LUNES, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Quieren atrapar a Calderón

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“La legitimidad definitiva de cualquier gobierno la otorga el éxito en alcanzar sus metas.”


Quienes perdieron la elección presidencial del 2 de julio e inventaron pruebas del supuesto fraude para anular los comicios; los mismos que hoy aún amagan con un gobierno paralelo para ver si por cansancio consiguen lo que perdieron en las urnas; esos, ahora pretenden cercar al próximo gobierno.

 

Es natural que grupos y personas con intereses políticos y económicos intenten influir en los gobiernos y en la selección de los funcionarios a cargo de las responsabilidades clave para el desempeño de sus actividades y la generación de sus utilidades.

 

Ello pasa en todo tiempo y lugar. Los monopolistas intentan quedar bien con los que llegan al poder para cuidar sus monopolios e impedir que las políticas públicas impongan condiciones competitivas que les serían perjudiciales.

 

Ahora, además de quienes detentan posiciones privilegiadas, se escucha un griterío cada vez más estridente que dice que para poder gobernar y legitimarse Felipe Calderón tiene no sólo que adoptar las propuestas de López Obrador sino que debe integrar su gabinete en forma “plural” para llevarlas a cabo.

 

Como atinadamente escribió Mary O’Grady en el Wall Street Journal del viernes pasado, “el señor Calderón confronta ahora el clamor por más socialismo que viene de las elites, con objeto de neutralizar al radicalizado señor López Obrador que se niega a aceptar su derrota.”

 

Sin embargo, nada sería peor que el próximo Presidente de México se perdiera en la adopción de políticas e instrumentos que quizá suenen bien como canto demagógico pero que carecen de toda efectividad para llevar a cabo un buen gobierno, que es lo que se necesita para superar los problemas nacionales.

 

También sería fatal que se integrara un gabinete plagado de personajes con ideas y agendas contradictorias, lo que invariablemente conduce a pleitos y forcejeos que neutralizan la efectividad de una administración pública hasta hundirla en la parálisis.

 

Es útil recordar el pensamiento hegeliano de José López Portillo, cuando decía que no temía las contradicciones que generaban en su gabinete personajes tan contrapuestos como Carlos Tello (inspirador de la expropiación de la banca) y Ricardo García Sáenz (quien quebró el IMSS) con Miguel de la Madrid, “por que él haría la necesaria síntesis.”

 

Lo único que consiguió López Portillo fue tener una administración pública zigzagueante e incoherente pues el Presidente a veces le hacía caso a algunos de sus funcionarios y a veces a otros que proponían lo opuesto. El desastre de 1982 al que condujo tal confusión, es bien conocido.

 

Felipe Calderón ha tenido el talento de elegir bien las prioridades que se propone poner al centro de su gobierno: empleo, combate a la pobreza y seguridad pública. A mi juicio, se trata de los objetivos correctos que son, por añadidura, perfectamente complementarios

 

Ahora el Presidente Electo y sus colaboradores están en la etapa de definir la organización de su gobierno para una mejor ejecución de las políticas públicas que permitan alcanzar sus propósitos, pero será de la mayor importancia que se seleccione un gabinete de primer nivel intelectual y que trabaje en equipo.

 

Es crucial que todos los funcionarios de la nueva administración lean la misma partitura y la interpreten de igual manera porque esa es la única forma en la que un gobierno puede lograr que todas sus acciones se concentren, con efectividad y armonía, en conseguir metas claras y bien definidas.

 

Ello requiere rechazar frontalmente los intentos por imponerle al próximo Presidente prioridades erróneas y políticas públicas fallidas nada más porque el demagogo las grita muy fuerte, y un equipo de trabajo “plural” que sólo serviría para sabotear el funcionamiento de un Poder Ejecutivo coherente y eficaz.

 

La legitimidad definitiva de cualquier gobierno la otorga el éxito en alcanzar sus metas.


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