JUEVES, 7 DE SEPTIEMBRE DE 2006
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“De ejecutarse con éxito estas tres acciones, las protestas de López Obrador irán difuminándose con el tiempo y dejarán de ser el grave peligro que hoy representan para volverse una molestia menguante para el gobierno de la República.”


Los siguientes 84 días hasta que el Presidente Electo Felipe Calderón tome posesión del cargo que ganó en las urnas, serán de crucial importancia para sentar las condiciones necesarias para que las nuevas autoridades federales puedan gobernar al país con efectividad.

 

Es esencial que Felipe Calderón proceda con talento y serenidad pero que el Presidente Fox lo haga también. En esta fase de su mandato tendrá que actuar con una discreción que lo eludió buena parte del sexenio y que a juicio de los magistrados electorales pudo haber puesto en entredicho los comicios pasados.

 

Afortunadamente para Felipe Calderón, la situación económica y financiera del país es muy favorable. La economía está creciendo al ritmo más elevado en cinco años, las finanzas públicas se encuentran en situación sólida y hay estabilidad en las variables financieras.

 

Sin sobresaltos en el frente económico, que complicaron todas las transiciones presidenciales desde 1976, Calderón, coordinado con Fox, podrá atender los retos principales que enfrenta: el urgente, desactivar el intento de asonada de López Obrador; y el de fondo, empezar a organizar el próximo gobierno.

 

Nadie debe hacerse ilusiones sobre los designios de AMLO que repitió anteanoche en el Zócalo. Insistirá en denunciar la elección como ilegal, rechazará reconocer la investidura de Calderón y hará todo para impedir que tome posesión y que pueda gobernar.

 

Con AMLO no hay nada que negociar. Su estrategia es la misma de la APPO, acrónimo del redundante apelativo Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca: tomar el poder por la fuerza.

 

Como lo reconoce tajantemente la agrupación Tendencia Marxista Internacional, de sesgo trotskista, “hay un proceso revolucionario ocurriendo en Oaxaca que ha permitido a la APPO tomar el poder. Y si bien es cierto que ese poder debe aún perfeccionarse y extenderse al resto de la entidad, es un hecho que el estado burgués ya no tiene el poder en la ciudad, y que aún en segmentos de la policía, la autoridad de la APPO es muy superior a la de la burguesía.”

 

Es claro, como lo señala el ente citado, que la Asamblea Nacional Democrática convocada por el demagogo, persigue el mismo fin que la APPO que es no solo descalificar a las leyes e instituciones democráticas sino tomar el poder. Para neutralizarlo, hay que actuar en tres frentes:

 

1.      Para cumplir con su cometido López Obrador necesita recursos que hasta ahora le han sido canalizados sin restricciones por el gobierno del D.F. Hay que buscar la manera más efectiva de cortar estos flujos financieros.

 

2.      En su intentona golpista AMLO precisa de apoyo político sólido y creciente, que hay que erosionar lo más pronto posible tendiendo puentes con miembros del PRD preocupados por la supervivencia de su partido. El demagogo se apoderó de ese partido para saciar su mesiánica ambición personal pero sin el menor respeto por sus principios o su futuro.

 

3.      Es evidente que una impostura más de las muchas que caracterizan al movimiento de López Obrador es que se trata de “resistencia pacífica.” No lo ha sido en la forma como secuestró la capital, pero lo será cada vez menos conforme se evaporen los apoyos financiero y político que le dan sustento. Por ello, es indispensable asegurarse que AMLO no tenga acceso a las armas que puedan poner en mayor peligro al país, hay remover el control de la policía capitalina de sus incondicionales. Resolver la situación oaxaqueña y otras similares, que son muy preocupantes, es prioritario.

 

De ejecutarse con éxito estas tres acciones, las protestas de López Obrador irán difuminándose con el tiempo y dejarán de ser el grave peligro que hoy representan para volverse una molestia menguante para el gobierno de la República.


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