DOMINGO, 23 DE OCTUBRE DE 2005
Los Requerimientos Financieros del Sector Público

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“La mejor estrategia para sanear las finanzas públicas y generar efectos positivos en el bienestar social es registrar cada año superávit fiscales en el balance tradicional.”


Tal como comentamos hace unas semanas en este espacio, han comenzado los debates en torno al presupuesto que regirá para el próximo año. La Secretaria de Hacienda ya envió su propuesta de presupuesto, así como su lista de prioridades, entre las que sobresale la de tener en el 2006 un superávit fiscal. Por lo pronto, en el poder legislativo ya se han pronunciado contra dicha medida. Argumentan que, de hecho, las cuentas fiscales no están equilibradas, pues si se toma en cuenta a los Requerimiento Financieros del Sector Público, en realidad México arrastra cuentas deficitarias, y, por tanto, para qué pretender tener saldos superavitarios cuando en realidad no los hay. Sin querer, los legisladores le han dado la razón a Hacienda.

 

Como siempre que surgen estas discusiones, la ignorancia sale a flor de piel. Vayamos por partes. Los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) miden las necesidades de financiamiento que necesitan cada año entidades tanto del sector público como del sector privado. Estos requerimientos engloban a los distintos proyectos energéticos que tienen paraestatales como PEMEX Y CFE, a los que se les denomina PIDIREGAS. Asimismo, están incluido los requerimientos financieros del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), los requerimientos financieros del Fideicomiso de Apoyo para el Rescate de Autopistas Concesionadas (FARAC), los requerimientos financieros de la banca de desarrollo, así como diversos programas de apoyo a deudores de la banca.

 

Cuando se hace el balance fiscal tradicional (balance de ingresos y egresos), no se toma en cuenta a los RFSP. De ahí que usualmente las cuentas fiscales salgan con cifras más equilibradas. Sin embargo, esto es tapar el sol con un dedo. La realidad es que si metiéramos en el balance a los RFSP, nuestras finanzas públicas saldrían con cifras rojas más dramáticas (promediando, junto al balance tradicional un 3 ó 4% de déficit respecto al PIB). En años recientes, por fortuna, la presión de los RFSP ha bajado de manera considerable, de tal modo que en el presente año se estima que el déficit cerrará en 1.5 ó 1.7% respecto del PIB. La causa de esto es que la Secretaría de Hacienda ha hecho bien su chamba en esta materia y ha inducido a liquidar y achicar distintos adeudos del sector público. Claro, este margen de maniobra en buena medida lo han permitido los crecientes ingresos petroleros, que le han dado recursos no esperados al gobierno. Sin embargo, no deja de ser encomiable la labor de Hacienda, pues por lo menos ahí parece que sí se aprendió la lección de nuestras crisis financieras recientes.

 

De hecho, en buena medida, las crisis de 1982 y 1988 fueron desatadas por la presión de los RFSP. Imagínese, amigo lector, en esos años el déficit promedio de los RFSP era de entre el 15 y el 16% del PIB, una cifra que hoy da escalofríos. Hay que ser claros, las deudas contraídas por los RFSP resumen errores que en política económica ha cometido el gobierno mexicano. Ya en otro artículo abordaremos con detalle estas pifias gubernamentales. Por lo pronto, hay que entender que la mejor manera de manejar los adeudos de los RFSP es con una política fiscal responsable, que haga frente a los compromisos y que procure, sobre todo en el largo plazo, finiquitar deuda que pesa sobre la espalda de cada uno de los mexicanos.

 

Por desgracia, dado el origen de los RFSP, a los partidos de oposición les ha resultado más rentable políticamente el boquear los intentos del gobierno por disminuir aún más la presión de los RFSP. Lo que no toman en cuenta estos políticos es que ha sido el manejo prudente de las finanzas públicas lo que ha permitido manejar eficientemente la deuda de los RFSP. Esto ha repercutido en que México siga manteniendo el grado de inversión que diversas calificadoras internacionales le han dado. El contar con éste grado ha permitido a los sectores público y privado el obtener créditos a tasas de interés más favorables. Grado de inversión significa menor riego-país lo que se traduce en mayor afluencia de capitales, con lo que cada uno de los mexicanos también se ve favorecido por la disposición de créditos y financiamiento a más bajo costo, así como con un mayor poder adquisitivo resultado de la revaluación del peso.

 

Así las cosas, la mejor estrategia es la de registrar cada año superávit fiscales en el balance tradicional, para que las finanzas públicas verdaderamente estén saneadas y ello repercuta en la salud financiera de cada mexicano. Hoy día las cuentas fiscales están en rojo, así que el superávit propuesto por el gobierno en realidad sólo significa una reducción paulatina de nuestros verdaderos déficit.

 

El argumento de que somos un país con necesidades sociales importantes y que por tanto el tener superávit fiscal “ofende” a los pobres, es ridículo. La realidad es que somos un mercado emergente con un historial financiero negro. Por tal motivo, las agencias e inversionistas internacionales están muy atentos para ver con qué responsabilidad hacemos frente a nuestras deudas. Cualquier indisciplina fiscal sería sancionada en los mercados internacionales. El insistir en que el balance tradicional sea deficitario significa que los RFSP ejercerán mayor presión en el presupuesto. Esto podría implicar el no poder seguir manteniendo el grado de inversión (como le sucedió recientemente a Uruguay) y por tanto, tendríamos presiones sobre tipo de cambio, inflación y tasas de interés.

 

Ojalá los legisladores no jueguen con fuego. Lo que mas le conviene a los pobres es que las cuentas del gobierno estén ordenadas. México no puede darse el lujo de tener cuentas deficitarias al estilo de los países europeos, pues ante todo es un mercado emergente (y por tanto es  vigilado y monitoreado constantemente desde el exterior) con instituciones más débiles, que sólo recientemente ha comenzado a cambiar positivamente la percepción de los mercados internacionales en torno a nuestro pasado negro crediticio. Ojalá le salga la conciencia financiera a nuestros desmemoriados legisladores.


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