VIERNES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Presidente cobarde

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Edgar Piña







“En última instancia pierde nuestro país, pierde la escurridiza patria que ahora festejamos; perdemos todos porque el atraso se perpetúa, porque el siglo XXI avanza mientras que los mexicanos nos dividimos, nos insultamos, nos encabritamos, al tiempo que el mundo sigue girando y progresando.”


El señor del vozarrón, las manos grandes, los labios resecos y el discurso hueco, ha venido a demostrarnos a los mexicanos que su único plan es que no tiene plan y que, en el mejor de los casos, su intención es salir lo menos lastimado posible, con los largos bolsillos repletos de prosperidad, hacia su ranchito San Cristóbal.

 

La burda táctica de disimular su falta de inteligencia política utilizando a su frustrado heredero al trono presidencial, al ahora senador Creel, para conseguir una recomendación del senado de que mejor huya como cobarde hacia su estado natal y les deje la Plaza de la Constitución al demente chillón y al repleto seudo regente del Distrito Federal, para que despotriquen a sus anchas en los días patrios, no pasa una prueba de kinder.

 

Resulta muy curioso que se nos quiera vender la falta de hombría y de oficio político de Vicente Fox, como un acto de prudencia y tolerancia, cuando lo que en realidad está haciendo es ceder el corazón mismo de la República a una pandilla de asaltantes que a falta de pruebas de que hubo un fraude exhiben en abundancia su exceso de cinismo, bravuconería y sinrazón.

 

Es inexplicable que uno de los ejércitos más grandes y mejor pertrechados de Latinoamérica y el mundo como lo es el mexicano, que todas las policías federales y estatales y todos los cuerpos de espionaje y seguridad que se han venido sobrealimentando en las últimas décadas, sean nada ante una horda de ensoberbecidos delincuentes que tienen agarrado al gobierno federal de una parte que le duele mucho.

 

Sin embargo, sí resulta nítidamente claro que la sugerencia del Senado en esta ocasión sí fue aprobada por unanimidad por todos los partidos –podridos diría mi tía Toña. A los panistas les convino porque pueden permanecer en sus posiciones sin riesgos ni sobresaltos; a los priistas porque ya sabemos que no pierden las esperanzas de recuperar lo que alguna vez fueron -los amos y señores del escenario-; a los partiditos porque se siente bien chido cobrar buenos sueldos y prerrogativas y a los perredistas porque es un claro triunfo sobre la “derecha explotadora de los pobres”.

 

Al final, los que perdemos somos los mexicanos que aspiramos a trabajar en paz en un país en el que se respeten las leyes y se generen oportunidades para los jóvenes y viejos que ya estamos aquí, y para las generaciones que ya vienen por millones pisándonos los talones en los estrechos callejones del desarrollo a la mexicana.

 

En última instancia pierde nuestro país, pierde la escurridiza patria que ahora festejamos; perdemos todos porque el atraso se perpetúa, porque el siglo XXI avanza mientras que los mexicanos nos dividimos, nos insultamos, nos encabritamos, al tiempo que el mundo sigue girando y progresando.

En la hora actual es una verdadera vergüenza que los intragables perredistas se estén saliendo con la suya: inmovilizar al presidente. Es, en la misma forma, absolutamente preocupante que su siguiente objetivo sea atrapar a Felipe Calderón y con ello a todos los mexicanos.

 

Bueno no a todos, corrijo: a casi todos, y en el casi van los monopolios y duopolios que son los que se llevan la tajada grande del pastel. Usted amable lector, ya sabe a que me refiero: los monopolios privados de las comunicaciones –Telmex, Televisa, TV Azteca; los monopolios estatales de los energéticos –PEMEX, CFE, Luz y Fuerza del Centro; los monopolios de la salud y la seguridad social –IMSS, ISSSTE; y muchos otros que son los causantes del atraso y la corrupción que usurpan impunemente los espacios del desarrollo, la equidad y la prosperidad.

 

Puesto en las botas de Vicente, en las chanclas de El Peje, o en las enormes pantuflas de Encinas, a un servidor le resultó verdaderamente imposible gritar ¡Viva México! este 15 de septiembre.


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