Sólo para sus ojos
Sep 4, 2006
Juan Pablo Roiz

¿Vivimos mejor hoy que hace seis años?

Empecemos por lo concreto, no por las abstracciones macroeconómicas, para responder a la pregunta de si vamos bien, como país, o mandamos todo al diablo y nos dedicamos al estúpido entretenimiento de inventar repúblicas de opereta, golpes de Estado de vodevil y desvelarnos preguntándonos cuál será la próxima ocurrencia del demente y su banda de perdedores inadaptados.

Para variar, ¿por qué no nos ocupamos de lo verdaderamente importante? No es buena idea que un obseso del poder y su camarilla de atribulados nos fijen la agenda. Francamente, qué bueno que el episodio del primero de septiembre fuese procesado sin mayores sobresaltos, pero ¡qué malo que sea eso, defendernos de las pataletas y berrinches de unos desquiciados, lo que nos ocupe y preocupe!

 

Las preguntas importantes son: ¿Los mexicanos, en promedio, vivimos mejor hoy que hace seis años?, ¿la política económica va por el camino correcto para generar mayor riqueza para todos y, de esa forma, disminuir y aliviar la pobreza que todavía nos agobia como país?, ¿qué falta por hacer?, ¿qué se ha hecho mal, qué se ha hecho bien y qué hay que cambiar?

 

La vida es muy corta para desperdiciarla discutiendo estupideces con los necios (ver los dardos de Clotilde en esta página) cuando los problemas reales son tantos y tan urgentes.

 

Algunos opinantes “todólogos” creen haber encontrado una fórmula adecuada para describir la actual situación económica de México, diciendo que si bien las cifras macroeconómicas están muy bien, la gente no siente mejoría en su vida diaria. Lo que revela esa fórmula retórica, hecha para salir del paso y posar de enterado, es una gran ignorancia no sólo de cómo funciona la economía, sino de lo que de veras pasa en la vida cotidiana de la gente común y corriente, como usted, lector, o como yo.

 

Muy bien, empecemos por lo concreto, no por las abstracciones macroeconómicas, para responder a la pregunta de si vamos bien, como país, o mandamos todo al diablo y nos dedicamos al estúpido entretenimiento de inventar repúblicas de opereta, golpes de Estado de vodevil y desvelarnos preguntándonos cuál será la próxima ocurrencia del demente y su banda de perdedores inadaptados.

 

En el año 2000, 84 por ciento de las viviendas mexicanas, es decir 18.7 millones de hogares, contaban con gas para calentar o cocinar alimentos. Cinco años después, 2005, ya contaban con ese servicio 90.3 por ciento de las viviendas mexicanas (22.4 millones de hogares; un avance de tres millones 690 mil viviendas en cinco años).

 

En el año 2000, un total de 21.2 millones de hogares mexicanos contaban con acceso a la energía eléctrica (95 por ciento del total), cinco años después (2005) el número había aumentado a 24 millones de hogares con energía eléctrica (el 96.6 por ciento de las viviendas mexicanas).

 

También en el año 2000, reportó el censo de población y vivienda de ese año, sólo 57.8 por ciento de las viviendas mexicanas contaban con acceso a la red pública de agua dentro de la vivienda, es decir alrededor de 12.9 millones de hogares. ¿Cinco años después qué nos reporta el conteo nacional de población y vivienda? Pues que ya contaban con ese indispensable servicio 67.4 por ciento de los hogares mexicanos, lo que equivale a 16.7 millones de viviendas.

 

Condición indispensable para una vida más o menos sana es contar con drenaje o desagüe en la vivienda. ¿Cuánto avanzamos o retrocedimos en estos cinco años? En 2000, 78.1 por ciento de los hogares mexicanos contaba con ese satisfactor elemental de bienestar, esto es: 17.4 millones de viviendas. Para el año 2005, los hogares con ese servicio ya eran 21.5 millones (es decir, el 86.7 por ciento de los hogares mexicanos).

 

Los privilegiados, como usted o como yo, vemos con toda naturalidad contar con servicio sanitario exclusivo dentro de la vivienda (se nos haría insufrible, sumamente penoso, carecer de WC en la casa), pero –esa es la pobreza pura y dura- considere que en el año 2000 sólo 85.9 por ciento de los hogares mexicanos contaban con ese servicio, esto es: 19.1 millones de viviendas. ¿Cómo era la situación cinco años después, en 2005? Bien, para el año pasado ya contaban con ese servicio 23 millones de viviendas, es decir: el 92.7 por ciento de los hogares mexicanos.

 

Para terminar con los indicadores conocidos como “equipamiento de la vivienda” consideremos el caso de las líneas telefónicas en las viviendas mexicanas. En el año 2000, sólo 39.1 por ciento de las viviendas mexicanas contaban con conexión a la red telefónica en servicio, lo que significa 8.7 millones de casas con teléfono funcionando. Cinco años después (2005) el 45.7 por ciento de las viviendas mexicanas ya contaban con servicio telefónico, lo que es 11.3 millones de casas con teléfono funcionando.

 

Pasemos ahora a los indicadores conocidos como “equipamiento de los hogares”, es decir aquellos satisfactores que sin formar parte propiamente de la vivienda física están íntimamente vinculados a la vida en el hogar. Empecemos por los hogares que en 2000 contaban con al menos un vehículo que eran en ese entonces 7.4 millones de los hogares mexicanos, es decir: el 33.2 por ciento de los hogares. Cinco años después, cuentan con al menos un vehículo 9.9 millones de hogares, lo que equivale a 40 por ciento de los hogares mexicanos. Un avance, en número de vehículos, de más de dos millones y medio de unidades en cinco años.

