llegan a los medios informativos. Es indispensable tener a la mejor gente enfrentando el triple ataque de AMLO a la legalidad de nuestras elecciones.

 

 


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