Aquelarre Económico
Ago 2, 2006
Manuel Suárez Mier

El camelo del recuento

Dado que no han aportado ninguna prueba para sustentar la premisa en la que basan su exigencia para el recuento de los votos, debemos suponer que no es un ofrecimiento de buena fe, como no lo han sido ninguno de los que han hecho hasta ahora.

Cuando inicialmente la propuso mi amigo José Antonio Crespo, la idea del recuento voto-por-voto no me pareció descabellada, no porque creyera que el demagogo delirante y sus más fanáticos seguidores fueran a aceptar el resultado si les era desfavorable de nuevo, cosa que estoy cierto nunca harían.

 

Más bien me parecía un expediente relativamente económico y efectivo para seguir erosionando gradualmente las bases de apoyo más extendidas de López Obrador, proveniente de los incautos que se tragaron el cuento que el 2 de julio pasado hubo un fraude electoral como los de antaño.

 

Conforme he ido meditando sobre el tema, sin embargo, cada vez me parece peor idea proceder a contar los votos de nuevo, por las siguientes razones.

 

Seguramente hubo errores en la primera contabilidad por el simple hecho que quienes contaron los votos son seres humanos, aleatoriamente seleccionados entre la población de un país en el que hay unas pocas lumbreras pero que tiene un nivel educativo que en promedio es bastante modesto, para ser amables con los adjetivos. También en el recuento se cometerían errores salvo que se reclute una legión de ángeles para hacerlo.

 

Eliminando la idea de un fraude sistemático del que AMLO no ha aportado la menor prueba, los yerros cometidos en el primer arqueo realizado en las casillas de la votación por casi un millón de personas, incluidos los representantes de los partidos políticos, de ninguna manera justifican la anulación de la elección porque los errores se repartieron, al igual que la selección de los ciudadanos que los contó, también de manera aleatoria, por lo que fueron estadísticamente neutrales y no favorecieron sistemáticamente a ninguno de los candidatos.

 

Si López Obrador y sus seguidores fueron capaces de sembrar dudas sobre el proceso electoral completo, a pesar de sus muchos candados y de la total ciudadanización de la organización electoral, ¿qué les impide hacerlo de nuevo en un recuento que por necesidad será complicado y laborioso?

 

Me parece que la idea que andan promoviendo los seguidores de AMLO de que es muy fácil proceder a un nuevo cómputo voto-por-voto en las trescientas cabeceras distritales donde permanecen almacenados la mayor parte de las cajas que contienen las boletas, no pasa de ser una nueva provocación para apoyar en ella renovadas denuncias de fraude.

 

Como cada día que pasa lo deja más claro, el demagogo delirante y sus secuaces no tienen la menor intención de declararse vencidos. Lo han dicho en todos los tonos y han aludido una y otra vez a la “elección de Estado” que ellos inventaron, acusando al gobierno federal sin prueba alguna de haber hecho lo que ellos sí hicieron con los recursos de las arcas capitalinas: utilizar programas asistenciales para comprar votos.

 

De esta forma aún cuando hoy juren y perjuren que respetarían los resultados del recuento, como antes dijo López Obrador que acataría el desenlace electoral “aún si él perdía por un solo voto, porque así es la democracia y yo soy un demócrata” (¡Ja!), el recuento simplemente les daría un nuevo pretexto para demandar la anulación electoral y para maniobrar la imposición de un presidente interino a modo que les permita desmontar las instituciones electorales ciudadanas, como el IFE, como ya anunciaron que desean hacerlo.

 

Al final de cuentas y dado que no han aportado ninguna prueba para sustentar la premisa en la que basan su exigencia para el recuento de los votos, debemos suponer que no es un ofrecimiento de buena fe, como no lo han sido ninguno de los que han hecho hasta ahora, sino una nueva treta para echarle más leña a la hoguera de las dudas sobre la transparencia de la elección.



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Rafael Ramírez de Alba
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