 

Otro indicador, contar en el hogar con horno de microondas. Para el año 2000, sólo 4.6 millones de hogares mexicanos contaban con ese adminículo (lo que es 20.7 del total de los hogares mexicanos). Cinco años después, en 2005, ya eran 9.2 millones de hogares los que contaban con horno de microondas; lo que es 36.9 por ciento de los hogares mexicanos. (Nota interesante: Gran parte de este avance, el más fuerte en términos porcentuales de los que estamos comentando, obedece a que ese satisfactor de bienestar ha bajado brutalmente de precio; la apertura comercial, el libre comercio, ha puesto a disposición de los mexicanos muchos más modelos, variedades, precios y calidades de hornos de microondas. ¿A quién dar las gracias? Al libre comercio que nos permite aprovechar los beneficios de una mayor productividad. Conceptos ausentes –libre comercio y productividad- en las peroratas de la “Coalición por el bien de todos… ellos”. ¿Primero, los pobres?).

 

La licuadora en el hogar. En el año 2000 eran 18 millones de hogares los que contaban con dicho aparato, es decir: el 81 por ciento de los hogares mexicanos. Para el año 2005, ya eran 21.2 millones los hogares con licuadora, lo que equivale al 85.5 por ciento de los hogares mexicanos. Obviedad: Ser pobre es sólo poder hacer las salsas en un molcajete.

 

Todo mundo recuerda el desafortunado comentario del Presidente Vicente Fox acerca de “las lavadoras de dos patas”. Quienes posan de feministas y de políticamente correctos pusieron el grito en el cielo. Muy bien, pero nadie reparó en lo importante: En el año 2000 sólo 11.6 millones de hogares mexicanos contaban con lavadora, es decir: únicamente en 52 por ciento de los hogares mexicanos, las amas de casa NO tenían que tallar a mano en el lavadero de la azotea o en las piedras del río más cercano la ropa. Cinco años después, ya eran 62.7 por ciento de los hogares mexicanos los que contaban con ese satisfactor del bienestar (elemental para dignificar en los hechos, no en los discursos, la vida de millones de mujeres… y hombres), lo que equivale a 15.6 millones de hogares. (Pregunta impertinente: ¿Quién y con qué instrumentos le lava sus “choninos” al iluminado de Macuspana?).

 

Sale muy caro ser pobre. Pregúntense cuánto gasta de más, por no poder conservar los alimentos en condiciones saludables para el consumo humano, quien carece de refrigerador en el hogar. Pregúntense cuántas enfermedades gastrointestinales –en ocasiones, de consecuencias fatales- causan todavía en muchos lugares de México los alimentos echados a perder. En el año 2000, eran 15.3 millones los hogares mexicanos con refrigerador para los alimentos, es decir: tan sólo el 68.5 por ciento de los hogares. Cinco años después ya eran 19.6 millones los hogares mexicanos con refrigerador, esto es: el 79 por ciento.

 

En el año 2000, eran 19.1 millones los hogares mexicanos con televisión (de color o blanco y negro), lo que significaba entonces el 85.9 por ciento de los hogares (ojo: muchos más televisores que refrigeradores, saquen sus conclusiones). Cinco años después, para regocijo de los Azcárraga Jean y de los Salinas Pliego (y amigos que los acompañan), ya eran 22.6 millones los hogares con televisión, es decir: el 91 por ciento de los hogares totales.

 

Y terminemos con un equipo que cada vez más significa bienestar, educación, acceso al mundo, información: La computadora personal. En el año 2000 eran sólo 2.1 millones los hogares mexicanos con computadora, esto es: 9.3 por ciento de todos los hogares mexicanos (drama: ¡menos de un hogar de cada diez!). Cinco años después, ya eran 4.9 millones los hogares mexicanos con computadora y cuando menos ya se había logrado que casi el 20 por ciento (19.6 por ciento, para ser exactos) de los hogares mexicanos contase con una computadora.

 

¿Vamos bien o nos regresamos? Vamos en el camino correcto, pero urge acelerar el paso. El bienestar tiene que ser para hoy, no para pasado mañana. Pero, también muy importante, nótese –por favor- que estos satisfactores de bienestar tangibles, NO le fueron regalados por el gobierno a los hogares y viviendas mexicanas. No  juntaron sus “domingos” Fox o López o el gobernador de Tamaulipas o el Presidente Municipal de Chalchicomula para regalarles una línea telefónica, un horno de microondas, un cochecito, un excusado, a los “pobrecitos pobres”. Son fruto del trabajo, de la productividad, de condiciones estables de la economía, de un sistema financiero que empieza a funcionar con solidez (y que, ojo, atiende cada día más al inmenso mercado de los pobres), del libre comercio.

 

¿No les parece que estos asuntos concretos deberían ser los que tendrían que estar discutiendo con inteligencia nuestros políticos, en lugar de los espectáculos lamentables y bochornosos que nos aventaron a la cara el viernes pasado?

 

¿No les parece estúpido y criminal que una banda de inadaptados sociales, pagados con nuestros impuestos, trata de impedir para todo fin práctico que nos pongamos a trabajar en lo que verdaderamente importa?



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

Los ciudadanos tienen el deber de mantener al gobierno, pero el gobierno no tiene el deber de mantener a los ciudadanos.

Grover Cleveland
Entrar
Encuesta de la semana
México es el 10° país con más habitantes en el mundo, tenemos altos índices de obesidad y de diabetes, así como de hipertensión, ¿cuál sería un resultado que pudiera considerarse un éxito en la estrategia implementada por el gobierno federal contra la pandemia de Covid-19?
Artículos recientes...
Isaac Katz
• 188 años
Arturo Damm
• ¿Cambio de postura?
Arturo Damm
• Gobierno neutral
Isaac Katz
• La otra tragedia