VIERNES, 14 DE JULIO DE 2006
Las profecías de Casandra

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Por primera vez en el último lustro recupero el optimismo al percibir no sólo que AMLO perdió la elección sino también que el respaldo político para permitirle llevar al despeñadero al país se empieza a erosionar.”


Como economista profesional estoy consciente que la principal función que la sociedad espera que desempeñemos y para la que no estamos ni remotamente capacitados, es la de hacer pronósticos sobre el comportamiento futuro de las principales variables económicas y financieras.

 

Ello se debe a que el desenvolvimiento de la economía es afectado por muchas y volubles circunstancias que no se pueden incorporar en forma satisfactoria a los modelos predictivos que podemos manejar con efectividad.

 

En adición, el instrumento creado para ayudarnos a vaticinar el futuro, que es la econometría, no va mucho más allá de ofrecer extrapolaciones lineales del comportamiento pasado de las principales variables, por lo que cuando ocurren cambios cualitativos de consideración los pronósticos se van a la basura.

 

Es por ello que me ha fascinado de tiempo atrás la elusiva posibilidad de entender mejor los movimientos tectónicos cuantitativos, que son los que dan al traste con la exactitud de nuestras proyecciones económicas, para lo que es necesario voltear al mundo de la política.

 

Pero hacer pronósticos acertados en asuntos políticos es más complicado aún que en variables económicas y ni siquiera se cuenta con la ayuda de modelos cuantitativos, aunque la Teoría de la Selección Pública (Public Choice) ha hechos heroicos esfuerzos por modelar el comportamiento de votantes, políticos y funcionarios públicos en función de los incentivos que se les presentan.

 

Todo esto viene a cuento porque hace como cinco años me empecé a preocupar en serio del terrible futuro que le aguardaba a México en caso que el demagogo López Obrador, que ya se había apoderado del gobierno capitalino, llegara a la Presidencia, para lo que no veía yo obstáculo alguno en su camino.

 

En aquello momentos se perfilaban como probables candidatos presidenciales frente a AMLO, Roberto Madrazo y Santiago Creel, a ninguno de los cuales les atribuía yo la menor capacidad para derrotarlo, por lo que ubicaba la situación política de México en el 2006 como fue la de Chile en 1970, con una elección dividida en tercios pero con la peor opción ganando los comicios.

 

Cuando llegó al escenario Felipe Calderón en lugar de Creel, surgió también una remota esperanza que fue creciendo y consolidándose gracias al empeño ejemplar de un candidato a quien las estadísticas desfavorables no amilanaron y que nunca dejó de remar contracorriente superando notables escollos.

 

A diferencia de Casandra a quien los dioses del Olimpo dotaron de una perfecta capacidad de predicción pero también maldijeron para que nadie creyera en sus presagios, mis capacidades predictivas no pasaron de ser las de un economista metido a otear el futuro político aunque, al igual que ella, pocos creyeron mis profecías. ¡Celebro haberme equivocado!

 

Por primera vez en el último lustro recupero el optimismo al percibir no sólo que AMLO perdió la elección sino también que el respaldo político para permitirle llevar al despeñadero al país se empieza a erosionar.

 

En mis Aquelarres Económicos del 14 y 15 de junio (El plan B de López Obrador y Pesadilla postelectoral) esbocé mis temores sobre cómo jugaría sus cartas el demagogo incapaz de reconocer la derrota. Tal escenario suponía que el apoyo popular y corporativo de sindicatos disidentes, grupos antisistémicos y fuerzas clientelares que cultivó como alcalde, lo arroparían hasta el final.

 

Mi percepción hoy, antes de las decisiones que tome el Tribunal Electoral, es que un buen número de fuerzas políticas y corrientes de opinión afines a López Obrador toman distancia de la posición inexpugnable de su ex-candidato y adoptan un discurso más moderado y conciliador.

 

Espero no equivocarme en esta impresión como lo hice en mis pronósticos electorales pues lo que sigue estando en juego es el futuro de México, ni más ni menos.


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