Asuntos Políticos
Jul 13, 2006
Cristina Massa

Quienes mal gobiernen, poco gobernarán

Los grandes perdedores de la contienda, el PRI y su candidato, recibieron un mensaje claro de la ciudadanía: el elector sí tiene memoria y no sólo de corto plazo.

Con la colaboración de Edgar Moreno

 

Desde hace meses, los grandes temas nacionales duermen una larga siesta. Han sido puestos en reposo por el ruido electoral. Después de las elecciones del domingo, aún no termina la parafernalia. La realidad, nuevamente, superó las expectativas. La carrera presidencial alcanzó los niveles más altos de competitividad que ha conocido el país. No hay todavía nada para nadie y probablemente conoceremos al ganador definitivo en algunas semanas. Sabemos que el triunfo en los conteos distritales para Felipe Calderón está lejos de ser aceptado por el PRD y que se puede judicializar y politizar el asunto todavía por largo rato, aunque al menos en nuestro parecer el PRD tiene poco que ganar cuestionando a las instituciones. Parece ser un escenario tipo guerra fría: mutual destruction assured.

 

En cualquier caso, la elección federal de 2006 tiene muchas lecciones que dar. Incluso después de los comicios, la novedad de la contienda sigue llevándonos por caminos que no se habían andado. La democracia mexicana será la gran ganadora de este ejercicio electoral y las instituciones de la democracia deberían salir fortalecidas. Aunque como ya se ha señalado, el gobierno deberá construirse con alianzas que podrían dificultarse con una contienda tan polarizante.

 

Durante los próximos tres años habrá gobierno dividido. Ni más ni menos. La pluralidad del país se verá reflejada en la conformación de sus órganos de gobierno. Las decisiones que involucren la intervención del Congreso deberán ser apoyadas por al menos dos de las fuerzas políticas mayoritarias en el Legislativo. Al final esto significa que se incluirá, en el diseño de las políticas públicas en México, las preferencias de una mayoría del electorado.

 

En ese sentido debe plantearse el problema de construir gobierno. Más allá del ganador de la contienda presidencial, pueden y deben hacerse algunas proyecciones de lo que sucederá en el próximo sexenio. Independientemente del triunfo del PAN o PRD en la presidencia, el PRI se torna como uno de los factores políticos más relevantes. Más allá del fracaso electoral del otrora partido hegemónico, su posición en el congreso y la legitimación de la elección se tornan fundamentales.

 

Hay dos escenarios posibles para el Revolucionario Institucional. Por un lado, la articulación de una nueva dirigencia que mantenga cohesivas las fracciones parlamentarias del partido y se erija como un actor político de consensos. Por otro, el desmoronamiento de la histórica disciplina legislativa del PRI, como consecuencia de una desbandada de sus legisladores hacia los partidos mayoritarios: PAN y PRD. El escenario más probable parece ser el primero.

 

Si el PRI es abandonado por sus legisladores se deberá a dos factores. En primer lugar, porque en lo individual los propios legisladores deriven mayores beneficios políticos de incorporarse a los otros partidos. En segundo escenario podría ocurrir si la dirigencia del partido no logra sanear las divisiones internas entre los políticos del viejo PRI y los que pujan por una reforma de las posiciones ideológicas del partido.

 

Si el PRI se mantiene cohesivo, su poder de negociación aumentará considerablemente en la medida en que se convierta en el aliado natural del partido que gane la presidencia. La distribución del Congreso obligará a la construcción de coaliciones entre al menos dos de las fuerzas más relevantes. En este sentido, el PRI puede ser el actor necesario para lograr la aprobación de reformas y apoyar las políticas públicas del Ejecutivo.

 

Las posiciones extremas, al menos en términos relativos, del PAN y el PRD dificultarán una posible coalición parlamentaria entre ellos. El PRI, en cambio, está situado entre ambos partidos, con lo que se hace más probable que pueda realizar alianzas parlamentarias con el PAN y el PRD. La posición ideológica y numérica del PRI en el Congreso, le permitirá ser quien defina el sentido de las reformas o la permanencia del status quo.

 

Con esto en mente es probable que el PRI consiga en la mesa, al menos parte de lo que perdió en las urnas. Los incentivos para dejar el partido disminuyen para los legisladores. No sólo sus votos definirán el resultado del trabajo legislativo y con ello su influencia en el diseño de las políticas públicas será mayor, sino que también podrán aspirar a cargos públicos (e indulgencias plenarias) que sean intercambiados por apoyos parlamentarios.

 

Las posibilidades de ver acuerdos son muchas e importantes. La necesidad de las reformas aumentará el costo político de no aprobarlas. La elección de 2006 ha dado una última gran lección a los políticos. Quienes mal gobiernen, poco gobernarán. En Puebla el empequeñecido y corrupto gobernador consiguió una paupérrima minoría de los distritos para su partido, un penoso segundo lugar en la contienda senatorial y un vergonzoso tercer lugar en los distritos capitalinos. Los grandes perdedores de la contienda, el PRI y su candidato, recibieron un mensaje claro de la ciudadanía: el elector sí tiene memoria y no sólo de corto plazo.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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