MIÉRCOLES, 30 DE AGOSTO DE 2006
Libre comercio y crecimiento

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“De lo que se trata es de probar qué es mejor para los pobres, si sustentar políticas públicas que incluyan la libertad comercial, aunque ciertamente no se limiten a ella, o si el retorno al pasado proteccionista representa el mejor camino para abatir la pobreza.”


Hay un intenso debate que va más allá de las fronteras de nuestro país pero que tuvo un papel central en la reciente campaña presidencial, respecto al efecto sobre los pobres de las actuales políticas que promueven una mayor inserción económica de México en un mundo cada vez más interdependiente.

 

Predeciblemente, el autopostulado “candidato de los pobres” y sus seguidores tomaron una posición contra el libre comercio y ofrecieron impedir que México cumpliera con sus acuerdos internacionales y bloquear la apertura de la frontera en el 2008 al libre flujo de maíz, frijol y azúcar con Estados Unidos y Canadá como parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

 

El asesor económico de AMLO, Rogelio Ramírez de la O, acaba de recordarnos en artículo reciente las pedestres razones en las que sustentan su propuesta de regresar al pasado proteccionista pues “países como Estados Unidos subsidian y protegen con tarifas a sus productores agrícolas sin que nadie los acuse de vivir en el pasado.”

 

Tal afirmación es falsa en dos niveles. Quienes creemos en las virtudes del libre comercio hemos denunciado en todos los foros a nuestro alcance las políticas proteccionistas de los países desarrollados y muy particularmente las que apoyan a los sectores agropecuarios en Estados Unidos y la Unión Europea.

 

Pero también le recuerdo a Rogelio lo que escribió su ilustre maestra de la Universidad de Cambridge, Joan Robinson, a quien nadie ha tachado jamás de ser una economista ‘neoliberal’: “Si otros países tiran rocas para bloquear sus puertos, ello no debe inducirnos a nosotros a hacer lo mismo.”

 

En la prensa propensa a repartir etiquetas y no a analizar argumentos –que hoy tristemente incluye al Financial Times- se caracterizó a Felipe Calderón indistintamente como “proclive al libre comercio” y “defensor de la clase empresarial,” viñetas que casi siempre entrañan contradicciones pues hay muchos empresarios proteccionistas. Mientras tanto, a AMLO lo consagraron como el “guardián de los pobres.”

 

De lo que se trata aquí es de probar qué es mejor para los pobres, si sustentar políticas públicas que incluyan la libertad comercial, aunque ciertamente no se limiten a ella, o si el retorno al pasado proteccionista representa el mejor camino para abatir la pobreza.

 

Al respecto es necesario observar la evidencia empírica con detenimiento. Como lo afirma el gran economista hindú de la Universidad de Columbia, Jagdish Bhagwati, “la evidencia reciente contra las estrategias comerciales autárquicas y el modelo de sustitución de importaciones, es realmente avasalladora… por las siguientes razones:”

 

·         Los países con economía abierta obtienen más ventajas de su comercio y sus habitantes se benefician de mejores productos a menores precios.

 

·         Existen economías de escala en la producción que pueden ser explotadas pues el comercio amplía el tamaño de los mercados.

 

·         Hay claras ganancias de bienestar para los países derivadas de una mayor competencia pues las restricciones al comercio con frecuencia resultan en monopolios domésticos.

 

·         Para mantener una economía abierta los países deben buscar la solidez macroeconómica, sobre todo baja inflación y estabilidad cambiaria.

 

·         La inversión extranjera es menor y menos eficiente en economías cerradas.

 

Bhagwati analiza los casos de China e India cuando permanecieron cerrados al comercio internacional y contrasta su desempeño con los Tigres Asiáticos (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Tailandia) en la misma época, y con el que han tenido las propias China e India desde su apertura hace dos décadas.

 

Concluye que la correlación entre apertura comercial y mayor crecimiento económico es indudable y procede a discutir la evidencia que, a su vez, afirma que un crecimiento económico más acelerado permite una igualmente más rápida disminución de la pobreza, argumento que discutiré mañana.


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