LUNES, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2006
“Dios es razonable, pero no lo digas”

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El punto sobre la i
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“Por lo visto está mal que un Papa hable de Dios, mejor debería hablar –según algunos- del calentamiento global o de la distribución de la riqueza. En todo caso, si quiere hablar de Dios que se limite –dicen- a las efusiones sentimentales y no ande recurriendo a la reflexión intelectual.”


Impecable. Así fue la lección dictada por el Papa Benedicto XVI en el aula magna de la Universidad de Ratisbona. Habló como un intelectual a sus colegas –que ése era el caso- y habló de lo que sabe muy bien: Teología e historia; de Dios, del hombre y de la razón. Como escribió ayer Jon Juaristi en el periódico español ABC: No sabemos aún si la Iglesia Católica ha ganado un gran pontífice, pero no cabe duda que la Universidad perdió a un magnífico profesor. (Juaristi, tan entusiasmado con las palabras de Benedicto XVI, es judío; para ver su artículo consultar mi weblog en la red).

 

Algunos se molestaron por lo que dijo el Papa, pero sospecho que no tienen claro qué les ha molestado y por qué lo ha hecho. No saben qué les molesta más: Que el Papa hable de Dios, que el Papa apele a la razón y a la inteligencia o que el Papa haya dicho en pocas palabras que Dios o es razonable o no es en absoluto.

 

Tal vez les molesten las tres cosas. Preferirían un Papa que hablase sólo de la paz del mundo en el mismo tono neutro, sentimental y voluntarioso, que utilizan los políticos políticamente correctos para que nadie se sienta aludido ni comprometido. En todo caso, y siendo generosos, le habrían perdonado al Papa que hablase de entes sobrenaturales, como el demonio, pero en el tono de payaso provocador que usa Hugo Chávez para divertir a la concurrencia diciendo que George W. Bush es un diablo que deja a su paso un aroma sulfuroso (risas condescendientes ante las ocurrencias del bufón). ¡Pero hablar de Dios en serio y decir seriamente que Dios es razonable, que si se desea predicarle hay que apelar a la razón y no a la coacción, al diálogo inteligente y no a las meras efusiones tan sentimentales como irracionales! No, eso no se vale. Es demasiado intelectual, exige hablar al mismo tiempo –para ponerlo en perspectiva histórica- de Atenas y de Jerusalén. De la inteligencia y de la fe en Dios. (Nótese, por cierto, que esto es la antítesis del predicador populista que se persigna teatralmente en la tribuna de las Naciones Unidas, para ahorrase la molestia de razonar).

 

Sospecho que en estos tiempos se detesta más lo que significa Atenas –como búsqueda inteligente y rigurosa de la verdad para después subordinarse a ella- que lo que pueda significar Jerusalén, ya que siempre existe la opción de reducir esto último, la fe, a una cuestión sentimental, como irle a tal o cual escuadra deportiva o no irle a nadie, porque no nos gusta el futbol… y eso no hay que razonarlo, ni fundamentarlo.


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