JUEVES, 14 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Competitividad, salarios y paridad

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“La única forma en la que puede haber aumentos salariales por encima de la inflación que resulten duraderos y crecientes, es cuando se incrementa la productividad de la mano de obra de manera continua y sistemática.”


Hay una escuela de pensamiento que podríamos llamar “voluntarista” que cree que la realidad que impone el mercado laboral se puede manipular con impunidad mediante la intervención del gobierno para fijar artificialmente salarios y ordenar el pago de prestaciones y otros beneficios.

 

Lamentablemente ese no es el caso. Como discutí en textos anteriores mientras más se le carga la mano a los salarios con el financiamiento de prestaciones e impuestos, menos incentivos habrá para contratar trabajadores, lógica también válida para la fijación de salarios por encima de su “nivel de equilibrio.”

 

Pero ¿cómo se determina el famoso “nivel de equilibrio” de los salarios? Resulta de la interacción de la oferta y la demanda por los servicios de los trabajadores en un mercado homogéneo por categorías de especialización y nivel educativo, que opere razonablemente bien.

 

Como todo mercado, las condiciones del laboral son de suyo dinámicas por lo que los salarios se ajustan, usualmente hacia arriba, por aumentos en la productividad de la mano de obra y el alza generalizada de precios (inflación), pero también pueden descender cuando la productividad del trabajo cae o hay una caída extendida en los precios (deflación).

 

En una economía abierta al resto del mundo como la nuestra, disminuye aún más la posibilidad de manipular salarios aisladamente de lo que ocurre con la productividad pues la posibilidad de contender en el ámbito internacional radica en tener precios atractivos lo que, a su vez, exige salarios competitivos.

 

Aquí surge una nueva complicación pues la relación comercial externa también depende del tipo de cambio de nuestra moneda frente a las del resto del mundo, lo que ha llevado a algunos a pedir que se deprecie la moneda para poder aumentar los salarios sin perder competitividad internacional.

 

¿Es viable elevar la competitividad del trabajo con la devaluación del peso? Hoy nos encontramos en un régimen de libre flotación de la moneda lo que no deja espacio para la manipulación de la paridad, a pesar de lo que piensan algunos, pero veamos la experiencia de cuando teníamos tipo de cambio fijo   

 

En el lapso 1954-76 sólo en dos períodos crecieron los salarios por encima de la suma del aumento en la productividad laboral y la inflación futura:

 

·         En 1955-56 a resultas del impacto inflacionario de la devaluación de 1954 conforme los precios y salarios recuperaban su nivel de equilibrio. Una vez que lo alcanzaron, los salarios crecieron por encima de la inflación esperada sólo en la medida que aumentó la productividad de los trabajadores.

 

·         En 1973-76 cuando las políticas populistas de Luis Echeverría pretendieron corregir por decreto la distribución de la riqueza y se ordenaron aumentos salariales muy por encima del incremento en la productividad y de la inflación esperada. El resultado fue la debacle de 1976.

 

La lección que se extrae de estos pasajes de nuestra historia es que la única forma en la que puede haber aumentos salariales por encima de la inflación que resulten duraderos y crecientes, es cuando se incrementa la productividad de la mano de obra de manera continua y sistemática.

 

Por desgracia, ese no es el caso hoy. En los últimos años el crecimiento en la productividad de la mano de obra ha venido cayendo hasta volverse nulo o inclusive negativo. Ello se debe, sobre todo, al abandono desde 1997 de las reformas esenciales para elevar nuestra competitividad.

 

Empero, los salarios han crecido en los últimos años por encima de la inflación y el tipo de cambio, a pesar de estar en un régimen de flotación, se ha mantenido fuerte. Así, no es sorprendente el poco dinamismo en la creación de empleo y de las exportaciones no petroleras frente a competidores como China.


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