Sólo para sus ojos
Ago 21, 2006
Juan Pablo Roiz

Ir al desfile y vitorear al ejército

En unos días más estaremos aplaudiendo el paso del ejército en el desfile que conmemorará, por partida doble, nuestra independencia. Y dejemos a los muertos que entierren a sus muertos, con videos que cada día los incriminan más y los retratan de cuerpo entero.

El sábado 16 de septiembre espero estar, como miles de mexicanos, aplaudiendo el paso del ejército mexicano por el Paseo de la Reforma hacia la Plaza de la Constitución (por la liberal Constitución de Cádiz de 1812) o “Zócalo” de la Ciudad de México. El festejo tendrá un sabor especial porque, confío, estaremos aplaudiendo a un ejército que sin armas y con su sola autoridad moral habrá despejado días antes todo el centro de la capital de México, expulsando a las hordas rufianescas que lo tenían secuestrado.

 

La institución más confiable para los mexicanos es el ejército. Tendrá mucho de justicia poética que ese ejército de paz, que nunca falla cuando los desastres naturales agobian a los mexicanos, sea vitoreado ese día con doble entusiasmo porque recuperó para todos los mexicanos el principal espacio público, simbólico, cargado de historia, de la patria.

 

Sólo en una ocasión en la vida independiente del país, en el siglo XIX, invadido México por los ejércitos de Estados Unidos, dejó de celebrarse ese desfile militar que conmemora nuestra independencia como nación y nuestra libertad, la de cada uno, como personas. Esa doble soberanía, la de la patria, y la de cada cual, soberano y responsable de sus actos y dichos, de sus hechos y omisiones, dueño cada uno de sus esperanzas y de sus desalientos, de sus emociones y de sus juicios, sé que será triunfalmente restablecida en breve, frente a los lobos con piel de oveja que han tratado de desunirnos, primero, para someternos después y arrebatarnos las libertades más elementales, pero también las más importantes.

 

Mientras eso sucede –y más le vale al Presidente Vicente Fox que así sea- presenciamos las patadas de ahogado, cada día más incoherentes y radicales –por la desesperación- de los fanáticos seguidores y cómplices del agitador social irresponsable que dice llamarse Andrés Manuel López Obrador.

 

La más reciente ocurrencia –escribo esto el viernes 18 de agosto- de estos atribulados enfrascados en la desesperada lucha por el hueso perdido, ha sido difundir unas confesiones del extorsionador Carlos Ahumada– extraídas con los siempre eficaces métodos de la policía castrista –en las que este “progresista” negociante, vinculado al PRD, revela que sus famosos videos fueron conocidos de antemano por Diego Fernández de Cevallos (cosa que ya sabíamos, porque el propio Fernández así lo reveló hace meses), Santiago Creel, Rafael Macedo de la Concha y Carlos Salinas de Gortari. Esto, a juicio de los vasallos de López Obrador y de sus voceros oficiosos (Aristegui, Rocha, Granados Chapa, Arreola, Trujillo y varios más del elenco), comprueba fehacientemente que hubo un “complot” para perjudicar a López Obrador.

 

Esta, la del complot, es una interpretación ramplona e interesada de los hechos. Si por complot se refieren a que los adversarios políticos de López y de sus huestes tratarían de utilizar esas pruebas contundentes de corrupción de René Bejarano, Carlos Imaz, Gustavo Ponce y otros lindos ejemplares de la pandilla del tabasqueño, están diciendo una obviedad. Los políticos siempre, a menos que sean retrasados mentales sin remedio, aprovecharán los pecados de sus adversarios, más aún si los pecados son comprobados y patentes, para hacerles mella ante la opinión pública. Así pues, no han descubierto el hilo negro. ¿Qué esperaban?, ¿que esos rivales de López a quienes Ahumada habría mostrado los videos, que probaban la corrupción rampante en el círculo cercano a López, se abstuvieran de usarlos?

 

Lo que en realidad comprueba esta “revelación” sin mucha sustancia noticiosa es lo siguiente:

 

1.      Los videos son auténticos y los actos de corrupción ahí revelados no fueron inventados, sino registrados puntualmente por las cámaras y los micrófonos. Hoy el PRD al difundir esta “revelación” les da un certificado pleno de autenticidad: Fueron ovejas de su redil, destacadas ayer e incluso hoy (cuando la consigna es “desmadrar” –sacar de madre- al país, socavando sus instituciones) actúan como personeros de López, gatos para sacar las castañas del fuego.

 

2.      El gobierno del dictador Fidel Castro se ha entrometido, otra vez, en la vida política de México ayudando a sus compadres del PRD.

 

3.      Los involucrados en el dichoso complot contra López fueron extraordinariamente torpes, especialmente Creel –un  pésimo Secretario de Gobernación- y Macedo de la Concha –un procurador que terminaría siendo virtualmente cesado por incompetente. No sólo fueron torpes, sino que NO procedieron como les correspondía: Denunciando ellos los hechos flagrantes de corrupción de los compadres y colaboradores de López, ajustándose a la ley y advirtiéndole al negociante y extorsionador Ahumada que el gobierno de la República no debe hacer tratos con delincuentes “arrepentidos” ofreciéndoles impunidad. Creel y Macedo quisieron jugar al ajedrez cuando ni siquiera son competentes jugando volados con el merenguero. Lo que consiguieron, entonces, fue debilitar más el Estado de Derecho y darle una coartada propagandística al mentado López, quien sospechoso de encubrimiento (o hasta de jefe de la banda delictiva) pasó a ser, gracias a sus afanes vocingleros, víctima inocente de una “siniestra conspiración”.

 

4.      López nunca ha dado, hasta el día de hoy, una explicación verosímil y honesta de su participación en esos actos de corrupción registrados en video. No es aceptable su vaga excusa de que no sabía lo que hacían sus subordinados directos o su operador político de cabecera (Bejarano) y mucho menos es aceptable su pertinaz encubrimiento de los delincuentes. Recuérdese, si no, el puente de plata que le tendió a Ponce para que huyese y su criminal irresponsabilidad al dar a conocer la información confidencial de los delitos de los que podría acusarse al propio Ponce (poniendo de esa forma sobre aviso a su fiel subordinado, y ex compañero de años atrás en las infanterías de la burocracia, para que no hablara de más y preparara su defensa).

 

Esa es la nota detrás de las “nuevas revelaciones” –que fueron un  fiasco- que los voceros oficiosos de López debieron haber dado; claro, en el supuesto generoso de que aún tuviesen algo de periodistas y no de dóciles empleados de un futuro ministerio de la Propaganda del Mesías tropical.

 

Mientras tanto, pues, López y su pandilla dan patadas de ahogado.

 

En unos días más, el sábado 16 de septiembre, estaremos aplaudiendo el paso del ejército en el desfile que conmemorará, por partida doble, nuestra independencia. Y dejemos a los muertos que entierren a sus muertos…, con videos que cada día los incriminan más y los retratan de cuerpo entero (cuerpos hundidos en el fango hasta el cuello o más allá).



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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