MIÉRCOLES, 12 DE JULIO DE 2006
¿Candidato de los pobres?

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“El candidato presidencial cuyos programas llevan a la creación de oportunidades en México, reduciendo de paso los incentivos para abandonar el país, es Felipe Calderón y no el “candidato de los pobres”.”


Me llamó la atención que el conductor del debate radiofónico en el que participé anteayer en National Public Radio, Tom Ashbrook, hiciera con toda naturalidad una caricatura maniquea de los candidatos punteros a la presidencia de México al preguntar cuál sería mejor para Estados Unidos.

 

El conductor citado caracterizó a Felipe Calderón como el candidato que apoyan los empresarios (ergo, los ricos) y a López Obrador como el aspirante preocupado por los pobres, para de ahí saltar a la pregunta ¿con cuál de los dos habrá menos mexicanos tratando de emigrar a Estados Unidos?

 

Si uno acepta la premisa planteada la conclusión que se extrae es obvia. Si AMLO, el campeón de los pobres, va a sacarlos de ese lamentable estado, su llegada al poder debiera aplaudirse en Estados Unidos pues en un México con menos indigentes la población tendrá menores incentivos para abandonarlo.

 

Pero como toda simplificación al absurdo, ésta no se sostiene. Es de suponer que tanto Calderón como López Obrador tienen la intención de hacer un buen gobierno, lo que implica por necesidad atacar el problema de la pobreza de los mexicanos.

 

La principal diferencia es cómo plantean hacerlo cada uno de ellos. Calderón cree en un modelo económico que opera con base en el libre mercado debidamente regulado y acotado por un gobierno activo e inteligente que pone las reglas del juego y hace que todos los jugadores las cumplan.

 

Un país que logra lo anterior genera los incentivos necesarios para atraer más inversión y ahorro, lo que, a su vez, le permitiría alcanzar un más rápido crecimiento económico, generar empleo, recaudar más impuestos y de esa manera canalizar mayores recursos para atenuar la pobreza. Cómo gastar esos recursos es de la mayor importancia.

 

FC seguiría con los programas iniciados hace tres lustros, mantenidos y mejorados por los últimos gobiernos, que han tenido buenos resultados. Solidaridad-Progresa-Oportunidades, que plantean apoyos calibradamente dirigidos a atender necesidades básicas como alimentación, salud y educación, han sido un éxito en disminuir la pobreza extrema con el reconocimiento de instituciones internacionales de seriedad indudable.

 

En adición, Calderón ha reconocido la urgencia de mejorar sustancialmente el sistema educativo, lo que implica ventilar y resolver peliagudos problemas políticos vinculados con la situación sindical del magisterio que en buena medida son causantes del pésimo nivel de la educación pública.

 

En contraste con lo que plantea hacer por los pobres “el candidato de los ricos” ¿qué ofrece AMLO? Desparecer los programas “neoliberales” contra la pobreza que no permiten crear clientelas políticas manipulables, y remplazarlos por los regalos que instituyó en la capital para ancianos, madres solteras y discapacitados que probadamente no sirven para reducir la pobreza.

 

Por el contrario, no hay ninguna evidencia empírica avalada por una institución independiente que permita afirmar que la pobreza en la ciudad de México se abatió durante la gestión de AMLO igual que no hay el menor indicio que sus programas educativos estén mejorando la situación de los educandos.

 

Pero más grave aún, un gobierno con AMLO a la cabeza muy probablemente acabaría con los equilibrios financieros y provocaría nuevas crisis que lleven a la depreciación del peso, al reinicio de inflaciones elevadas e impredecibles y al deterioro en los salarios reales, todo lo cuál resultaría en mucho mayor pobreza.

 

Planteado así, resulta evidente que el candidato presidencial cuyos programas llevan a la creación de oportunidades en México, reduciendo de paso los incentivos para abandonar el país, es Felipe Calderón y no el “candidato de los pobres,” lo que no pasó de ser una genial frase publicitaria como lo fue hace tiempo “la rubia de categoría” que se usó para vender cerveza.


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